Para una "reforma de la reforma" que haga las paces en la liturgia. El formidable llamamiento del cardenal Brandmüller

(s.m.) Desde la altu­ra de sus magní­fi­ca­men­te lle­va­dos 97 años, de su reco­no­ci­da com­pe­ten­cia como histo­ria­dor de la Iglesia y, más aún, de su amor incon­di­cio­nal por el "miste­rio de la Eucaristía", el car­de­nal Walter Brandmüller (en la foto de Lena Klimkeit © Picture Alliance/Dpa) lan­za un fuer­te lla­ma­mien­to a obi­spos y fie­les para que, final­men­te, se depon­gan las armas en la guer­ra de déca­das entre inno­va­do­res y tra­di­cio­na­li­stas, con la litur­gia de la Misa en el cora­zón del con­flic­to.

l tex­to de su lla­ma­mien­to el car­de­nal lo ha ofre­ci­do a Settimo Cielo, para que sea hecho públi­co, y está ínte­gra­men­te repro­du­ci­do a con­ti­nua­ción. El títu­lo tam­bién es suyo : "¡Por el amor de Dios : Deponed las armas!".

Brandmüller no lo expli­ci­ta, pero de su escri­to se despren­de la con­fian­za que depo­si­ta en León como pro­mo­tor de paz y uni­dad. Sobre una cue­stión como la litur­gia, que es capi­tal para la vida y la misión de la Iglesia y en la que el Papa ya se ha gana­do la esti­ma de muchos, por el equi­li­brio que mue­stra al que­rer abor­dar­la.

Y tam­po­co men­cio­na, el car­de­nal, las más recien­tes lla­ma­ra­das de esta guer­ra, en par­ti­cu­lar la rela­ción que el pre­fec­to del dica­ste­rio para el cul­to divi­no, Arthur Roche, había pre­pa­ra­do para el con­si­sto­rio del Papa con los car­de­na­les del 7 y 8 de ene­ro : una rela­ción muy hostil a los aman­tes de la Misa tri­den­ti­na, pero afor­tu­na­da­men­te eli­mi­na­da del orden del día del encuen­tro, pospo­nien­do el tema a momen­tos futu­ros.

Pero lo que sor­pren­de del tex­to de Brandmüller es mucho más lo dicho que lo no dicho. Al argu­men­tar su lla­ma­mien­to, entre­la­za con com­pe­ten­cia las vici­si­tu­des actua­les con los pre­ce­den­tes histó­ri­cos, la refor­ma ori­gi­na­ria del Concilio Vaticano II con las deri­vas poscon­ci­lia­res, la expe­rien­cia de los fie­les con las suti­le­zas de la teo­lo­gía. Todo ello con una escri­tu­ra bril­lan­te, capaz de cau­ti­var inclu­so a los no exper­tos.

A él la pala­bra, con la espe­ran­za de que sea con­fir­ma­da por los hechos.

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¡Por el amor de Dios : "Deponed las armas"!

por Walter Card. Brandmüller

No es con la "Sacrosanctum Concilium" del Vaticano II, sino con la apli­ca­ción después del Concilio de la refor­ma litúr­gi­ca, que se abrió una bre­cha en amplias par­tes del mun­do cató­li­co. Surgió así un mal­sa­no con­flic­to entre "pro­gre­si­stas" y "retró­gra­dos". ¿Debemos sor­pren­der­nos ? En abso­lu­to. Esto no hace más que demo­strar qué papel cen­tral ocu­pa la litur­gia en la vida de los fie­les.

El lla­ma­do "con­flic­to litúr­gi­co" no es, por lo demás, un fenó­me­no sur­gi­do sólo después del Vaticano II, ni tam­po­co exclu­si­va­men­te en el ámbi­to cató­li­co. Cuando en la Rusia orto­do­xa, en 1667, el patriar­ca Nikon y el zar Alejo I intro­du­je­ron una refor­ma litúr­gi­ca, varias comu­ni­da­des se sepa­ra­ron, algu­nas lle­gan­do inclu­so a recha­zar el pro­pio sacer­do­cio, con esci­sio­nes que per­du­ran hasta hoy.

También en el Occidente cató­li­co y pro­te­stan­te se encen­die­ron, en la épo­ca de la Ilustración, dispu­tas encar­ni­za­das respec­to a la intro­duc­ción de nue­vos him­na­rios. En la cató­li­ca Francia, la susti­tu­ción de la anti­gua litur­gia gali­ca­na por el nue­vo "Missale Romanum" a media­dos del siglo XIX encon­tró una opo­si­ción feroz.

En resu­men, en todos estos casos no se tra­ta­ba, como con Arrio o Lutero, del dog­ma, de la ver­dad reve­la­da. Tales cue­stio­nes se con­ver­tían más bien en obje­to de dispu­ta en ambien­tes inte­lec­tua­les.

Lo que toca, en cam­bio, la vida coti­dia­na de la pie­dad son los ritos, las costum­bres, las for­mas con­cre­tas de la reli­gio­si­dad vivi­da cada día. Es ahí don­de el con­flic­to se encien­de, a veces inclu­so por detal­les secun­da­rios, como varian­tes de tex­tos en him­nos u ora­cio­nes. Y cuan­to más irra­cio­nal pare­ce el moti­vo de la con­tien­da, más vio­len­ta se vuel­ve la con­fron­ta­ción.

En un ter­re­no tan mina­do no se pue­de cier­ta­men­te inter­ve­nir con una exca­va­do­ra. En la mayo­ría de los casos, no es la doc­tri­na de la fe la que se ve direc­ta­men­te afec­ta­da. Lo son el sen­ti­mien­to reli­gio­so, las que­ri­das fór­mu­las devo­cio­na­les, la costum­bre. Y esto pene­tra a menu­do más pro­fun­da­men­te que una fór­mu­la teo­ló­gi­ca abstrac­ta : por­que toca la expe­rien­cia vital.

Del mismo modo, es igual­men­te erró­neo invo­car el eslo­gan "bajo las sota­nas el olor a moho de mil años" para exi­gir demo­li­cio­nes y rup­tu­ras de la tra­di­ción, ya que ello ter­mi­na­ría por desco­no­cer no solo la esen­cia cri­stia­na, sino tam­bién la huma­na de la tra­di­ción here­da­da. Esto vale en gene­ral para cual­quier inten­to de refor­ma, tan­to más cuan­do ésta toca la prác­ti­ca reli­gio­sa coti­dia­na, como por ejem­plo la reor­ga­ni­za­ción de las par­ro­quias, que inci­de en la vida vivi­da de los fie­les.

Y, sin embar­go, sor­pren­den­te­men­te, tal descon­fian­za, o inclu­so tal recha­zo de las nove­da­des, no se mani­fe­stó cuan­do Pío XII refor­mó pri­me­ro, en 1951, la Vigilia pascual, y lue­go, en 1955, toda la litur­gia de la Semana Santa. Yo mismo lo viví per­so­nal­men­te, como semi­na­ri­sta y joven sacer­do­te. Y sal­vo reac­cio­nes per­ple­jas en algún con­tex­to rural, allí don­de estas refor­mas se apli­ca­ron con fide­li­dad fue­ron aco­gi­das con gozo­sa expec­ta­ción, si no con entu­sia­smo.

Y, con todo, hoy, a distan­cia de tiem­po, hay que pre­gun­tar­se por qué, en cam­bio, las refor­mas de Pablo VI gene­ra­ron cier­tas reac­cio­nes dema­sia­do cono­ci­das. En el pri­mer caso, la Iglesia cono­ció un impul­so litúr­gi­co ; en el segun­do, muchos vie­ron en mar­cha una rup­tu­ra litúr­gi­ca con la tra­di­ción.

Después del pon­ti­fi­ca­do de Pío XII, en diver­sos ambien­tes ecle­sia­les la elec­ción de Juan XXIII fue per­ci­bi­da como una libe­ra­ción de coer­cio­nes magi­ste­ria­les. La puer­ta se abría tam­bién al diá­lo­go con el mar­xi­smo, la filo­so­fía exi­sten­cia­li­sta, la escue­la de Frankfurt, Kant y Hegel – y con esto a un nue­vo modo radi­cal­men­te diver­so de enten­der la teo­lo­gía. Sonaba la hora del indi­vi­dua­li­smo teo­ló­gi­co, del adiós a lo que se liqui­da­ba como "tra­di­cio­na­li­smo".

Las con­se­cuen­cias para la litur­gia fue­ron gra­ves. Arbitrariedad, pro­li­fe­ra­ción, indi­vi­dua­li­smo desen­fre­na­do con­du­je­ron, en no pocos luga­res, a la susti­tu­ción de la Misa por ela­bo­ra­cio­nes per­so­na­les, reco­gi­das inclu­so en cua­der­nos de anil­las pre­pa­ra­dos por los cele­bran­tes. El resul­ta­do fue un caos litúr­gi­co y un éxo­do de la Iglesia sin pre­ce­den­tes, que a pesar de la refor­ma pau­li­na per­du­ra aún hoy.

En respue­sta sur­gie­ron gru­pos y cír­cu­los deci­di­dos a con­tra­po­ner al desor­den la fir­me fide­li­dad al "Missale Romanum" de Pío XII. Tanto más, pues, rei­na­ban por un lado la arbi­tra­rie­dad y el desor­den, cuan­to más, por el otro, se endu­re­cía el recha­zo de todo desar­rol­lo, a pesar de las expe­rien­cias posi­ti­vas ya hechas con las refor­mas de Pío XII. De este modo, tam­bién la refor­ma del misal de Pablo VI – que cier­ta­men­te no care­cía de defec­tos – encon­tró crí­ti­cas y resi­sten­cias. Y aun­que tales obje­cio­nes fue­ran a menu­do moti­va­das, no por ello eran justi­fi­ca­das. El "Novus ordo" había sido pro­mul­ga­do por el Papa : con las crí­ti­cas legí­ti­mas, debía ser aco­gi­do en obe­dien­cia.

El apó­stol Pablo escri­be que Cristo "se hizo obe­dien­te hasta la muer­te, y muer­te de cruz", y con su muer­te Él ha redi­mi­do el mun­do. Si, pues, en la cele­bra­ción euca­rí­sti­ca se hace pre­sen­te el obe­de­cer de Cristo hasta la muer­te, esta cele­bra­ción no pue­de tener lugar en la deso­be­dien­cia.

Y, no obstan­te, ¿qué suce­dió ? Para algu­nos las refor­mas no eran sufi­cien­tes : con­ti­nua­ron con su litur­gia en cua­der­nos de anil­las, fru­to de crea­ti­vi­dad indi­vi­dual. Otros, en cam­bio, opu­sie­ron la fide­li­dad a la "Misa de siem­pre", olvi­dan­do – o igno­ran­do – que el rito de la Santa Misa se ha desar­rol­la­do y tran­sfor­ma­do a lo lar­go de los siglos, asu­mien­do for­mas diver­sas tan­to en Oriente como en Occidente, según los respec­ti­vos con­tex­tos cul­tu­ra­les. En ver­dad, la úni­ca "Misa de siem­pre" se redu­ce a las pala­bras de la con­sa­gra­ción, por lo demás tran­smi­ti­das con for­mu­la­cio­nes dife­ren­tes en los Evangelios y en Pablo. Ésta, y solo ésta, es la "Misa de siem­pre". Allí don­de no se qui­so tomar con­cien­cia de ello, se ali­nea­ron las par­tes y la lucha con­ti­núa hasta nue­stros días.

No hay que olvi­dar, sin embar­go, que la litur­gia autén­ti­ca, cele­bra­da con con­cien­cia en nom­bre de la Iglesia, es en muchos luga­res una rea­li­dad pací­fi­ca y coti­dia­na. Pero que­da la pre­gun­ta : ¿cómo ha sido posi­ble un desar­rol­lo con­flic­ti­vo tan desgar­ra­dor ? Una mira­da a la histo­ria reve­la algo.

Las batal­las libra­das después del Concilio de Trento no con­cer­nían a la natu­ra­le­za de la Santa Eucaristía. El nue­vo "Missale Romanum" de Pío V se intro­du­jo gra­dual­men­te en los diver­sos paí­ses, final­men­te en la Francia de fina­les del siglo XIX, sin pro­vo­car con­flic­tos, mien­tras que anti­guos ritos loca­les, como el ambro­sia­no en Milán, o pro­pios de las órde­nes reli­gio­sas con­ti­nua­ron sin difi­cul­tad.

Fue sólo a prin­ci­pios del siglo XX, en el con­tex­to del moder­ni­smo, que resur­gió la dispu­ta sobre el sacri­fi­cio de la Misa, aho­ra no tan­to sobre el rito sino más bien sobre la esen­cia del sacri­fi­cio mismo. El estal­li­do de la pri­me­ra guer­ra mun­dial, con sus tur­ba­do­ras con­se­cuen­cias para Europa, impi­dió una solu­ción ade­cua­da, dejan­do laten­te la cue­stión irre­suel­ta bajo cuer­da. Y en los años suce­si­vos, el movi­mien­to litúr­gi­co, impor­tan­te en la posguer­ra, se ocu­pó tam­bién – sal­vo exce­p­cio­nes – no de la esen­cia, sino más bien de la eje­cu­ción de la litur­gia, en par­ti­cu­lar del sacri­fi­cio de la Misa por par­te de la comu­ni­dad de fie­les. La toma del poder por par­te de las dic­ta­du­ras comu­ni­stas, fasci­stas y nacio­nal­so­cia­li­stas, segui­da lue­go por la segun­da guer­ra mun­dial con sus con­se­cuen­cias, impi­dió aún una solu­ción defi­ni­ti­va.

Fue Pío XII quien, en medio de los pro­ble­mas de la posguer­ra y con­scien­te de las cue­stio­nes no resuel­tas rela­ti­vas al san­to sacri­fi­cio de la Misa, reto­mó el tema en su encí­cli­ca "Mediator Dei" de 1947 : rea­fir­mó y acla­ró el dog­ma del Concilio de Trento y, final­men­te, pro­por­cio­nó indi­ca­cio­nes para una digna cele­bra­ción litúr­gi­ca.

Sin embar­go, las con­tro­ver­sias no cesa­ron ; al con­tra­rio : éstas se encen­die­ron de nue­vo no tan­to sobre el rito, sino de nue­vo sobre la natu­ra­le­za del sacri­fi­cio euca­rí­sti­co. El énfa­sis exce­si­vo – hasta la ver­da­de­ra abso­lu­ti­za­ción – del carác­ter de ban­que­te de la Santa Misa con­du­jo, y con­du­ce aún, a gra­ves abu­sos litúr­gi­cos, a veces inclu­so bla­sfe­mos. Abusos naci­dos de malen­ten­di­dos fun­da­men­ta­les del miste­rio de la Eucaristía.

A esto se aña­de el hecho de que depen­de casi siem­pre de cada sacer­do­te si la Santa Misa se cele­bra según el "Novus ordo" obser­va­do escru­pu­lo­sa­men­te o si se da libre cur­so a las ideas sub­je­ti­vas de los cele­bran­tes. Los casos en que las auto­ri­da­des epi­sco­pa­les han inter­ve­ni­do con­tra los abu­sos han sido más bien raros. No se ha com­pren­di­do sufi­cien­te­men­te que esta diso­lu­ción de la uni­dad litúr­gi­ca es fru­to de la incer­ti­dum­bre o inclu­so de la pér­di­da de la fe autén­ti­ca y con­sti­tuye una ame­na­za para la uni­dad misma en la fe.

Es nece­sa­rio, pues – si se quie­ren evi­tar o sanar frac­tu­ras fata­les de la uni­dad ecle­sial – lle­gar a una paz, o al menos a una tre­gua, en el fren­te litúr­gi­co. Por esto vale reto­mar el títu­lo de la céle­bre nove­la paci­fi­sta de Bertha von Suttner, publi­ca­da desde 1889 en 37 edi­cio­nes y 15 tra­duc­cio­nes : "Die Waffen nie­der ! ":¡depo­ned las armas!.

Esto signi­fi­ca, ante todo, desar­mar el len­gua­je, cuan­do se habla de litur­gia. Del mismo modo, sería nece­sa­rio evi­tar cual­quier tipo de acu­sa­ción recí­pro­ca. Ninguna de las dos par­tes debe­ría poner en duda la serie­dad de las inten­cio­nes de la otra. En bre­ve : hay que ejer­ci­tar la tole­ran­cia y evi­tar la polé­mi­ca. Ambas par­tes debe­rían garan­ti­zar una litur­gia que respe­te escru­pu­lo­sa­men­te las respec­ti­vas nor­mas. La expe­rien­cia mue­stra que tal adver­ten­cia vale no solo para los inno­va­do­res, sino tam­bién para los par­ti­da­rios de la "Misa anti­gua".

Ambos ban­dos debe­rían estu­diar con impar­cia­li­dad el capí­tu­lo II de la con­sti­tu­ción con­ci­liar "Sacrosanctum con­ci­lium" y valo­rar a su luz los desar­rol­los suce­si­vos. Resultaría enton­ces evi­den­te hasta qué pun­to la pra­xis poscon­ci­liar se ha ale­ja­do de la con­sti­tu­ción, a la cual, no hay que olvi­dar­lo, se adhi­rió tam­bién el arzo­bi­spo Marcel Lefebvre.

Solo así, en el silen­cio y con gran pacien­cia, se podrá tra­ba­jar en una refor­ma de la refor­ma, que cor­re­spon­da real­men­te a las dispo­si­cio­nes de la "Sacrosanctum con­ci­lium". Podrá enton­ces lle­gar el momen­to en que se pre­sen­te una refor­ma capaz de hon­rar las deman­das de ambas par­tes.

Pero hasta enton­ces, una vez más, por el amor de Dios : "¡Deponed las armas!"

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Sandro Magister ha sido fir­ma histó­ri­ca, como vati­ca­ni­sta, del sema­na­rio "L'Espresso".
Los últi­mos artí­cu­los en español de su blog Settimo Cielo están enesta pági­na.
Todos los artí­cu­los de su blog Settimo Cielo están dispo­ni­bles en españoldesde 2017 hasta hoy.
También el índi­ce com­ple­to de todos los artí­cu­los en español,desde 2006 a 2016.

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