El enigma "sinodalidad". El cardenal Brandmüller explica cómo no caer en las trampas de Mefistófeles

(s.m.) Hay una pala­bra que inva­de desde hace años las discu­sio­nes den­tro de la Iglesia, pero sobre cuyo signi­fi­ca­do no exi­ste cla­ri­dad algu­na ; al con­tra­rio, es cada vez menos cla­ra a medi­da que avan­za el deba­te, ini­cia­do por Francisco y deja­do en heren­cia a su suce­sor León, con un síno­do en varias eta­pas dedi­ca­do a ella, en cur­so desde 2021 y cuyo final aún está por deter­mi­nar.

Es la pala­bra "sino­da­li­dad". Que deri­va de "síno­do", una insti­tu­ción que se remon­ta a los pri­me­ros siglos de la Iglesia, for­ma­da úni­ca­men­te por obi­spos, pero que hoy muchos qui­sie­ran ampliar a más com­po­nen­tes, en las for­mas más varia­das, como si la Iglesia fue­ra una demo­cra­cia moder­na, con dere­cho de voto para todos, inclu­so en cue­stio­nes de doc­tri­na.

Sin embar­go, desde hace algún tiem­po, aumen­tan los lla­ma­mien­tos de obi­spos y car­de­na­les para que la cla­ri­dad se impon­ga sobre esta con­fu­sión. Y el papa León mue­stra tener­lo en cuen­ta, a juz­gar por cómo pone fre­no a esta deri­va. No en voz alta, sino con hechos.

Por un lado, en efec­to, nie­ga a los obi­spos de Alemania, ya varios meses después de su soli­ci­tud, su apro­ba­ción para la pue­sta en mar­cha de una "Conferencia sino­dal" per­ma­nen­te com­pue­sta por vein­ti­sie­te obi­spos, vein­ti­sie­te miem­bros del Comité de los lai­cos cató­li­cos ale­ma­nes y otros vein­ti­sie­te cató­li­cos ele­gi­dos, todos con igual dere­cho de voto y con pote­sta­des no solo con­sul­ti­vas sino tam­bién deli­be­ra­ti­vas sobre "cue­stio­nes impor­tan­tes de la vida ecle­sial de rele­van­cia supra­dio­ce­sa­na". Prevista para el 6 de noviem­bre en Stuttgart, la pue­sta en mar­cha de este orga­ni­smo ha sido apla­za­da a una fecha futu­ra sin deter­mi­nar, que pro­ba­ble­men­te ya no lle­ga­rá.

Pero, ade­más de fre­nar los exce­sos de los inno­va­do­res, León mue­stra tam­bién su volun­tad de refor­zar los síno­dos a la anti­gua usan­za, de mode­lo clá­si­co, como los com­pue­stos úni­ca­men­te por obi­spos que gobier­nan las Iglesias cató­li­cas de Oriente, inclui­dos los arzo­bi­spa­dos mayo­res como el de Ucrania. Mediante un motu pro­prio del 29 de ago­sto, el Papa ha exten­di­do, en efec­to, la auto­ri­dad deci­so­ria de estos síno­dos tam­bién a la remo­ción de sus respec­ti­vos patriar­cas, en caso de que "el vín­cu­lo sagra­do entre el 'pater et caput' y los demás obi­spos resul­ta­ra irre­pa­ra­ble­men­te com­pro­me­ti­do".

Ocurre, sin embar­go, que nada de cuan­to atañe a la sino­da­li­dad apa­sio­na ni movi­li­za a la masa de los fie­les comu­nes, indi­fe­ren­te por com­ple­to al deba­te en cur­so sobre una mate­ria tan con­fu­sa.

Pero aquí inter­vie­ne, con este tex­to en Settimo Cielo, una voz de cri­sta­li­na cla­ri­dad, que dice por fin, con pocas pala­bras y con ful­mi­nan­tes refe­ren­cias a la histo­ria, qué es y qué debe ser en la Iglesia un autén­ti­co "síno­do".

Es la voz auto­ri­za­da del car­de­nal Walter Brandmüller (en la foto de Lena Klimkeit, con copy­right de Picture Alliance/Dpa), desde lo alto de sus magní­fi­cos 97 años y de su reco­no­ci­da com­pe­ten­cia como histo­ria­dor de la Iglesia.

¡Buena lec­tu­ra !

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A propósito de "sinodalidad"

por Walter Brandmüller

A par­tir del papa Francisco se habla cada vez más de "sino­da­li­dad", en con­tex­tos dife­ren­tes y con signi­fi­ca­dos diver­sos. Pero toda­vía fal­ta una defi­ni­ción cla­ra y uní­vo­ca de esta pala­bra. Hasta el pun­to de que vie­ne a la men­te el famo­so diá­lo­go entre Mefistófeles, vesti­do de pro­fe­sor, y el discí­pu­lo, en el "Fausto" de Goethe. Dice Mefistófeles : “En gene­ral, hijo, ate­neos a las pala­bras, y sin nin­gún error entra­réis por la puer­ta prin­ci­pal en el san­tua­rio de la cer­te­za”. El discí­pu­lo : “Sin embar­go, por lo que sé, en las pala­bras debe encon­trar­se un con­cep­to”. Mefistófeles : “Así es, pero no es nece­sa­rio angu­stiar­se dema­sia­do por ello, por­que pre­ci­sa­men­te don­de fal­ta el con­cep­to, las pala­bras acu­den bril­lan­tes y pron­tas para su uso”.

Precisamente para evi­tar las tram­pas de Mefistófeles, con­vie­ne recor­dar una defi­ni­ción cla­ra de sino­da­li­dad, pero sobre todo de síno­do.

Según la com­pren­sión cató­li­ca clá­si­ca, el síno­do es un encuen­tro de obi­spos con el fin del ejer­ci­cio común de su ser­vi­cio magi­ste­rial y pasto­ral.

Si a él son invi­ta­dos a par­ti­ci­par todos los obi­spos de la Iglesia y se reú­nen bajo la pre­si­den­cia del papa o de sus dele­ga­dos, se tra­ta de un con­ci­lio gene­ral, o sea, "ecu­mé­ni­co", al cual —"cum et sub Petro"— cor­re­spon­de la máxi­ma auto­ri­dad magi­ste­rial y pasto­ral, y que pro­cla­ma doc­tri­nas defi­ni­ti­vas e infa­li­bles, que deben ser acep­ta­das en obe­dien­cia de fe.

Si, en cam­bio, se reú­nen los obi­spos de un con­jun­to de Iglesias par­ti­cu­la­res —pro­vin­cia ecle­siá­sti­ca, región ecle­siá­sti­ca, etc. — , a ese con­ci­lio par­ti­cu­lar le com­pe­te solo un "magi­ste­rium ordi­na­rium", cuyos decre­tos requie­ren la con­fir­ma­ción de la Santa Sede.

En ambos casos, los obi­spos actúan en vir­tud de la pote­stad magi­ste­rial y pasto­ral que han reci­bi­do con la orde­na­ción sacra­men­tal.

Pablo VI, median­te el motu pro­prio "Apostolica sol­li­ci­tu­do" de 1965, creó el lla­ma­do síno­do de los obi­spos —"Synodus epi­sco­po­rum"— como órga­no con­sul­ti­vo del papa (1).

Pero sin que­rer poner en discu­sión la nece­si­dad o la con­ve­nien­cia de dicho órga­no, dado que los par­ti­ci­pan­tes son con­vo­ca­dos en cada oca­sión indi­vi­dual­men­te por el papa y su tarea debe­ría ser la de acon­se­jar al pon­tí­fi­ce y no la de pro­cla­mar doc­tri­nas, deci­dir o legi­slar, en aras de la cla­ri­dad con­cep­tual sería opor­tu­no no uti­li­zar el tér­mi­no "síno­do" —que en este con­tex­to pue­de pre­star­se a equí­vo­cos — , sino encon­trar una deno­mi­na­ción distin­ta y más apro­pia­da.

Lo mismo vale para los orga­ni­smos de recien­te insti­tu­ción, de los cua­les, ade­más de obi­spos, for­man par­te tam­bién sacer­do­tes y fie­les de ambos sexos, que pre­ten­den repre­sen­tar a todo el pue­blo de Dios (2). También en este caso no cabe hablar de síno­do, dado que ni los sacer­do­tes ni los lai­cos pue­den ejer­cer el mini­ste­rio magi­ste­rial y pasto­ral con­fe­ri­do úni­ca­men­te a los obi­spos median­te el sacra­men­to del orden.

Naturalmente, es posi­ble con­fiar a lai­cos com­pe­ten­tes una fun­ción de ase­so­ra­mien­to. Pero si tal cola­bo­ra­ción lle­ga­ra a prac­ti­car­se, habría que evi­tar cui­da­do­sa­men­te todo uso equí­vo­co de los tér­mi­nos "síno­do", "sino­da­li­dad" y simi­la­res, y buscar más bien un tér­mi­no que expre­se ade­cua­da­men­te la situa­ción real.

Resulta evi­den­te que la insti­tu­ción de orga­ni­smos del tipo recién cita­do nace del esfuer­zo por adop­tar, de mane­ra más o menos acrí­ti­ca, estruc­tu­ras secu­la­res y pro­ce­di­mien­tos demo­crá­ti­cos en la vida ecle­sial, con el fin de ir con los tiem­pos.

Pero, de hecho, se pro­po­ne en el ámbi­to cató­li­co un tipo de síno­do inspi­ra­do tam­bién en el mode­lo pro­te­stan­te, cuyos miem­bros se eli­gen de mane­ra demo­crá­ti­ca entre pasto­res, hom­bres y muje­res de diver­sas com­pe­ten­cias pro­fe­sio­na­les y con­tex­tos cul­tu­ra­les, todos con la misma voz y voto. Fue el pro­pio Lutero quien for­mu­ló estas ideas en sus escri­tos polé­mi­cos de 1520. Negando rotun­da­men­te la insti­tu­ción por par­te de Jesucristo del sacra­men­to del orden, afir­ma­ba que el mero bau­ti­smo basta para hacer de un hom­bre o una mujer sacer­do­te, obi­spo y papa. Es evi­den­te que seme­jan­te con­cep­to de sino­da­li­dad resul­ta incom­pa­ti­ble con la ecle­sio­lo­gía cató­li­ca.

No deben olvi­dar­se, ade­más, las otras con­se­cuen­cias —hoy reco­no­ci­bles como nega­ti­vas— que han teni­do en la vida de la Iglesia la ado­p­ción acrí­ti­ca de mode­los y pro­ce­di­mien­tos secu­la­res sur­gi­dos a lo lar­go de su histo­ria.

En este con­tex­to se inser­ta tam­bién la insti­tu­ción de las con­fe­ren­cias epi­sco­pa­les (3). Su naci­mien­to está estre­cha­men­te vin­cu­la­do al final del Antiguo Régimen, del siste­ma euro­peo de tro­no y altar, y a la lle­ga­da del moder­no Estado lai­co. En efec­to, fue pre­ci­sa­men­te allí don­de sur­gió la cue­stión de la posi­ción de la Iglesia en el Estado lai­co y de sus rela­cio­nes con este últi­mo.

Cuando en la pri­me­ra mitad del siglo XIX nacie­ron en Europa las con­fe­ren­cias epi­sco­pa­les (4), su mar­co de refe­ren­cia no era la estruc­tu­ra jerár­qui­ca de la Iglesia, sino el respec­ti­vo Estado. Por ello, la acti­vi­dad con­sul­ti­va y deci­so­ria de la con­fe­ren­cia se limi­ta­ba a las cue­stio­nes rela­ti­vas a la posi­ción y a la acción de la Iglesia en el moder­no Estado lai­co. No afec­ta­ban a cue­stio­nes de doc­tri­na, litur­gia, sacra­men­tos, etc. La úni­ca exce­p­ción con­flic­ti­va la con­sti­tuía el matri­mo­nio, cuya regu­la­ción jurí­di­ca según el mode­lo napo­leó­ni­co tam­bién era rei­vin­di­ca­da por los Estados lai­cos.

Considerando la fun­ción autén­ti­ca de las con­fe­ren­cias epi­sco­pa­les, resul­ta por tan­to bastan­te pro­ble­má­ti­co que el papa Francisco les haya atri­bui­do en la exhor­ta­ción apo­stó­li­ca "Evangelii gau­dium" —más allá del Código de Derecho Canónico de 1983— "tam­bién algu­na autén­ti­ca auto­ri­dad doc­tri­nal" (5). A este respec­to con­vie­ne rea­fir­mar con fuer­za : "Tampoco en mate­ria doc­tri­nal la con­fe­ren­cia epi­sco­pal es una instan­cia inter­me­dia jerár­qui­ca, ni un órga­no de la Iglesia nacio­nal que pue­da entrar en com­pe­ten­cia con el magi­ste­rio de la Iglesia uni­ver­sal o inclu­so poner en peli­gro el pri­ma­do doc­tri­nal del papa" (6).

Desde fina­les del siglo XIX pue­de obser­var­se que, espe­cial­men­te en Europa, el lugar de los síno­dos ha sido ocu­pa­do por las con­fe­ren­cias epi­sco­pa­les, cuya for­ma y pro­ce­di­mien­tos siguen —como ya se ha dicho— mode­los polí­ti­cos (7). Es difí­cil igno­rar que se tra­ta de una expre­sión de la cre­cien­te lai­ci­za­ción de la com­pren­sión de la Iglesia. Como ya se ha obser­va­do, pre­ci­sa­men­te en esto se reco­no­ce un neoar­ria­ni­smo ecle­sio­ló­gi­co que, sin negar expre­sa­men­te el carác­ter sobre­na­tu­ral de la Iglesia, más o menos lo igno­ra : la Iglesia como enti­dad social.

Frente a estas con­fe­ren­cias epi­sco­pa­les cor­re­spon­dien­tes a fron­te­ras polí­ti­cas, habría que devol­ver a los síno­dos de las Iglesias par­ti­cu­la­res, con­for­mes a las estruc­tu­ras jerár­qui­cas autén­ti­ca­men­te ecle­sia­les, su impor­tan­cia ori­gi­na­ria. Esto podría lograr­se de for­ma aún más efi­caz si —como está ate­sti­gua­do desde el siglo VI— estas asam­bleas de obi­spos se cele­bra­ran según las for­mas litúr­gi­cas reno­va­das pre­vi­stas por el Pontifical de 1986 (8).

De este modo tam­bién podría con­trar­re­star­se efi­ca­z­men­te el pro­ce­so de secu­la­ri­za­ción de la Iglesia y dar­se un paso deci­si­vo hacia esa "de-secularización" cuya nece­si­dad fue rea­fir­ma­da con fuer­za por Benedicto XVI (9).

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(1) Cf. Pablo VI, "Apostolica sol­li­ci­tu­do", 1965.

(2) Por el con­tra­rio, R. Cren, "Concilium epi­sco­po­rum est. Note sur l'histoire d'une des actes du con­ci­le de Chalcedoine", en : "Revue des scien­ces phi­lo­so­phi­ques et théo­lo­gi­ques" 46 (1962) 45 – 62.

(3) Es nota­ble el espa­cio ocu­pa­do (can. 447 – 459) por las con­fe­ren­cias epi­sco­pa­les en el CIC de 1983.

(4) Cf. R. Lill, "Die ersten deu­tschen Bischofskonferenzen", en : "Römische Quartalschrift" 59 (1964) 127 – 185.

(5) Francisco, "Evangelii gau­dium" n. 32, con refe­ren­cia a Juan Pablo II, "Apostolos suos" n. 21.

(6) B. S. Anuth, "Lehramt der Bischofskonferenz", en : M. Seewald, Th. Schüller, "Die Lehrkompetenz der Bischofskonferenz", Regensburg 2020, 81 – 118. Alternativamente : A. Buckenmaier, "Lehramt der Bischofskonferenz", Regensburg 2013.

(7) W. Brandmüller, "Wenn ein Apparat den Episkopat ent­ma­ch­tet", en : "Kirchengeschichte als Kirchenkritik", ed. por M. Feldkamp, Maguncia 2020, 115 – 123.

(8) "Caeremoniale Episcoporum auc­to­ri­ta­te Johannis Pauli P. P. II pro­mul­ga­tum. Editio typi­ca", 1984, 277 y ss.

(9) Benedicto XVI, "Encuentro con los cató­li­cos com­pro­me­ti­dos en la Iglesia y en la socie­dad", Konzerthaus de Friburgo de Brisgovia, 25 de sep­tiem­bre de 2011.

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Sandro Magister ha sido fir­ma histó­ri­ca, como vati­ca­ni­sta, del sema­na­rio "L'Espresso".
Los últi­mos artí­cu­los en español de su blog Settimo Cielo están en esta pági­na.
Todos los artí­cu­los de su blog Settimo Cielo están dispo­ni­bles en español desde 2017 hasta hoy.
También el índi­ce com­ple­to de todos los artí­cu­los en español, desde 2006 a 2016.

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