por Sandro Magister
El viaje de León XIV a África, desde Argelia a Camerún, Angola y finalmente a Guinea Ecuatorial, se ha entrelazado de hecho con una confrontación entre dos visiones opuestas del mundo : la del Papa y la de la superpotencia americana personificada por Donald Trump.
No ha sido casualidad sino una elección deliberada la de León de comenzar el viaje por la tierra de su gran maestro, Agustín de Hipona. La visión geopolítica del Papa está tan inspirada en la obra maestra de Agustín, "De civitate Dei", que precisamente sobre este libro construyó todo el discurso dirigido el 9 de enero al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, según el modelo de las dos ciudades : "la ciudad de Dios, que es eterna y está caracterizada por el amor incondicional de Dios (amor Dei), al que se une el amor al prójimo, especialmente a los pobres ; y la ciudad terrena, […] centrada en el amor orgulloso de sí mismo (amor sui), en el ansia de poder y gloria mundanos que conducen a la destrucción".
"Los cristianos —dijo— están llamados por Dios a morar en la ciudad terrena con el corazón y la mente dirigidos hacia la ciudad celestial, su verdadera patria". Y una y otra se corresponden con dos tipos diferentes de paz : la que se une a la verdad y la justicia y tiene su fuente en Cristo, y aquella buscada en ellos mismos que conduce siempre a nuevas violencias en nombre del amor propio.
Es precisamente en virtud de este contraste que la predicación del papa León ha cuestionado repetidamente al presidente de los Estados Unidos, sin mencionarlo por su nombre, pero con una referencia transparente también a él.
Con la palpable irritación de la Casa Blanca, que en ese discurso de León al cuerpo diplomático leyó el inicio de un crescendo de críticas a Trump y quiso expresar pronto su disenso al entonces nuncio vaticano en Estados Unidos, el cardenal Christophe Pierre, convocado el 22 de enero al Pentágono por el subsecretario de defensa Elbridge A. Colby, según lo revelado por Free Press a principios de abril.
Que este reproche haya sido el motivo exacto del inusual coloquio fue desmentido tanto por la nunciatura como por la embajada de los Estados Unidos ante la Santa Sede y, finalmente, también por el director de la sala de prensa vaticana Matteo Bruni. Pero que ya entonces hubiese una grave desavenencia fue confirmado por lo ocurrido después, especialmente tras el inicio de la guerra contra Irán.
El 29 de marzo, en la homilía del Domingo de Ramos, León dijo, citando al profeta Isaías, que nuestro Dios es "un Dios que rechaza la guerra, que nadie puede usar para justificar la guerra, que no escucha la oración de quien hace la guerra y la rechaza diciendo : 'Aunque multipliquéis las plegarias, yo no escucharé : vuestras manos chorrean sangre' (Isaías 1,15)".
El 7 de abril, en Castel Gandolfo, después de que Trump había amenazado con destruir a todo el pueblo de Irán y toda su civilización en una noche, el Papa dijo a los periodistas, sin esperar siquiera que le preguntaran, que "en verdad, esto no es aceptable" e invitó a "todos a orar, pero también a buscar cómo comunicarse con los miembros del Congreso, con las autoridades, para decir que no queremos la guerra, queremos la paz".
Y aún más, el 11 de abril, en la vigilia de oración por la paz convocada en San Pedro, León denunció "ese delirio de omnipotencia que a nuestro alrededor se vuelve cada vez más imprevisible y agresivo", llegando a "arrastrar en los discursos de muerte incluso el santo Nombre de Dios, el Dios de la vida" y, peor aún, a "hacer de sí mismo y del propio poder el ídolo mudo, ciego y sordo (cfr. Salmo 115,4 – 8) al que sacrificar todo valor y pretender que el mundo entero doble la rodilla".
Fue este crescendo lo que indujo a Trump a intervenir personalmente y a su manera, el 12 de abril, en vísperas de la partida del Papa hacia Argelia, con una invectiva escrita de su puño y letra en Truth, en la que comienza descalificando a León como "débil en el frente de la criminalidad y pésimo en política exterior". Prosiguiendo así :
"[León] habla del 'miedo' a la administración Trump, pero no menciona el miedo que la Iglesia católica y todas las demás organizaciones cristianas experimentaron durante el Covid, cuando arrestaban a sacerdotes, ministros y a cualquier otra persona por celebrar servicios religiosos, incluso al aire libre y manteniendo una distancia de tres o incluso seis metros. Prefiero de lejos a su hermano Louis porque es totalmente MAGA. Él lo ha entendido todo. ¡León no ! No quiero un papa que piense que es justo que Irán tenga un arma nuclear. No quiero un papa que considere terrible el hecho de que Estados Unidos haya atacado a Venezuela, un país que estaba enviando enormes cantidades de droga a Estados Unidos y, peor aún, vaciaba sus propias cárceles vertiendo en nuestro país asesinos, traficantes y criminales violentos. Y no quiero un papa que critique al presidente americano ya que estoy haciendo exactamente aquello para lo que fui elegido, con una victoria aplastante, es decir, llevar la criminalidad a mínimos históricos y crear el mayor mercado bursátil de la historia".
"León debería estarme agradecido porque, como todos saben, su nombramiento fue una sorpresa desconcertante. No figuraba en ninguna lista de papables y fue elegido por la Iglesia solo porque era americano ; se consideraba, de hecho, que esa era la mejor manera de gestionar la relación con el presidente Donald J. Trump. Si yo no estuviera en la Casa Blanca, León no estaría en el Vaticano".
"Lamentablemente, la actitud de León, demasiado débil en el frente de la criminalidad y en el de las armas nucleares, no me agrada en absoluto. Tampoco me gusta el hecho de que se reúna con simpatizantes de Obama como David Axelrod, un fracasado de la izquierda, uno de los que habrían querido ver arrestados a fieles y miembros del clero. León debería moderarse en su rol de papa, usar el sentido común, dejar de complacer a la izquierda radical y concentrarse en ser un gran papa, en lugar de un político. ¡Este comportamiento le está causando un daño gravísimo y, lo que es aún más importante, está dañando a la Iglesia católica!".
Ese mismo día, también en Truth, el presidente americano publicó una imagen que lo retrata vestido de Cristo sanando a un enfermo : imagen retirada pronto por el estallido de las protestas en el propio campo de los seguidores de Trump.
¿Y León ? En el avión que la mañana del lunes 13 de abril lo llevaba a Argelia, al encontrarse con la prensa que lo acompañaba, reaccionó con estas palabras, mencionando por primera vez el nombre del presidente americano : "No tengo miedo de la administración Trump. Continuaré hablando en voz alta del mensaje del Evangelio, aquel por el que trabaja la Iglesia. No veo mi rol como el de un político, no soy un político y no quiero entrar en un debate con él. No creo que el mensaje del Evangelio deba ser abusado como algunos están haciendo. Yo continúo hablando fuerte contra la guerra, buscando promover la paz, promoviendo el diálogo y el multilateralismo con los Estados para buscar soluciones a los problemas. Demasiada gente está sufriendo hoy, demasiados inocentes han sido asesinados y creo que alguien debe levantarse y decir que hay un camino mejor". Y respecto a la red social Truth, "verdad", en la que Trump publicó su ataque, dijo : "Es irónico el mismo nombre del sitio. No añado nada más".
Pasan pocas horas y el martes 14 de abril, en una llamada telefónica a primera hora de la mañana con la corresponsal en Nueva York del "Corriere della Sera", Trump ataca nuevamente a León : "No entiende, no debería hablar de la guerra, porque no tiene idea de lo que está sucediendo. No entiende que en Irán mataron a 42.000 manifestantes el mes pasado. No lo entiende".
Y todavía al día siguiente, en Truth, insiste en poner contra las cuerdas a León : "Que alguien le diga que Irán ha matado al menos a 42.000 manifestantes inocentes y desarmados en los últimos meses, y que la bomba atómica para Irán es absolutamente inaceptable".
Entre los políticos más cercanos a Trump, el secretario de Estado Marco Rubio, católico, se distingue por su silencio. Más locuaz aparece en cambio el vicepresidente JD Vance, también católico ferviente, que en varias intervenciones ha amonestado al Papa a "ocuparse de cuestiones morales, de lo que ocurre en la Iglesia católica, y dejar que sea el presidente de los Estados Unidos quien dicte las políticas públicas americanas". No solo eso, lo ha exhortado a "ser cauto" también "cuando habla de cuestiones teológicas", porque cuando "dice que Dios nunca está del lado de quienes blanden la espada" olvida que "hay una tradición de más de mil años de la teoría de la guerra justa".
A Vance le ha replicado el obispo James Massa, presidente de la comisión para la doctrina de la conferencia episcopal, afirmando que la guerra contra Irán no respeta en absoluto los cánones que hacen una guerra "justa", es decir, necesaria y proporcionada, como siempre ha sostenido la Iglesia católica desde Agustín en adelante.
En cuanto a Pete Hegseth, el secretario de defensa, perteneciente a la Communion of Reformed Evangelical Churches, una denominación calvinista fuertemente conservadora, no se cuentan sus referencias a Dios que combate junto a los Estados Unidos, como ya ha ocurrido otras veces, como cuando alrededor de Trump se reunieron bendiciendo los pastores evangélicos que forman parte de la Oficina para la Fe de la Casa Blanca. El 15 de abril, en una función religiosa en el Pentágono, Hegseth creyó citar en su apoyo al profeta Ezequiel (25,17), pero en realidad recitó una grotesca variación tomada de la película "Pulp Fiction" de Quentin Tarantino.
Contra este abuso de Dios como dios de la guerra, el papa León volvió a pronunciar palabras fuertes el 16 de abril en Camerún, en Bamenda, epicentro de la guerra civil que ensangrienta ese país, aludiendo también a tantas otras guerras : "Ay de quien pliega las religiones y el propio nombre de Dios a sus objetivos militares, económicos o políticos, arrastrando lo que es santo a lo que hay de más sucio y tenebroso. Sí, mis queridos hermanos y hermanas, vosotros hambrientos y sedientos de justicia, vosotros pobres, misericordiosos, mansos y puros de corazón, vosotros que habéis llorado sois la luz del mundo (cfr. Mateo 5,3 – 14). ¡Bamenda, tú eres hoy la ciudad sobre el monte, espléndida a los ojos de todos!". Porque el actual es "un mundo al revés", dijo además el Papa. "Está destruido por un puñado de tiranos" y "se mantiene en pie por una multitud de hermanos y hermanas solidarios".
León, primer papa estadounidense, sabe muy bien que la ciudad sobre el monte —o sobre la colina : "City upon a Hill"— es también lema fundacional de los Estados Unidos, acuñado por el puritano John Winthrop (1586 – 1649). Hablaba a una población africana, pero con un horizonte universal que inevitablemente comprendía también a América, siempre, sin embargo —dijo el 18 de abril el propio León en el vuelo de Camerún a Angola— manteniendo firme que "rebatir nuevamente al Presidente no está en absoluto en mi interés", tanto más con "un discurso preparado hace dos semanas, mucho antes de que el Presidente hiciera cualquier comentario sobre mí y sobre el mensaje de paz que estoy promoviendo". Con JD Vance listo, esta vez, a declararse "agradecido al papa León por haber dicho esto", ya que "desacuerdos reales ha habido y habrá", pero "la realidad es a menudo mucho más complicada" de como la narran los medios, que "alimentan constantemente los conflictos".
Y en cuanto al horizonte universal de sus llamamientos, el papa no dejó el domingo 19 de abril, en Angola, de expresar dolor por "la reciente intensificación de los ataques contra Ucrania, que continúan afectando también a los civiles", alivio por "la tregua anunciada en el Líbano" y esperanza "de que el fin de las hostilidades en todo el Medio Oriente se vuelva permanente".
En el terreno más estrictamente político, lo que más enfureció a Trump y a los suyos, mucho más que la audiencia concedida por León el 9 de abril en el Vaticano al estrecho consejero de Obama David Axelrod, fue la solicitud del Papa a los ciudadanos americanos de presionar al Congreso para contrarrestar la política y las guerras queridas por el presidente.
La invectiva de Trump contra León apuntó precisamente a complacer a esa parte de la opinión pública que en los Estados Unidos siempre ha mirado al papa católico como un extraño que hay que mantener lejos, no importa si nacido en Chicago. Mientras que, por el contrario, León se ha apoyado en la conciencia de que la política belicista de Trump suscita muchas críticas incluso entre quienes lo han apoyado hasta ahora.
Y a juzgar por lo que está ocurriendo, el Papa ha dado en el blanco.
Entre los obispos americanos, desde hace años muy divididos, más allá de las previsibles y durísimas reacciones de los cardenales progresistas Blase Cupich de Chicago, Robert McElroy de Washington y Joseph Tobin de Newark en una entrevista conjunta en el histórico programa de la CBS "60 Minutes", se han levantado críticas muy significativas también en la facción hasta ayer más comprensiva con Trump. Se han solidarizado con el Papa no solo el presidente de la conferencia episcopal, Paul Coakley, y el ordinario militar Timothy Broglio —este último llegando incluso a alentar a los soldados americanos a hacer objeción de conciencia ante órdenes de guerras injustas — , sino también el obispo de Winona-Rochester en Minnesota, Robert Barron, muy seguido en las redes sociales, solo pocos días antes recibido en la Casa Blanca como invitado de Pascua, pero ahora alineado contra el presidente, al que ha exhortado a disculparse por sus declaraciones "del todo inapropiadas e irrespetuosas".
También entre los católicos que en clara mayoría votaron para elegir a Trump, las invectivas antipapales del presidente no han gustado a muchos. Se ha hecho portavoz de ello EWTN, el mayor conglomerado de medios católicos del mundo y el primero en los Estados Unidos, de orientación marcadamente conservadora, donde uno de sus presentadores más destacados, Raymond Arroyo, no ha dudado en descalificar lo dicho por Trump : "El suyo ha sido un descuidado y francamente irrespetuoso ataque al Papa". Contundentes han sido también las críticas de la más refinada voz del pensamiento católico conservador, la revista "First Things".
Pero aún más revelador ha sido el desastroso encuentro celebrado el 15 de abril en Athens, Georgia, por Turning Point, el movimiento heredero de Charlie Kirk, el joven activista trumpista, muy religioso y gran movilizador de multitudes, asesinado en septiembre de 2025.
Para animar el encuentro, en ausencia de la viuda de Kirk, Erika, había acudido JD Vance, recién llegado de la fallida primera negociación en Islamabad con Irán. Pero en lugar de recibir aplausos, se encontró frente a una platea semivacía, preguntas incómodas y críticas inusualmente duras. Y todo ello a causa del ataque de Trump a León y de su meme en figura de Jesús sanando a los enfermos, ambos tachados de inaceptables por muchos de los intervinientes, católicos y protestantes de varias denominaciones, entre ellos Doug Wilson, cofundador de la denominación a la que pertenece el secretario de defensa Hegseth.
En definitiva, no hay señales de desplazamientos de la opinión pública a favor de Trump como efecto de su invectiva contra el papa León. Más bien, si acaso, ocurre lo contrario.
Una nota al margen. La insistencia de Trump sobre el silencio del Papa respecto a las decenas de miles de opositores indefensos ante el régimen iraní, masacrados en las calles el 8 y el 9 de enero, tiene efectivamente un correlato en la realidad.
Es cierto que no se cuentan los sentidos llamamientos de León a las víctimas civiles de los conflictos en curso, mujeres, ancianos, niños. Pero se trata siempre de llamamientos generales, nunca referidos explícitamente a Irán. Y también respecto a la cruel represión de las libertades impuesta por el régimen teocrático de Teherán, el Papa siempre ha evitado denuncias explícitas.
Pero cabe señalar que este doble silencio suyo marca ya una corrección respecto a un pasado reciente en el que la Santa Sede mantenía con Teherán una cortesía de relaciones públicas llevada al exceso, hecha solo de elogios mutuos.
Los silencios de León son el precio que paga para no poner aún más en peligro los ya mínimos espacios de libertad de los iraníes, incluidos los de fe católica. Son silencios análogos a los que ejerce con China, como también con Nicaragua, y de los cuales el secretario de Estado Pietro Parolin, discípulo de la "Ostpolitik" vaticana en la era soviética, es sagaz administrador.
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Sandro Magister ha sido firma histórica, como vaticanista, del semanario "L'Espresso".
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