Después de Nicea, León apunta a Jerusalén. Ya sin el "Filioque”

Para el papa León fue "magní­fi­ca, muy sim­ple pero tam­bién pro­fun­da" la cele­bra­ción que se mue­stra en la foto adjun­ta, en memo­ria del pri­mer con­ci­lio ecu­mé­ni­co de Nicea, el 28 de noviem­bre en Iznik, el nom­bre moder­no de la ciu­dad.

Pero, cier­ta­men­te, lla­ma la aten­ción que para cele­brar un even­to de tal magni­tud, que en el 325 fijó para siem­pre el "Credo" de todas las Iglesias cri­stia­nas, no haya habi­do más de dos doce­nas de repre­sen­tan­tes de esas Iglesias, reu­ni­dos en una pequeña pla­ta­for­ma sobre las rui­nas de una anti­gua basí­li­ca, en la soli­ta­ria oril­la de un lago.

Las auto­ri­da­des tur­cas habrían ya impe­di­do por sí mismas una gran afluen­cia de fie­les, en un país don­de la pre­sen­cia cri­stia­na en el últi­mo siglo ha sido casi ani­qui­la­da, pero tam­bién las frac­tu­ras y fric­cio­nes entre las Iglesias han influi­do en la esca­sa asi­sten­cia.

En el cam­po orto­do­xo, el patriar­ca ecu­mé­ni­co de Constantinopla, Bartolomé, se había encar­ga­do de enviar las invi­ta­cio­nes : no a todas las Iglesias, sino solo a los histó­ri­cos patriar­ca­dos de Alejandría, Antioquía y Jerusalén, que jun­to con Roma y Constantinopla con­sti­tuían la "pen­tar­quía" del pri­mer mile­nio.

Y esta limi­ta­da lista de invi­ta­cio­nes deja­ba ya fue­ra a los moder­nos patriar­ca­dos de Rusia, Serbia, Rumanía, Bulgaria, Georgia, así como a las Iglesias auto­cé­fa­las de Grecia, Chipre, Albania, Polonia, Chequia y Eslovaquia, Finlandia, Ucrania, entre las cua­les era segu­ro que recha­za­rían la invi­ta­ción no solo el patriar­ca­do de Moscú, sino tam­bién las Iglesias más vin­cu­la­das a él, en rup­tu­ra con el patriar­ca­do de Constantinopla por el apoyo brin­da­do por este a la nue­va Iglesia nacio­nal ucra­nia­na.

Pero inclu­so entre los histó­ri­cos patriar­ca­dos de la "pen­tar­quía", las respue­stas fue­ron frías. En el fol­le­to de la cele­bra­ción impre­so por el Vaticano esta­ban los nom­bres de Teodoro II, Juan X y Teófilo III, patriar­cas respec­ti­va­men­te de Alejandría, Antioquía y Jerusalén, pero de los tres solo el pri­me­ro esta­ba pre­sen­te en per­so­na.

En lugar del patriar­ca de Jerusalén —que ni siquie­ra había respon­di­do a la invi­ta­ción, como reve­ló Bartolomé— esta­ba el arzo­bi­spo Nectario de Anthedona, y en lugar del de Antioquía, el metro­po­li­ta Basilio de Arcadia y del Monte Líbano.
Juan X, patriar­ca de Antioquía, ini­cial­men­te había ase­gu­ra­do su pre­sen­cia, pero una sema­na antes del even­to la can­ce­ló, pre­fi­rien­do reci­bir al papa León en el Líbano tres días después, en el encuen­tro ecu­mé­ni­co e inter­re­li­gio­so del 1 de diciem­bre en la Plaza de los Mártires de Beirut.

En la cele­bra­ción de Nicea esta­ban, ade­más, el patriar­ca de la Iglesia siro-ortodoxa de Antioquía, el Catholicos de la Iglesia siro-ortodoxa malan­kar y repre­sen­tan­tes del patriar­ca­do copto-ortodoxo de Alejandría, de la Iglesia asi­ria de Oriente, de la Iglesia apo­stó­li­ca Armenia.

Y, lue­go, había tam­bién repre­sen­tan­tes indi­vi­dua­les de angli­ca­nos, lute­ra­nos, evan­gé­li­cos, refor­ma­dos, meto­di­stas, bau­ti­stas, pen­te­co­sta­les, meno­ni­tas, vete­ro­ca­tó­li­cos, y del Consejo mun­dial de las Iglesias.

Todo esto, sin embar­go, no impi­dió a León asi­gnar a la cele­bra­ción de Nicea la razón prin­ci­pal de todo su via­je y rei­te­rar con fuer­za que en el cora­zón de su misión como Papa está pre­ci­sa­men­te la misma fina­li­dad de ese pri­mer con­ci­lio ecu­mé­ni­co : la uni­dad de la Iglesia en la fe en Cristo, ver­da­de­ro Dios y ver­da­de­ro hom­bre.

A jui­cio de León, el con­ci­lio de Nicea es más actual que nun­ca. En dos oca­sio­nes, duran­te su via­je, seña­ló en un "regre­so del arria­ni­smo" (por el nom­bre de Arrio, con­tra cuya here­jía fue con­vo­ca­do aquel con­ci­lio) un rie­sgo capi­tal para la fe de hoy.

La pri­me­ra vez en Estambul, el 28 de noviem­bre, en el discur­so que diri­gió a obi­spos, sacer­do­tes y reli­gio­sas en la cate­dral cató­li­ca del Espíritu Santo :

"Hay un desa­fío, que defi­ni­ría como un ‘regre­so del arria­ni­smo’, pre­sen­te en la cul­tu­ra actual y a veces hasta en los pro­pios creyen­tes, cuan­do se ve a Jesús con admi­ra­ción huma­na, inclu­so aún con espí­ri­tu reli­gio­so, pero sin con­si­de­rar­lo real­men­te como el Dios vivo y ver­da­de­ro pre­sen­te entre noso­tros. Su ser Dios, Señor de la histo­ria, resul­ta de esta mane­ra oscu­re­ci­do y nos limi­ta­mos a con­si­de­rar­lo un per­so­na­je histó­ri­co, un mae­stro sabio, un pro­fe­ta que ha lucha­do por la justi­cia, pero nada más. Nicea nos lo recuer­da : Cristo Jesús no es un per­so­na­je del pasa­do, es el Hijo de Dios pre­sen­te entre noso­tros que guía la histo­ria hacia el futu­ro que Dios nos ha pro­me­ti­do".

Y la segun­da vez, pocas horas después, pre­ci­sa­men­te en Nicea, en el discur­so en memo­ria de ese pri­mer con­ci­lio ecu­mé­ni­co :

"El ani­ver­sa­rio del Primer Concilio de Nicea es una valio­sa oca­sión para pre­gun­tar­nos quién es Jesucristo en la vida de las muje­res y los hom­bres de hoy, quién es para cada uno de noso­tros. Esta pre­gun­ta inter­pe­la de mane­ra par­ti­cu­lar a los cri­stia­nos, que cor­ren el rie­sgo de redu­cir a Jesucristo a una espe­cie de líder cari­smá­ti­co o supe­rhom­bre, una ter­gi­ver­sa­ción que al final con­du­ce a la tri­ste­za y la con­fu­sión. Al negar la divi­ni­dad de Cristo, Arrio lo redu­jo a un sim­ple inter­me­dia­rio entre Dios y los seres huma­nos, igno­ran­do la rea­li­dad de la Encarnación, de modo que lo divi­no y lo huma­no que­da­ron irre­me­dia­ble­men­te sepa­ra­dos. Pero si Dios no se hizo hom­bre, ¿cómo pue­den los mor­ta­les par­ti­ci­par de su vida inmor­tal ? Esto esta­ba en jue­go en Nicea y está en jue­go hoy : la fe en el Dios que, en Jesucristo, se hizo como noso­tros para hacer­nos lle­gar « a par­ti­ci­par de la natu­ra­le­za divi­na » (2 Pe 1,4)".

En Nicea, en el 325, los padres con­ci­lia­res tam­bién inten­ta­ron acor­dar una fecha común para la cele­bra­ción de la Pascua, sin lograr­lo. Y es eso lo que hoy nue­va­men­te León ha pro­pue­sto hacer —jun­to con el patriar­ca ecu­mé­ni­co Bartolomé— en diá­lo­go prin­ci­pal­men­te con las Iglesias orien­ta­les, como ya se espe­ra­ba en el apén­di­ce a la con­sti­tu­ción sobre la litur­gia del Concilio Vaticano II, y con los dos cri­te­rios fun­da­men­ta­les recor­da­dos por el docu­men­to sobre Nicea, de hace pocos meses, de la Comisión Teológica Internacional : que la Pascua sea en domin­go, el día de la resur­rec­ción de Jesús, pero que tam­bién esté cer­ca del equi­noc­cio de pri­ma­ve­ra, como ocur­re con la Pascua judía.

Pero sobre todo en Nicea, los padres acor­da­ron un tex­to del "Credo" que, con­fir­ma­do en el poste­rior con­ci­lio ecu­mé­ni­co de Constantinopla del 381, se ha con­ver­ti­do hasta hoy en el "Símbolo" intan­gi­ble de la fe cri­stia­na.

Intangible o casi. Porque el "Credo" de Nicea, que pron­to pasó a for­mar par­te de las litur­gias bau­ti­sma­les y lue­go tam­bién de las litur­gias euca­rí­sti­cas, en épo­ca caro­lin­gia tuvo la adi­ción, en la ver­sión lati­na, de un "Filioque" que hace "pro­ce­der" al Espíritu Santo no solo del Padre —como en el tex­to ori­gi­nal— sino tam­bién del Hijo.

León III, el Papa que coro­nó a Carlomagno, no apro­ba­ba esta inter­po­la­ción y no la admi­tió en las igle­sias de Roma. Pero dos siglos después, en 1014, Benedicto VIII la intro­du­jo en toda la Iglesia cató­li­ca. Donde inclu­so hoy está pre­sen­te, con la úni­ca exce­p­ción de las misas en las que el "Credo" se reci­ta o can­ta en grie­go, respe­tan­do el tex­to ori­gi­nal.

Y no en grie­go, sino en inglés, el Papa y los demás líde­res de las Iglesias lo pro­nun­cia­ron jun­tos en Iznik el 28 de noviem­bre, en una tra­duc­ción muy fiel al tex­to de Nicea y, por tan­to, sin ese "Filioque" sobre el cual León no pare­ce que­rer mostrar­se infle­xi­ble.

De hecho, el "Filioque" inser­ta­do uni­la­te­ral­men­te en el "Credo" lati­no ha sido mate­ria de con­tra­stes secu­la­res entre la Iglesia cató­li­ca y las Iglesias de Oriente, antes y después del cisma de 1054, a pesar de la suti­le­za de las argu­men­ta­cio­nes teo­ló­gi­cas en las que se basa, expli­ca­das en un muy eru­di­to docu­men­to de 1996 del dica­ste­rio vati­ca­no para la pro­mo­ción de la uni­dad de los cri­stia­nos.

Nada impi­de hoy com­par­tir las razo­nes teo­ló­gi­cas a favor del "Filioque", ni que sobre esto con­ti­núe el diá­lo­go entre Oriente y Occidente. Pero es su inser­ción en el "Credo" lo que crea difi­cul­ta­des. Y es pre­ci­sa­men­te en esto que León ha dado seña­les de que­rer inter­ve­nir.

Se intuyó por la car­ta apo­stó­li­ca "In uni­ta­te fidei" publi­ca­da por él en víspe­ras de su via­je a Nicea y diri­gi­da pre­ci­sa­men­te a expli­car —con una sim­pli­ci­dad y efi­ca­cia comu­ni­ca­ti­va raras en los docu­men­tos pon­ti­fi­cios— de qué modo ese pri­mer con­ci­lio ecu­mé­ni­co fue al "cora­zón de la fe cri­stia­na".

A la cue­stión del "Filioque", la car­ta dedi­ca pocas líneas, don­de escri­be que en el "Credo" el artí­cu­lo sobre el Espíritu Santo fue for­mu­la­do en el poste­rior con­ci­lio de Constantinopla del 381 y "así, el Credo, que desde enton­ces se lla­mó Niceno-Constantinopolitano, dice : ‘Creemos en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que pro­ce­de del Padre. Con el Padre y el Hijo es ado­ra­do y glo­ri­fi­ca­do, y ha habla­do por medio de los pro­fe­tas’". Con la refe­ren­cia, en este pun­to, a una nota al pie que dice :

"La afir­ma­ción ‘y pro­ce­de del Padre y del Hijo (Filioque)’ no se encuen­tra en el tex­to de Constantinopla ; fue incor­po­ra­da al Credo lati­no por el Papa Benedicto VIII en 1014 y es obje­to del diá­lo­go ortodoxo-católico".

Con este deseo final : "Por tan­to, debe­mos dejar atrás con­tro­ver­sias teo­ló­gi­cas que han per­di­do su razón de ser para adqui­rir un pen­sa­mien­to común y, más aún, una ora­ción común al Espíritu Santo, para que nos reú­na a todos en una sola fe y un solo amor".

Ni una pala­bra más. Pero fue sufi­cien­te esto, jun­to con la con­fia­da refe­ren­cia hecha por León en Estambul a la Comisión Mixta Internacional para el Diálogo Teológico entre la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa —que ha for­ma­do un sub­co­mi­té dedi­ca­do pre­ci­sa­men­te a la cue­stión del "Filioque"— para que un sitio web muy cer­ca­no al Patriarcado Ecuménico de Constantinopla titu­la­ra que "El Papa León XIV reco­no­ce el ‘Credo’ sin el ‘Filioque’" y para hacer pre­ver a uno de los estu­dio­sos más auto­ri­za­dos del mun­do sobre las Iglesias de Oriente, Peter Anderson, "que el ‘Filioque’ ya no for­ma­rá par­te de la misa cató­li­ca al final de este pon­ti­fi­ca­do".

En Estambul, el 29 de noviem­bre, después de la visi­ta a la Mezquita Azul en la cual no oró —y se apre­su­ró a hacer­lo saber — , León tuvo un lar­go encuen­tro a puer­ta cer­ra­da en la igle­sia siro-ortodoxa de Mor Ephrem con los repre­sen­tan­tes de las Iglesias de Oriente.

Y allí deseó que "se gene­ren nue­vos encuen­tros, como el vivi­do en Nicea, tam­bién con aquel­las Iglesias que no pudie­ron estar pre­sen­tes", alu­dien­do al patriar­ca­do de Moscú, como ya había hecho el día ante­rior en Nicea con el fir­me recha­zo del "uso de la reli­gión para justi­fi­car la guer­ra y la vio­len­cia".

Pero, sobre todo, lan­zó otra y fuer­te pro­pue­sta ecu­mé­ni­ca, sin­te­ti­za­da así por la sala de pren­sa vati­ca­na :

"León ha invi­ta­do a recor­rer jun­tos el via­je espi­ri­tual que con­du­ce al Jubileo de la Redención, en 2033, en la per­spec­ti­va de un retor­no a Jerusalén, en el cená­cu­lo, lugar de la últi­ma cena de Jesús con sus discí­pu­los, don­de les lavó los pies, y lugar de Pentecostés, un via­je que lle­ve a la ple­na uni­dad, citan­do su lema epi­sco­pal : ‘In illo Uno unum’".

León es el pri­mer Papa que se ha diri­gi­do a Nicea, don­de en el 325 su pre­de­ce­sor de la épo­ca se limi­tó a enviar dos dele­ga­dos suyos. Pero será aún más sin pre­ce­den­tes en la histo­ria esta cita pro­pue­sta por él para el 2033 en el cená­cu­lo de Jerusalén.

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Sandro Magister ha sido fir­ma histó­ri­ca, como vati­ca­ni­sta, del sema­na­rio "L'Espresso".
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