por Sandro Magister
Siendo un sólido experto en derecho, el papa León ya ha marcado su impronta sanativa con el cambio radical que se ha dado en el Vaticano en el llamado "juicio del siglo", contra el cardenal Giovanni Angelo Becciu y los autores de la desastrosa compra del palacio en el número 60 de Sloane Avenue en Londres.
El 17 de marzo, el tribunal de apelación del Estado de la Ciudad del Vaticano decretó la "nulidad relativa" del juicio de primera instancia y ordenó la "renovación del debate", con la puesta a disposición de los acusados de todos los escritos y documentos. Todo ello en obediencia a los principios cardinales enunciados tres días antes por el Papa al abrir el nuevo año judicial : "la observancia de las garantías procesales, la imparcialidad del juez, la efectividad del derecho de defensa", considerados todos gravemente violados en el primer juicio.
Sin embargo, hay otra vertiente judicial en la que el proceder de León parece hasta ahora más incierto. Y es la de los procesos canónicos por abusos sexuales cometidos por miembros del clero contra menores y adultos "vulnerables".
El 18 de marzo, en la carta escrita a su nombre por el cardenal secretario de Estado, Pietro Parolin, y dirigida a los obispos franceses reunidos en asamblea plenaria en Lourdes, el Papa les pidió que siguieran manifestando tanto "la atención de la Iglesia hacia las víctimas", como "la misericordia de Dios hacia todos", añadiendo inmediatamente después que "los sacerdotes culpables de abusos no sean excluidos de esta misericordia y sean objeto de vuestras reflexiones pastorales".
Le siguió la protesta de los más aguerridos defensores de las víctimas, por esta igualdad de tutela querida por León también para los autores de abusos. Pero hay que decir que ya otras veces, anteriormente, Robert F. Prevost se había expresado en defensa de los derechos de todos, aunque consciente de que "decir esto es, a veces, motivo de mayor sufrimiento para las víctimas".
Lo dijo, antes que nada, en el libro-entrevista a Elise Ann Allen publicado en Perú a finales del verano de 2025 :
"El hecho de que la víctima dé un paso al frente y formule una acusación, y que la acusación sea presumiblemente fundada, no anula la presunción de inocencia. Por lo tanto, también el acusado debe ser protegido, sus derechos deben ser respetados". También porque "las estadísticas muestran que más del 90 por ciento de las personas que dan un paso al frente y presentan acusaciones son víctimas auténticas, dicen la verdad, no inventan nada. Pero también ha habido casos comprobados de algún tipo de falsa acusación. Ha habido sacerdotes cuya vida ha sido destruida a causa de ello".
Siempre en ese libro-entrevista, León dijo también que, aunque la cuestión de los abusos es de fundamental importancia, la Iglesia no puede oscurecer el corazón de su misión : "No podemos hacer que toda la Iglesia se concentre exclusivamente en este tema, porque esa no sería una respuesta auténtica a lo que el mundo busca en términos de necesidad de la misión de la Iglesia".
El 4 de noviembre siguiente, León reiteró nuevamente que "la Iglesia debe respetar los derechos de todas las personas" y que "el principio de la presunción de inocencia hasta que se demuestre lo contrario también vale en la Iglesia", al responder en Castel Gandolfo a una pregunta sobre el proceso canónico en curso contra el artista y ex jesuita Marko I. Rupnik.
Pero precisamente este proceso es también el más emblemático de las opacidades e incoherencias que persisten todavía en el proceder de la Santa Sede en el terreno de los abusos.
Settimo Cielo se ha ocupado más de una vez del caso Rupnik. Salido a la luz con las primeras denuncias públicas en diciembre de 2022, ya había tenido un prólogo secreto en mayo de 2020 con la excomunión del célebre mosaiquista, por haber absuelto en confesión a una cómplice suya en un pecado "contra el sexto mandamiento": excomunión, sin embargo, prontamente revocada por voluntad del papa Francisco.
Un segundo procedimiento por abusos sexuales contra algunas consagradas de la comunidad fundada por él se inició contra Rupnik en 2021, pero también fue cerrado en octubre de 2022 con la motivación de que los actos que se le imputaban, a pesar de "la constatación de la efectiva consistencia de las acusaciones", eran "considerados prescritos por vencimiento de los plazos".
Llegado a ser el caso de dominio público, fue la Compañía de Jesús la que impuso a Rupnik unas sanciones, ampliamente incumplidas por él, y finalmente lo expulsó de la orden, considerando los actos denunciados por las numerosas víctimas no solo creíbles sino también de una gravedad inaudita, con violaciones sistemáticas en el espíritu y en el cuerpo, en nombre de aberrantes justificaciones teológicas y místicas.
Pero mientras tanto, Rupnik no se reconocía en absoluto culpable, se incardinaba como sacerdote en la diócesis eslovena de Capodistria y seguía gozando de fuertes protecciones, en particular la del entonces vicario del Papa en la diócesis de Roma, el cardenal Angelo De Donatis, hoy penitenciario mayor de la Santa Sede, que atribuía todo a una "malévola campaña mediática".
Quien impulsó un proceso resolutorio fue la pontificia comisión para la protección de las víctimas, presidida por el cardenal Sean O'Malley, que logró convencer al papa Francisco para que ordenara el 27 de octubre de 2023 el inicio de un nuevo proceso, esta vez sin esos veinte años de prescripción anteriormente a los cuales cae la casi totalidad de los delitos de los que se acusa a Rupnik.
Efectivamente, en el verano de 2020, el papa Francisco había introducido en los procesos canónicos nuevas reglas que no solo autorizaban sino que, además, alentaban la excepción a esta prescripción, en nombre de la "tolerancia cero" reclamada universalmente a voz en grito contra los acusados de abusos sexuales : una excepción ahora ampliamente adoptada en los procesos canónicos pero que todos los juristas saben que es impensable en el derecho secular y que abre espacio a formas de justicia sumaria en las antípodas del garantismo con el que es muy cuidadoso el papa León.
Lo cierto es que, sin embargo, también este proceso se está llevando a cabo con extrema lentitud. Se tuvo que esperar al 13 de octubre de 2025 para saber que, finalmente, el dicasterio para la doctrina de la fe había encontrado y nombrado a los jueces, cinco "mujeres y clérigos" ajenos a la Santa Sede, de los cuales, sin embargo, aún hoy no se conocen los nombres. "Los procesos judiciales requieren mucho tiempo y sé que es muy difícil pedir a las víctimas que sean pacientes", dijo al respecto León el pasado 4 de noviembre, con palabras que siguen vigentes también hoy, sin que se haya visto ningún avance.
Pero mientras tanto ha sucedido también otra cosa, que afecta a la propia persona del Papa.
El 22 de noviembre de 2025, una joven peruana llamada Ana María Quispe Díaz, que de pequeña se declaró víctima, junto con dos de sus hermanas y otras niñas, de abusos sexuales, dijo en un comunicado que había sido informada de que diez días antes, el 13 de noviembre, el Papa había concedido la dispensa del estado clerical y la exención de todo proceso canónico al sacerdote de Chiclayo Eleuterio Vásquez González, alias "Lute", su presunto abusador en los años en que Robert F. Prevost era obispo de esa diócesis.
También la primera investigación tras la denuncia se había hecho "con errores procesales", según el responsable de abusos de la diócesis de Chiclayo, pero por lo que más ha protestado Ana María Quispe Díaz ha sido por la negación de un proceso regular que finalmente determine la verdad de los hechos y proteja a las víctimas.
El comunicado terminaba con la "solicitud de una audiencia personal con el Papa, para explicarle el dolor que situaciones como esta causan a las víctimas y pedirle un cambio de rumbo en la forma en que la Iglesia aborda los casos de abuso".
Para defender a Prevost, tanto como obispo de Chiclayo como ya Papa, desde la primera aparición en 2023 de estas acusaciones, habían intervenido sobre todo dos periodistas peruanos, Paola Ugaz y Pedro Salinas, amigos suyos desde hace años y desde 2015 muy activos en denunciar los delitos de una sociedad de vida apostólica fundada en Perú, el "Sodalitium Christianae Vitae", disuelta por el papa Francisco al final de su pontificado.
Pero él, Prevost, sobre estas acusaciones en su contra nunca ha dicho en público una sola palabra, ni siquiera después de su directa implicación por parte de Ana María Quispe Díaz. Todo lo contrario de lo que había hecho Benedicto XVI ante acusaciones análogas de haber "encubierto" a un sacerdote abusador, en los años en que fue arzobispo de Múnich y Frisinga.
Es más. Cuando tales acusaciones se reavivaron en su último año de vida, en enero de 2022, Benedicto XVI reaccionó de nuevo con una memoria de 82 páginas redactada por un grupo de amigos sobre la base de una imponente documentación, seguida de una declaración personal suya para corregir "un descuido" contenido en el informe e introducida por una carta del 6 de febrero a los fieles de la archidiócesis alemana.
Una carta que es uno de sus últimos escritos y que merece la pena leer entera. Benedicto XVI recuerda en ella la confesión y la petición de perdón por nuestra "grandísima" culpa, que "día tras día la Iglesia pone al inicio de la celebración de la Santa Misa". Y prosigue :
"Comprendo cada vez más la repugnancia y el miedo que Cristo experimentó en el Monte de los Olivos cuando vio todas las cosas terribles que debía superar interiormente. El hecho de que los discípulos estuvieran dormidos en ese momento representa, por desgracia, una situación que se repite incluso hoy y por la que también me siento interpelado. Por eso, sólo puedo elevar mis oraciones al Señor y suplicar a todos los ángeles y a los santos, y a vosotros, queridas hermanas y queridos hermanos, que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor".
Y continúa :
"Muy pronto me presentaré ante el juez definitivo de mi vida. Aunque pueda tener muchos motivos de temor y miedo cuando miro hacia atrás en mi larga vida, me siento sin embargo feliz porque creo firmemente que el Señor no sólo es el juez justo, sino también el amigo y el hermano que ya padeció Él mismo mis deficiencias y por eso, como juez, es también mi abogado, Paráclito. […] A este respecto, recuerdo constantemente lo que dice Juan al principio del Apocalipsis : ve al Hijo del Hombre en toda su grandeza y cae a sus pies como muerto. Pero el Señor, poniendo su mano derecha sobre él, le dice : ‘No temas : Soy yo’. (cf. Ap 1,12 – 17)".
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Sandro Magister ha sido firma histórica, como vaticanista, del semanario "L'Espresso".
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