León y Estados Unidos. Con un cambio de rumbo del Papa respecto a Irán

Por Sandro Magister

Con el nom­bra­mien­to de Gabriele Caccia como nun­cio apo­stó­li­co en Estados Unidos, el papa León ha toma­do otra deci­sión cla­ve en este su pri­mer año de pon­ti­fi­ca­do.

Caccia, de 68 años y natu­ral de Milán, tie­ne una trayec­to­ria para­le­la a la del car­de­nal secre­ta­rio de Estado Pietro Parolin, y ambos per­te­ne­cen a la cor­rien­te diplo­má­ti­ca vati­ca­na de la deno­mi­na­da "Ostpolitik", que tuvo como mae­stros a los car­de­na­les Agostino Casaroli y Achille Silvestrini. Benedicto XVI los con­sa­gró arzo­bi­spos el 12 de sep­tiem­bre de 2009 y envió como nun­cios a Parolin a Venezuela y a Caccia al Líbano, en cum­pli­mien­to de la volun­tad del enton­ces secre­ta­rio de Estado Tarcisio Bertone, hostil hacia ellos, de libe­rar los impor­tan­tes car­gos que ocu­pa­ban en Roma el uno y el otro : el de sub­se­cre­ta­rio para las rela­cio­nes con los Estados, por par­te de Parolin, y el de ase­sor para los asun­tos gene­ra­les, por par­te de Caccia.

Parolin regre­só lue­go a Roma como secre­ta­rio de Estado en susti­tu­ción de Bertone, al ini­cio del pon­ti­fi­ca­do de Francisco, mien­tras que Caccia fue envia­do pri­me­ro duran­te un par de años como nun­cio a Filipinas y lue­go, desde 2019, a Nueva York como obser­va­dor per­ma­nen­te de la Santa Sede ante las Naciones Unidas. Allí, sus discur­sos han sido difun­di­dos en cada oca­sión por los medios de comu­ni­ca­ción vati­ca­nos ofi­cia­les y, sobre todo, ha adqui­ri­do una rara com­pe­ten­cia sobre la Iglesia cató­li­ca de Estados Unidos y sus com­pli­ca­das rela­cio­nes con los últi­mos pre­si­den­tes y, más aún, con el actual, Donald Trump.

Con Trump, de hecho, tam­bién se han vuel­to com­pli­ca­das y con­fu­sas las rela­cio­nes inter­nas den­tro de la jerar­quía de Estados Unidos. Y sin duda el obje­ti­vo de devol­ver la uni­dad a los obi­spos esta­dou­ni­den­ses es algo que León ha aso­cia­do al nom­bra­mien­to de Caccia como nun­cio.

Entre las fun­cio­nes prin­ci­pa­les del nun­cio se encuen­tra, de hecho, la de selec­cio­nar a los futu­ros obi­spos de Estados Unidos, siguien­do el ejem­plo de la deci­sión toma­da por el Papa al asi­gnar la archi­dió­ce­sis de Nueva York a Ronald A. Hicks, con el fin de lograr una mayor uni­dad entre los obi­spos esta­dou­ni­den­ses, no en tor­no a una u otra opción polí­ti­ca, sino en lo esen­cial de la fe y de la evan­ge­li­za­ción cri­stia­na.

Porque ya es evi­den­te. León no tie­ne inten­ción algu­na de tomar par­ti­do por una sola cor­rien­te. Ha demo­stra­do en repe­ti­das oca­sio­nes que con­fía tam­bién en figu­ras desta­ca­das del ala "libe­ral" del epi­sco­pa­do, desde Blase J. Cupich, arzo­bi­spo de su ciu­dad natal, Chicago, hasta Robert McElroy, arzo­bi­spo de la capi­tal, Washington. Pero depo­si­ta la misma con­fian­za en esa ala con­ser­va­do­ra que aún gobier­na la con­fe­ren­cia epi­sco­pal.

Y tam­bién el nom­bra­mien­to de Caccia, repre­sen­tan­te de esa "Ostpolitik" vati­ca­na tan cri­ti­ca­da tan­to por Benedicto XVI como, antes aún, por Juan Pablo II, se aju­sta a esta volun­tad uni­fi­ca­do­ra de León.

De hecho, tam­bién León acep­ta prac­ti­car una "Ostpolitik" —aun­que limi­ta­da— en este ini­cio de pon­ti­fi­ca­do. Lo hace con sus ensor­de­ce­do­res silen­cios sobre China y Nicaragua. Ante los nom­bra­mien­tos de obi­spos en China, deci­di­dos uni­la­te­ral­men­te por el régi­men comu­ni­sta en despre­cio a Roma, se resi­gna y guar­da silen­cio. Y cuan­do los perio­di­stas le pre­gun­ta­ron sobre la seve­ra con­de­na impue­sta a Jimmy Lai, el héroe cató­li­co de Hong Kong, cor­tó por lo sano : "No pue­do hacer comen­ta­rios". Sin per­jui­cio de lo que había dicho sobre China el vera­no pasa­do, que "a lar­go pla­zo no pre­ten­do decir lo que haré o no haré".

Pero inclu­so Juan Pablo II, que era la antí­te­sis vivien­te de la "Ostpolitik", qui­so como su pri­mer secre­ta­rio de Estado pre­ci­sa­men­te al inven­tor y prin­ci­pal artí­fi­ce de esa polí­ti­ca de "appea­se­ment" con los gobier­nos comu­ni­stas, Casaroli. Para que él hicie­ra, don­de y cuan­do fue­ra nece­sa­rio, lo que el papa Karol Wojtyla nun­ca habría que­ri­do hacer en per­so­na.

“El mar­ti­rio de la pacien­cia” era lo que los pro­pios defen­so­res de la “Ostpolitik” vati­ca­na aso­cia­ban a su acti­vi­dad diplo­má­ti­ca. Una "pacien­cia" de la que inclu­so León sabe que no pue­de esca­par.

De hecho, inclu­so para la Iglesia cató­li­ca, el caos que rei­na en los Estados Unidos es enor­me, y costa­rá mucho vol­ver a poner orden.

El 6 de mar­zo, la mul­ti­tu­di­na­ria reu­nión de pasto­res evan­gé­li­cos que for­man par­te de la Oficina de fe y reli­gión de la Casa Blanca para ben­de­cir a Trump, como en un rito litúr­gi­co (ver foto), cau­só revue­lo, con la con­si­guien­te y seve­ra pro­te­sta del papa León con­tra aquel­los que "inclu­so pre­ten­den invo­lu­crar el nom­bre de Dios en estas elec­cio­nes de muer­te, pero Dios no pue­de ser reclu­ta­do por la oscu­ri­dad".

Pero tam­bién exi­ste agi­ta­ción den­tro de la dere­cha cató­li­ca, en la zona más cer­ca­na al pre­si­den­te esta­dou­ni­den­se.

Causó impac­to el 6 de mar­zo el agol­pa­mien­to ben­de­ci­dor en tor­no a Trump, como en un rito litúr­gi­co (ver foto), de los pasto­res evan­gé­li­cos que for­man par­te de la Oficina para la fe de la Casa Blanca. Pero tam­bién en la dere­cha cató­li­ca hay agi­ta­ción, en el área más cer­ca­na al pre­si­den­te esta­dou­ni­den­se.

Brian Burch, el emba­ja­dor de Estados Unidos ante la Santa Sede, cató­li­co fer­vien­te y expre­si­den­te de "Catholic Vote", en una entre­vi­sta a fina­les de febre­ro con Elise Ann Allen dijo que hoy hay un "momen­tum", una explo­sión vital, de los cató­li­cos en Estados Unidos.

Prueba de ello, dijo, los dos cató­li­cos con­ven­ci­dos que aho­ra están al lado de Trump, el vice­pre­si­den­te JD Vance y el secre­ta­rio de Estado Marco Rubio, expo­nen­tes de un con­ser­va­du­ri­smo de tipo nue­vo que el pro­pio Rubio ha defi­ni­do como "del bien común" en una con­fe­ren­cia recien­te en la Catholic University of America.

Vance tam­bién man­tie­ne una estre­cha rela­ción con la viu­da de Charlie Kirk, el acti­vi­sta cri­stia­no que pola­ri­za­ba a masas de jóve­nes en las uni­ver­si­da­des, y con el movi­mien­to sur­gi­do tras su ase­si­na­to el pasa­do mes de sep­tiem­bre. Pero en este movi­mien­to tam­bién ha encon­tra­do espa­cio e influen­cia un per­so­na­je como Nick Fuentes, anti­se­mi­ta desen­fre­na­do con nume­ro­sos segui­do­res, los "Groypers", lo que a su vez ha hecho enfu­re­cer a Rod Dreher, testi­go del bau­ti­smo cató­li­co de Vance y autor hace años del bestsel­ler "Benedict Option", que ha pre­ve­ni­do al pro­pio Vance de esta deri­va filo­na­zi y raci­sta. Con el aña­di­do de la incó­gni­ta que repre­sen­ta Peter Thiel, el rico empre­sa­rio de Silicon Valley artí­fi­ce del ascen­so polí­ti­co de Vance y teó­ri­co de una visión "tran­shu­ma­ni­sta", que se anun­cia­ba que lle­ga­ría a Roma para una con­fe­ren­cia en la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino, el "Angelicum" que tie­ne como rec­tor al domi­ni­co esta­dou­ni­den­se Thomas J. White, aun­que lue­go fue desmen­ti­do por la pro­pia uni­ver­si­dad.

También entre los obi­spos hay agi­ta­ción. La crí­ti­ca a la despia­da­da polí­ti­ca anti­mi­gra­to­ria pue­sta en mar­cha por Trump es uná­ni­me, pero en muchas otras cue­stio­nes las opi­nio­nes están muy disper­sas.

Los más crí­ti­cos y elo­cuen­tes han sido hasta aho­ra los car­de­na­les Cupich, McElroy y Joseph Tobin, de Newark, pri­me­ro con un comu­ni­ca­do con­jun­to con­tra la polí­ti­ca exte­rior del pre­si­den­te, lue­go con una decla­ra­ción mor­daz de Cupich con­tra la guer­ra a Irán pre­sen­ta­da por la Casa Blanca como una pelí­cu­la de acción reple­ta de refe­ren­cias a video­jue­gos, y lue­go con el desmen­ti­do por par­te de McElroy de que esta guer­ra fue­ra "justa", por­que no pue­de ser­lo, como se encar­gó de expli­car con gran detal­le.

Pero tam­po­co el ala con­ser­va­do­ra del epi­sco­pa­do esta­dou­ni­den­se pue­de seguir adhi­rién­do­se sin crí­ti­ca algu­na al ban­do de Trump. Timothy Broglio, anti­guo ordi­na­rio mili­tar para Estados Unidos y penúl­ti­mo pre­si­den­te de la con­fe­ren­cia epi­sco­pal, se ha expre­sa­do con pala­bras con­tun­den­tes con­tra la ame­na­za de Trump de inva­dir Groenlandia, lle­gan­do a auto­ri­zar a los sol­da­dos a deso­be­de­cer "en caso de que reci­bie­ran la orden de lle­var a cabo actos moral­men­te cue­stio­na­bles".

Y en lo que respec­ta a la polí­ti­ca anti­mi­gra­to­ria de Trump, toda la con­fe­ren­cia epi­sco­pal ha ido mucho más allá de la sim­ple crí­ti­ca. A fina­les de febre­ro recur­rió ante el Tribunal Supremo —del que seis de los nue­ve jue­ces son cató­li­cos, empe­zan­do por el pre­si­den­te John G. Roberts— pre­sen­tan­do un docu­men­to de seis pági­nas reple­tas de argu­men­tos jurí­di­cos con­tra la deci­sión de Trump de dene­gar la ciu­da­da­nía esta­dou­ni­den­se a los hijos de migran­tes irre­gu­la­res, cali­fi­can­do dicha deci­sión de "inmo­ral y con­tra­ria a los prin­ci­pios fun­da­men­ta­les de la Iglesia cató­li­ca en lo que respec­ta a la vida y la digni­dad de las per­so­nas, al tra­to de las per­so­nas vul­ne­ra­bles —espe­cial­men­te migran­tes y niños— y a la uni­dad fami­liar".

En medio de todo este revue­lo hay una espe­cie de cre­cien­te expec­ta­ti­va de que el papa León encar­ne aquel­lo que la Iglesia cató­li­ca esta­dou­ni­den­se sien­te que nece­si­ta urgen­te­men­te : un guía segu­ro en este cami­no deso­rien­ta­do.

Y, de hecho, ni León ni su secre­ta­rio de Estado, Parolin, se han que­da­do de bra­zos cru­za­dos en algu­nas cue­stio­nes cru­cia­les.

En lo que respec­ta a Ucrania, la postu­ra del Papa y de la Santa Sede es ine­quí­vo­ca y no coin­ci­de en abso­lu­to con la de Trump y Vladimir Putin. Apoya la resi­sten­cia del pue­blo ucra­nia­no ante la agre­sión rusa, un papel fun­da­men­tal de Europa y una paz que no sea una ren­di­ción impue­sta inju­sta­men­te.

En el caso de Venezuela, antes de que todo se pre­ci­pi­ta­ra con la cap­tu­ra del dic­ta­dor Maduro, la diplo­ma­cia de la Santa Sede se había movi­li­za­do seria­men­te para encon­trar una solu­ción menos trau­má­ti­ca, con el exi­lio de Maduro a Moscú, tal y como reve­ló el "Washington Post" tras el fra­ca­so de este inten­to.

En lo que respec­ta a Oriente Medio, la Santa Sede, a pesar de haber sido invi­ta­da, se ha nega­do a for­mar par­te del "Board of Peace" pro­mo­vi­do por Trump, ni siquie­ra en cali­dad de "obser­va­dor", al detec­tar en la ini­cia­ti­va —según el car­de­nal Parolin— dema­sia­dos "pun­tos crí­ti­cos" sin resol­ver, en pri­mer lugar el hecho de que el "Board" como alter­na­ti­va a la ONU e into­le­ran­te con las líneas mae­stras del "dere­cho inter­na­cio­nal", rei­vin­di­ca­do en cam­bio siste­má­ti­ca­men­te como nor­ma­ti­vo —aun­que en ausen­cia de un poder que lo haga respe­tar— por la Secretaría de Estado, la últi­ma vez por Parolin en una entre­vi­sta del 4 de mar­zo a los medios de comu­ni­ca­ción vati­ca­nos.

En cuan­to a Irán, León resi­stió las pre­sio­nes de Teherán para que con­de­na­ra explí­ci­ta­men­te a Estados Unidos e Israel. Expresó su "pro­fun­da con­ster­na­ción" por la guer­ra, se soli­da­ri­zó con "las nume­ro­sas víc­ti­mas civi­les, entre ellas muchos niños ino­cen­tes", pro­nun­ció unas pala­bras con­mo­ve­do­ras en memo­ria del padre Pierre El Raii, el pár­ro­co liba­nés ase­si­na­do mien­tras socor­ría a los heri­dos, pero no fue más allá. Y al igual que él, tam­bién Parolin se limi­tó a emi­tir jui­cios pru­den­tes, ale­ja­dos de con­de­nas uni­la­te­ra­les : "Cuando se habla de las cau­sas de una guer­ra, es com­ple­jo deter­mi­nar quién tie­ne razón y quién no".

Sin embar­go, las pre­sio­nes de Irán sobre León han sido enor­mes desde el ini­cio de esta guer­ra. Se han mate­ria­li­za­do en repe­ti­das insi­sten­cias por par­te del emba­ja­dor de Teherán ante la Santa Sede, el eru­di­to Mohammed Hossein Mokhtari —for­ma­do en Qom, pero tam­bién en Occidente, y espe­cia­li­sta en el diá­lo­go inter­re­li­gio­so— y en una car­ta del aya­to­lá Mostafa Mohaghegh Damad, direc­tor del Centro de Estudios de Ciencias Islámicas, en la que se pedía al Papa, entre otras cosas, que "recor­da­ra a Trump las enseñan­zas de Jesucristo", tan con­tra­rias a los crí­me­nes de guer­ra que él ha come­ti­do.

A prin­ci­pios de ene­ro de 2025, duran­te su encuen­tro en el Vaticano con el papa Francisco, el emba­ja­dor Mokhtari le había obse­quia­do con una pla­ca en la que figu­ra­ban unas refle­xio­nes sobre Jesús escri­tas por el enton­ces líder supre­mo del régi­men teo­crá­ti­co de Irán, Ali Jamenei. Y Francisco, según infor­mó la agen­cia de noti­cias ofi­cial ira­ní, se habría mostra­do de acuer­do en ver en Jesús la ver­da­de­ra alter­na­ti­va a aquel­los, como Israel, "que uti­li­zan su rique­za y su poder para escla­vi­zar a las nacio­nes y arra­strar­las al infier­no de este mun­do y del más allá".

Desde la épo­ca de Jomeini, el régi­men ira­ní siem­pre ha cul­ti­va­do con mucho esme­ro las rela­cio­nes con la Iglesia de Roma, con indu­da­ble éxi­to, que no se vio afec­ta­do por la visi­ta del papa Francisco a Irak, en 2021, al gran aya­to­lá Al-Sistani, el líder espi­ri­tual más influyen­te del islam chií­ta en el mun­do, pero opo­si­tor irre­duc­ti­ble del teo­re­ma jomei­ni­sta que otor­ga a los doc­to­res de la ley islá­mi­ca el poder polí­ti­co ade­más del reli­gio­so.

En los últi­mos días ha cir­cu­la­do, difun­di­da por la tele­vi­sión de Hezbolá, una "fake news" que atri­buía a Al-Sistani haber orde­na­do la "guer­ra san­ta" de todo el islam chií­ta con­tra Estados Unidos e Israel. Porque la guer­ra tam­bién se libra con estas armas comu­ni­ca­ti­vas. Pero ni León ni la Secretaría de Estado se plie­gan a ellas. Más que una bue­na rela­ción de vecin­dad con los tira­nos, su "enfo­que" es la sed de liber­tad de la pobla­ción. En las rela­cio­nes entre la Santa Sede e Irán, el cam­bio de rum­bo es cla­ro con este Papa.

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Sandro Magister ha sido fir­ma histó­ri­ca, como vati­ca­ni­sta, del sema­na­rio "L'Espresso".
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