En Israel se votó el martes 27 de octubre y en Estados Unidos se votará mañana, martes 3 de noviembre. ¿Con qué peso del electorado católico en uno y otro caso ?
En Israel los católicos son unos 140.000, de un total de 184.000 cristianos, el 1,9 % del conjunto de la población. Son en su mayoría greco-católicos de rito melquita y, en un 80 %, de etnia árabe. Viven principalmente en Galilea y en el norte del país, en Haifa y sus alrededores, mientras que en Jerusalén y Tel Aviv tienen mayor presencia los cristianos no árabes, los de rito latino o de otros ritos orientales, incluida una pequeña comunidad de origen y lengua hebrea.
De cara a las elecciones del 27 de octubre, los sondeos indicaban una orientación predominante de los cristianos israelíes a favor de los partidos árabes, con preferencia por el partido de raíz comunista, aunque históricamente dirigido también por cristianos, llamado Hadash, integrado ahora en la Lista Unida encabezada por Yousef Jabareen. Menor parecía el respaldo al segundo partido árabe en liza, Ra’am, dirigido por Mansour Abbas, de un marcado perfil islamista en sus orígenes que, sin embargo, se ha atenuado recientemente hasta el punto de presentar como número dos al judío Yoav Segalovitz, antiguo alto mando de la policía.
Además, la parte del electorado cristiano más integrada en el ámbito académico, la sanidad, la judicatura y la economía, manifestó su apoyo a los partidos coaligados contra Benjamín Netanyahu, en particular a Yashar, de Gadi Eisenkot, y a los Demócratas de Yair Golan, herederos de los laboristas que fundaron el Estado de Israel.
Y así ocurrió el 27 de octubre, al calor de un aumento sin precedentes de la participación de los ciudadanos árabes —que en total superan los 2 millones, el 21 % de la población israelí— y del fuerte avance de sus dos partidos, la Lista Unida y Ra’am, que llegaron a obtener 11 y 8 escaños, respectivamente.
Las coaliciones de Netanyahu y Eisenkot obtuvieron 53 y 48 escaños respectivamente en el parlamento, donde se necesitan al menos 61 para gobernar. Los partidos árabes, con sus 19 escaños, dos de ellos ganados por judíos, podrían, por lo tanto, apoyar un gobierno anti-Netanyahu. La Lista Conjunta ha ofrecido apoyo externo, y Ra'am ha declarado estar dispuesto a recuperar la mayoría, como lo hizo en 2021 bajo el mandato del primer ministro Naftali Bennett. Sin embargo, la coalición de Eisenkot también incluye al intransigente Avigdor Lieberman, firmemente opuesto a cualquier acuerdo "con partidarios del terrorismo". Sin los siete escaños de su partido, Israel Beitenu, la coalición anti-Netanyahu se limitaría a 60 escaños, uno menos del mínimo requerido. Para superar este obstáculo, la noche del 31 de octubre, Eisenkot incluyó entre las condiciones de un acuerdo con los partidos árabes —inicialmente con su apoyo externo— el reconocimiento de Hamás como organización terrorista y la necesidad de destruir su dominio militar y político en Gaza.
Una primera prueba sobre el terreno, de un acuerdo con los partidos árabes, tendrá lugar el 10 de noviembre, con la elección del presidente del parlamento, para la que la coalición de Eisenkot ha propuesto a Yair Lapid, líder junto con Bennett del partido Beyachad, que cuenta con 12 escaños.
La formación de un nuevo gobierno se presenta, por tanto, incierta y laboriosa. También parece muy difícil la hipótesis de una gran coalición entre Eisenkot y Netanyahu, sin los partidos árabes y, sobre todo, con la exclusión de los partidos ultraextremistas de Itamar Ben Gvir y Bezalel Smotrich, que han salido derrotados de estas elecciones.
En consecuencia, también siguen siendo inciertas las expectativas de los votantes, que en gran medida no coinciden en absoluto con las cuestiones debatidas en el ámbito internacional. La solución de los dos Estados para los dos pueblos, judíos y palestinos —propugnada sistemáticamente también por la Santa Sede — , por ejemplo, no ocupa en absoluto el centro del debate político en Israel. Entre los partidos, aparte de los árabes, solo los Demócratas siguen incluyéndola en su programa, aunque para un futuro lejano, advirtiendo que consideran « perjudicial » reconocer hoy un Estado palestino.
Lo mismo sucede con la guerra contra Irán y sus aliados, desde Hezbolá hasta Hamás. Las diferencias entre Netanyahu y sus opositores atañen solo a las modalidades del conflicto, no a la sustancia. Eisenkot, antiguo jefe del Estado Mayor, es un halcón más pragmático, no una paloma.
Lo que quiere la mayor parte de los votantes es, más bien, impedir la renovación del gobierno de extrema derecha de Netanyahu con sus ministros radicales Ben Gvir y Smotrich. Entre los objetivos más reclamados figuran el servicio militar obligatorio para los judíos ultraortodoxos, exentos hasta ahora, y la creación de una comisión de investigación independiente sobre la falta de prevención de la masacre del 7 de octubre de 2023.
Por parte de los votantes árabes existe, además, la demanda de mayor seguridad, dada la ola de criminalidad que los afecta. Pero, sobre todo, se espera —no solo entre los árabes, sino en gran parte del electorado— un giro rotundo en Cisjordania que ponga fin a la violencia de los colonos extremistas contra los palestinos y frene la creación de nuevos asentamientos judíos.
Naturalmente, con los cristianos en primera línea en el apoyo a esta demanda, reiterada en varias ocasiones también por sus líderes religiosos, con el patriarca latino de Jerusalén, Pierbattista Pizzaballa, a la cabeza. En efecto, desde hace tiempo se observa un recrudecimiento de la violencia, las profanaciones y los malos tratos contra los cristianos por parte de judíos extremistas a los que las fuerzas del orden dejan actuar, no solo en Cisjordania, sino también en Israel, en particular en la Ciudad Vieja de Jerusalén.
Hasta aquí, Israel. Pero ¿cuál es la orientación del electorado católico en Estados Unidos ?
En Estados Unidos los católicos no son una pequeña minoría como en Israel. Son más de 70 millones, entre una quinta y una cuarta parte de la población total.
En 2024, el 55 % de los votantes católicos votó por Donald Trump y solo el 43 % por Kamala Harris, invirtiendo así la tradicional preferencia de los católicos por el Partido Demócrata.
Sin embargo, en los dos años siguientes, la aprobación de la gestión de Trump entre los católicos ha caído drásticamente. Una encuesta realizada por el Pew Research Center de Washington, pocas semanas antes de las elecciones de mitad de mandato del 3 de noviembre, cifró el descenso del 59 al 39 % entre los católicos blancos, del 47 al 30 % entre el conjunto de los católicos y del 31 al 18 % entre los católicos hispanos, los “latinos”.
Preguntados por su intención de voto para el 3 de noviembre, el 50 % de los católicos blancos respondió que votaría al candidato republicano, frente al 32 % que lo haría por el demócrata. Pero entre el conjunto de los católicos, solo el 39 % votaría al republicano, frente al 42 % que se inclinaría por el demócrata. Y entre los “latinos” la diferencia resultó aún mayor : el 19 % por el republicano frente al 42 % por el demócrata.
Entre los cristianos en general, los protestantes evangélicos blancos son el único grupo de votantes cuya mayoría declaró que votará al candidato republicano : un 73 % frente al 12 %, que lo hará por el demócrata. Pero entre los protestantes negros la tendencia se invierte : un 74 % por el demócrata frente al 8 % por el republicano. Y también entre los evangélicos blancos la aprobación de la gestión de Trump ha descendido en los dos últimos años : del 78 al 58 %.
En medio de este fuerte y creciente distanciamiento entre Trump y los católicos estadounidenses, cayó como un rayo la foto reproducida en la parte superior de esta página, difundida por la Casa Blanca el 22 de octubre, a doce días de los comicios, en la que aparecen doce obispos católicos, algunos de ellos de primer nivel, reunidos en oración en torno al presidente. Junto a Trump se aprecia la presencia, vestida de oscuro, de Paula White, presidenta de la Faith Office, la oficina de la fe que funciona en la Casa Blanca desde febrero de 2025 y que está compuesta casi en su totalidad por pastores y predicadores evangélicos de inquebrantable fidelidad trumpista.
Sorprendidos y afectados por las críticas, los doce obispos entonaron el “mea culpa” y responsabilizaron a la Casa Blanca de la difusión indebida de la foto de aquel momento de oración con el presidente, solicitado, para su sorpresa, al término de un encuentro convocado por la Heritage Foundation sobre inmigración y dignidad humana.
Y, efectivamente, esta foto no ha supuesto en absoluto un acercamiento a Trump de la Iglesia católica estadounidense, que sigue distanciada de él en al menos tres grandes cuestiones : la política migratoria, la guerra contra Irán y la protección de los derechos fundamentales en un Estado democrático. Por no mencionar, más recientemente, la rebelión de la Iglesia católica contra la retransmisión televisiva en directo —finalmente revocada— de la ejecución de un condenado a muerte.
Últimamente también ha tomado distancia de Trump la principal revista del catolicismo culto conservador estadounidense, “First Things”. Y tampoco ha pasado inadvertida la frialdad del vicepresidente J. D. Vance, católico ferviente y probable futuro candidato a la Casa Blanca, respecto a la guerra contra Irán, en la que nunca ha creído.
Como telón de fondo está, además, el enfrentamiento verbal entre Trump y León XIV, que hasta ahora ha ganado holgadamente el Papa, tanto por lo que ha dicho como por la forma en que lo ha dicho, además de por sus elocuentes silencios.
Trump recurre a menudo al hermano mayor de Robert F. Prevost, Louis ; la última vez, hace pocos días : « Su hermano es amigo mío, un grande, una persona fantástica, y también su mujer. Sabéis, son grandes partidarios de Trump. Tienen letreros MAGA por toda la casa ».
Pero está por ver que esto pueda inclinar el voto católico a favor de Trump en las elecciones del 3 de noviembre.
En su condición de ciudadano estadounidense, también el papa León ha votado. En un comunicado del 30 de octubre, la Santa Sede confirmó que « el Papa ha enviado su papeleta por correo a Chicago », en virtud de su « convicción sobre el derecho y el deber de los ciudadanos de participar en los procesos democráticos ».
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Sandro Magister ha sido firma histórica, como vaticanista, del semanario "L'Espresso".
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