La derrota del islamismo, en un Oriente Medio cada vez más secularizado

El isla­mi­smo es leí­do y vivi­do por muchos como el desa­fío más temi­ble para Occidente y el cri­stia­ni­smo, com­pue­sto por guer­ras tam­bién reli­gio­sas, por una 'yihad' lle­va­da al extre­mo, por olas migra­to­rias.

Pero una lec­tu­ra aten­ta de lo ocur­ri­do en el nor­te de África y Oriente Medio en las últi­mas déca­das mue­stra tan­to el ascen­so pero sobre todo el decli­ve de la ame­na­za musul­ma­na, como la cre­cien­te secu­la­ri­za­ción de la fe islá­mi­ca, aún más acu­sa­da en un país de régi­men teo­crá­ti­co como Irán.

Un aná­li­sis con­vin­cen­te de lo que es hoy el islam "entre reli­gión y polí­ti­ca" fue rea­li­za­do por uno de los espe­cia­li­stas más auto­ri­za­dos del tema, el fran­cés Olivier Roy, en un encuen­tro de estu­dio rea­li­za­do en el mona­ste­rio de Camaldoli, pro­mo­vi­do por la revi­sta cató­li­ca "Il Regno" y por la Comisión de con­fe­ren­cias epi­sco­pa­les de la Comunidad euro­pea.

La con­fe­ren­cia de Roy, que es pro­fe­sor en el Instituto uni­ver­si­ta­rio euro­peo de Florencia y ase­sor cien­tí­fi­co de Middle East Directions en el Robert Schuman Centre for Advanced Studies, fue lue­go publi­ca­da por "Il Regno", que auto­ri­zó a Settimo Cielo a repro­du­cir su par­te final.

Pero antes de dar­le la pala­bra a Roy, es útil repa­sar los acon­te­ci­mien­tos cla­ve de las últi­mas déca­das, tal como él los inter­pre­ta.

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El ascen­so de los movi­mien­tos isla­mi­stas – dice Roy – tuvo en la guer­ra de los seis días de 1967 su momen­to fun­da­cio­nal, en abier­ta con­te­sta­ción de los regí­me­nes nacio­na­li­stas ára­bes der­ro­ta­dos por Israel. Y de allí tam­bién tomó cuer­po la expan­sión del "sala­fi­smo", enten­di­do como retor­no a los orí­ge­nes, como "volun­tad de vol­ver a isla­mi­zar la socie­dad musul­ma­na desde aba­jo, a tra­vés de un retor­no a una prác­ti­ca reli­gio­sa estric­ta, con el uso del velo y la bar­ba, por par­te de los indi­vi­duos e inde­pen­dien­te­men­te de los regí­me­nes".

Luego, a par­tir de 1978, "la revo­lu­ción islá­mi­ca ira­ní buscó asu­mir el lide­ra­z­go de la con­te­sta­ción isla­mi­sta glo­bal" y de "isla­mi­zar tam­bién el fren­te de la opo­si­ción a Israel, que hasta enton­ces esta­ba basa­do esen­cial­men­te en el nacio­na­li­smo ára­be".

Pero con el recha­zo de los mili­tan­tes isla­mi­stas suni­tas, en par­ti­cu­lar de los Hermanos Musulmanes, a subor­di­nar­se polí­ti­ca­men­te al nue­vo régi­men de los aya­to­lás, con la úni­ca impor­tan­te exce­p­ción de Hamás, al final Irán se encon­tró al fren­te de una coa­li­ción esen­cial­men­te chii­ta, en el Líbano con Hezbolá, en Siria con los alaui­tas del régi­men de los Assad, en Yemen con los hutíes.

"Se asi­stió enton­ces – escri­be Roy – a un pro­ce­so de ira­ni­za­ción de los chii­tas tan­to en el pla­no doc­tri­nal (chii­smo duo­de­ci­ma­no) como en el cle­ri­cal (vesti­men­ta cle­ri­cal, luga­res de for­ma­ción, gra­dos reli­gio­sos). En este sen­ti­do, la revo­lu­ción islá­mi­ca ira­ní tuvo un impac­to reli­gio­so fue­ra de sus fron­te­ras, desde Pakistán hasta Senegal : una homo­ge­nei­za­ción de un mun­do chii­ta hasta enton­ces muy diver­si­fi­ca­do".

Solo Hezbolá, sin embar­go, hizo ple­na­men­te suyo el mode­lo teo­crá­ti­co de Teherán. Los Assad, en una Siria ya amplia­men­te secu­la­ri­za­da, "se cui­da­ron mucho de inte­grar­se en el chii­smo ira­ní". En cuan­to a Irak, sus mili­cias chii­tas obe­de­cen a Teherán, pero "tan­to el gobier­no como el cle­ro chii­ta siguen en gran par­te bajo la influen­cia de la cor­rien­te quie­ti­sta, no polí­ti­ca, lide­ra­da por el gran aya­to­lá Sistaní" con su intran­si­gen­te recha­zo del prin­ci­pio de la "vela­yat e faqih", del domi­nio del juez reli­gio­so, que es la esen­cia de la teo­cra­cia ira­ní.

"El pun­to cul­mi­nan­te de la influen­cia ira­ní – escri­be Roy – se alcan­za en 2006. Pero lo que ocur­rió después fue sólo un lar­go decli­ve".

Un gran giro fue la Primavera ára­be de 2011, que "mar­có una nota­ble secu­la­ri­za­ción de la vida polí­ti­ca y social en Oriente Medio. Por pri­me­ra vez el islam ya no está en el cen­tro de la con­te­sta­ción polí­ti­ca. Ya no hay con­si­gnas como 'La solu­ción es el islam' y 'El Corán es nue­stra con­sti­tu­ción'. Los Hermanos musul­ma­nes están ausen­tes de las mani­fe­sta­cio­nes en las que, en cam­bio, se encuen­tran muchas muje­res jóve­nes y, en Egipto, muchos cri­stia­nos, a pesar de las reti­cen­cias del cle­ro cop­to. Los jóve­nes piden el fin de la cor­ru­p­ción y la demo­cra­cia. La pro­te­sta está diri­gi­da con­tra los regí­me­nes en el poder. No se arti­cu­la en las cau­sas tra­di­cio­na­les defen­di­das en el pasa­do en las pla­zas ára­bes : recha­zo de Israel, apoyo a los pale­sti­nos, denun­cia del impe­ria­li­smo esta­dou­ni­den­se".

En Siria, a la Primavera ára­be le siguió una guer­ra civil, con Irán obli­ga­do a inter­ve­nir en defen­sa del régi­men de Assad. Y mien­tras tan­to nace el ISIS, que en 2014 con­qui­sta Mosul y esta­ble­ce un Estado Islámico en el nor­te de Irak y Siria.

Pero el ISIS no se encua­dra en el ámbi­to de los con­flic­tos de Oriente Medio. Es, ante todo, como lo era Al Qaeda, expre­sión de una "yihad glo­bal", pre­ten­de la hege­mo­nía en el mun­do suni­ta y el ani­qui­la­mien­to de chii­tas y cri­stia­nos, recha­za cual­quier alian­za con los Estados y con los demás movi­mien­tos islá­mi­cos de la región, se encuen­tra en guer­ra con todos. Hasta tal pun­to que la coa­li­ción anti ISIS reú­ne a casi todos : los chii­tas ira­níes y no, los Hermanos musul­ma­nes, esta­dou­ni­den­ses y euro­peos, jor­da­nos, kur­dos, tur­cos.

"La 'yihad' del ISIS – escri­be Roy – repre­sen­tó una radi­ca­li­za­ción paro­xí­sti­ca fasci­na­da por la muer­te y, al final, se reve­ló nihi­li­sta". Pero tam­bién en los Estados de Oriente Medio "el fac­tor islá­mi­co, y por tan­to el reli­gio­so, ha deja­do de ser deter­mi­nan­te para expli­car las con­vul­sio­nes polí­ti­cas y las ali­nea­cio­nes geoe­stra­té­gi­cas".

El últi­mo gran giro se pro­du­jo por la masa­cre de judíos a manos de Hamás el 7 de octu­bre de 2023 y la poste­rior guer­ra en Gaza. En pocos meses el eje de la resi­sten­cia anti­i­srae­lí enca­be­za­do por Irán es destrui­do. Y "es evi­den­te que el colap­so del eje de la resi­sten­cia se encua­dra en un pro­ce­so de pér­di­da de influen­cia de los par­ti­dos isla­mi­stas. El mode­lo ira­ní es cue­stio­na­do en su país de naci­mien­to ; Hezbolá en el Líbano no ha logra­do ser otra cosa que el par­ti­do polí­ti­co de una par­te de la comu­ni­dad chii­ta liba­ne­sa ; los Hermanos musul­ma­nes han per­di­do las elec­cio­nes en Túnez y Marruecos, han sido apla­sta­dos por el ejér­ci­to en Egipto, ya no tie­nen nin­gún papel en Sudán, han desa­pa­re­ci­do de la esce­na polí­ti­ca en Libia y Siria, han sido mar­gi­na­dos por la monar­quía en Jordania. Solo Hamás man­te­nía una sóli­da base popu­lar y mili­tar en Gaza, pero ha sido apla­sta­do por la ofen­si­va israe­lí en la Franja".

Roy seña­la ade­más que tam­bién "la estre­cha coo­pe­ra­ción entre el cle­ro waha­bí y la monar­quía sau­dí, que había ali­men­ta­do las redes sala­fíes en el mun­do, fue bru­tal­men­te inter­rum­pi­da por el prín­ci­pe here­de­ro Mohammed bin Salman, sin que esto susci­ta­ra nin­gu­na reac­ción nega­ti­va : al con­tra­rio, los jóve­nes se pre­ci­pi­ta­ron a los nue­vos luga­res de con­cier­tos y espar­ci­mien­to pro­fa­no, al lími­te de lo irre­spe­tuo­so".

Otro epi­so­dio reve­la­dor ocur­rió el pasa­do sep­tiem­bre en Marruecos, don­de "Ibtissame Lachgar fue con­de­na­da a solo 30 meses de pri­sión por lle­var una cami­se­ta con la inscri­p­ción 'Dios es lesbia­na', cuan­do vein­te años antes dece­nas de miles de radi­ca­les habrían sali­do a la cal­le para pedir su muer­te".

En defi­ni­ti­va, "la Primavera ára­be cier­ta­men­te per­dió en el pla­no polí­ti­co, pero desde 2011 todas las revuel­tas y mani­fe­sta­cio­nes de los jóve­nes del mun­do ára­be se desar­rol­lan sobre las mismas bases de deman­da de justi­cia sin refe­ren­cia al islam". E inclu­so "las mani­fe­sta­cio­nes por Gaza en el mun­do se desar­rol­lan más den­tro de una tra­di­ción anti­co­lo­nia­li­sta que en refe­ren­cia a la 'yihad': en Occidente reú­nen a los jóve­nes estu­dian­tes y no a los bar­rios inmi­gran­tes con fuer­te pobla­ción musul­ma­na".

"Esta der­ro­ta polí­ti­ca de los movi­mien­tos isla­mi­stas y sala­fíes es con­co­mi­tan­te con un com­ple­jo fenó­me­no de secu­la­ri­za­ción que afec­ta a todo Oriente Medio. No se pue­de hablar de una rela­ción de causa-efecto, pero exi­ste ine­vi­ta­ble­men­te cier­ta cor­re­la­ción".

Irán está en la eta­pa más avan­za­da de esta ola de secu­la­ri­za­ción. Y aquí está cómo la descri­be Roy, en la par­te final de su ponen­cia.

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La sociedad iraní, campeona de secularización

por Olivier Roy

En Irán, la legi­ti­ma­ción islá­mi­ca del régi­men ha desa­pa­re­ci­do y éste apa­re­ce ya solo como una dic­ta­du­ra. Un pri­mer giro se pro­du­jo en 2009, cuan­do el pre­si­den­te con­ser­va­dor Ahmadineyad fue ree­le­gi­do en cir­cun­stan­cias dudo­sas, pro­vo­can­do una vio­len­ta reac­ción popu­lar, cuyo prin­ci­pal lema era "¿Dónde está mi voto?". Es la natu­ra­le­za auto­ri­ta­ria del régi­men la que es denun­cia­da en las cal­les. La socie­dad civil recha­za el con­cep­to de "sobe­ra­nía de Dios" y ve en el líder solo un líder auto­ri­ta­rio como tan­tos otros en Oriente Medio.

Esta revuel­ta es cier­ta­men­te polí­ti­ca, pero sobre todo deno­ta un cam­bio impor­tan­te : la secu­la­ri­za­ción de la socie­dad civil. La refe­ren­cia al islam ya no movi­li­za y se vuel­ve inclu­so con­tra­pro­du­cen­te. El régi­men con­ser­va una base social, pro­ba­ble­men­te alre­de­dor del 20 por cien­to, por razo­nes tan­to ideo­ló­gi­cas como clien­te­la­res. Pero el cle­ro ya no es un canal efi­caz de tran­smi­sión entre el régi­men y la socie­dad, ya que el siste­ma, por su pro­pia natu­ra­le­za, ha impe­di­do la emer­gen­cia de gran­des figu­ras espi­ri­tua­les inde­pen­dien­tes en un cle­ro ya esta­ti­za­do.

Los mulá de bar­rio han per­di­do todo pre­sti­gio y no son otra cosa que ofi­cian­tes de ritos a los que solo se recur­re en oca­sio­nes impor­tan­tes, prin­ci­pal­men­te los fune­ra­les. Paralelamente, el peso de los Guardianes de la Revolución pre­va­le­ce sobre el del cle­ro. Pero los Guardianes, los "pasda­rán", son lai­cos que tie­nen una rela­ción pura­men­te ideo­ló­gi­ca con la reli­gión. El movi­mien­to de recha­zo del velo asu­me una dimen­sión tan­to polí­ti­ca – "zan aza­di zen­de­gi": mujer, liber­tad, vida [como en la foto de arri­ba, de Dilara Senkaya/Reuters] – como social : las muje­res dejan sim­ple­men­te de lle­var el velo en la cal­le, a pesar de los rie­sgos.

El despre­sti­gio del régi­men ter­mi­na por afec­tar al islam como tal, no solo al islam polí­ti­co. La socie­dad ira­ní se ha con­ver­ti­do segu­ra­men­te en la más secu­la­ri­za­da de todo Oriente Medio. No exi­sten esta­dí­sti­cas sobre la prác­ti­ca reli­gio­sa en el país, pero los testi­mo­nios coin­ci­den en el desa­mor por el islam ofi­cial, si no por el islam tout court.

Hoy asi­sti­mos a una indi­vi­dua­li­za­ción de la rela­ción con la reli­gión más acen­tua­da que nun­ca. El ateí­smo, la búsque­da de otras for­mas de espi­ri­tua­li­dad – sufi­smo, o inclu­so con­ver­sión al cri­stia­ni­smo – o sim­ple­men­te la tibie­za reli­gio­sa son ya comu­nes. Las con­ver­sio­nes a otras reli­gio­nes distin­tas del islam están obvia­men­te pro­hi­bi­das, pero basta mirar en Internet el núme­ro de sitios que hacen refe­ren­cia a las Iglesias cri­stia­nas de len­gua per­sa con sede en Turquía – don­de viven mil­lo­nes de ira­níes que pue­den via­jar allí sin visa­do – para con­sta­tar un efec­ti­vo movi­mien­to de con­ver­sio­nes al cri­stia­ni­smo, sobre todo evan­gé­li­co.

Asistimos ade­más a un fenó­me­no que se encuen­tra tam­bién en el cato­li­ci­smo : una cre­cien­te diso­cia­ción entre fe e iden­ti­dad. Los sím­bo­los reli­gio­sos, como el velo, repre­sen­tan tan­to una afir­ma­ción de uno mismo y de la pro­pia fe, como un signo más cul­tu­ral que reli­gio­so. En Europa indi­can la per­te­nen­cia a una mino­ría que defien­de su iden­ti­dad para ser reco­no­ci­da y respe­ta­da, pero que no plan­tea la cue­stión de la fe y la creen­cia.

El deba­te no ver­sa sobre la teo­lo­gía : lo que expli­ca por qué los inte­lec­tua­les musul­ma­nes refor­ma­do­res, como Abdolkarim Soroush, Abdelmajid Charfi, Mahmoud Mohamed Taha, etc., son poco leí­dos por los jóve­nes musul­ma­nes de hoy. Esta ten­den­cia iden­ti­ta­ria se alía gusto­sa­men­te con la extre­ma izquier­da en la defen­sa del mul­ti­cul­tu­ra­li­smo y no de la liber­tad reli­gio­sa.

Al con­tra­rio, muchos jóve­nes musul­ma­nes "born again", rena­ci­dos, en lugar de par­tir a la "yihad", emu­lan a los jóve­nes cri­stia­nos de su edad. Y vice­ver­sa : es por eso que se ven chi­cas cri­stia­nas lle­var velo o ayu­nar, no por­que estén fasci­na­das por el islam en sí, sino por emu­la­ción hacia una espi­ri­tua­li­dad que está de moda entre los jóve­nes musul­ma­nes que fre­cuen­tan su bar­rio, en la escue­la o en la uni­ver­si­dad. Este com­ple­jo jue­go entre iden­ti­dad y espi­ri­tua­li­dad a menu­do se desar­rol­la tam­bién en un espa­cio vir­tual, el de Internet, y per­ma­ne­ce desli­ga­do de refe­ren­cias polí­ti­cas.

Las pola­ri­za­cio­nes iden­ti­ta­rias que domi­nan la vida polí­ti­ca – desde el movi­mien­to MAGA en Estados Unidos que reú­ne evan­ge­li­smo pro­te­stan­te e iden­ti­dad blan­ca hasta los cató­li­cos tra­di­cio­na­li­stas en Europa que defien­den una Europa cri­stia­na con­tra la inmi­gra­ción – no pue­den ocul­tar movi­mien­tos más pro­fun­dos y com­ple­jos. Los cua­les demue­stran que la búsque­da de espi­ri­tua­li­dad entre los jóve­nes ya no asu­me las for­mas ideo­ló­gi­cas que cono­cie­ron las gene­ra­cio­nes ante­rio­res.

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Sandro Magister ha sido fir­ma histó­ri­ca, como vati­ca­ni­sta, del sema­na­rio "L'Espresso".
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