Martirio y legítima defensa. Los dos caminos hacia la paz predicados por el papa León

No es fácil enten­der en pro­fun­di­dad a León XIV cuan­do habla de paz.
La ha invo­ca­do como "desar­ma­da y desar­man­te" en su pri­mer salu­do tras su elec­ción como Papa y lue­go en nume­ro­sas oca­sio­nes. Un bino­mio suge­ren­te pero difí­cil de apli­car a las muchas guer­ras en cur­so en el mun­do.

Pero tam­bién la ha invo­ca­do como "sil­ve­stre", en el solem­ne men­sa­je "urbi et orbi" del día de Navidad (en la foto), citan­do al poe­ta judío e israe­lí Yehuda Amichai (1924 – 2000) de una anto­lo­gía suya publi­ca­da en Estados Unidos : "Que sea como flo­res sil­ve­stres, de repen­te, por nece­si­dad del cam­po : una paz sil­ve­stre".

"Amichai no cree en la paz como mila­gro", comen­tó Sara Ferrari, pro­fe­so­ra de hebreo en la Universidad Estatal de Milán y estu­dio­sa del poe­ta. "La ver­da­de­ra paz no nace de la ino­cen­cia, sino de la con­cien­cia de saber hacer el mal. Es un men­sa­je radi­cal­men­te bíbli­co".

Y que el mal inva­da la tier­ra es una rea­li­dad que León no ate­núa. En la homi­lía de Navidad, del día en que "el Verbo ha esta­ble­ci­do su tien­da frá­gil entre noso­tros", pro­si­guió inme­dia­ta­men­te así :

"¿Y cómo no pen­sar en las tien­das de Gaza, expue­stas duran­te sema­nas a la llu­via, al vien­to y al frío, y en las de tan­tos otros despla­za­dos y refu­gia­dos en cada con­ti­nen­te, o en los refu­gios impro­vi­sa­dos de miles de per­so­nas sin hogar en nue­stras ciu­da­des ? Frágil es la car­ne de las pobla­cio­nes inde­fen­sas, pro­ba­das por tan­tas guer­ras en cur­so o ter­mi­na­das dejan­do escom­bros y heri­das abier­tas. Frágiles son las men­tes y las vidas de los jóve­nes obli­ga­dos a tomar las armas que, estan­do en el fren­te, advier­ten la insen­sa­tez de lo que se les pide y la men­ti­ra que impre­gna los discur­sos rim­bom­ban­tes de quien los man­da a morir".

No sor­pren­de que muchas pala­bras del papa León, como estas últi­mas sobre los muchos sol­da­dos obli­ga­dos insen­sa­ta­men­te a com­ba­tir o como aquel­las con­tra la car­re­ra desen­fre­na­da de arma­men­tos, sean reco­gi­das y relan­za­das por las cor­rien­tes paci­fi­stas, cató­li­cas y no, en apoyo de sus tesis. En par­ti­cu­lar, para los paci­fi­stas ha sido un amplio cam­po de sie­ga el men­sa­je papal para la jor­na­da mun­dial de la paz del 1 de ene­ro, den­so de invec­ti­vas con­tra un rear­me impul­sa­do "mucho más allá del prin­ci­pio de legí­ti­ma defen­sa".

Pero, pre­ci­sa­men­te, basta esta refe­ren­cia a la "legí­ti­ma defen­sa" para recon­du­cir la con­de­na de las armas expre­sa­da por León den­tro de los lími­tes de la bimi­le­na­ria doc­tri­na de la Iglesia sobre la paz y la guer­ra.

Así como no pue­de car­gar­se sobre los sol­da­dos ucra­nia­nos que heroi­ca­men­te desde hace cua­tro años sacri­fi­can sus vidas para defen­der de la agre­sión a su nación y a Europa "la men­ti­ra de quien los man­da a morir", impu­ta­ble en cam­bio al agre­sor, a Rusia.

En sus discur­sos y homi­lías, el papa León evi­ta expli­ci­tar con nom­bres y apel­li­dos a quién se refie­ren sus crí­ti­cas seve­ras. Pero no hay nin­gu­na duda de que cuan­do denun­ció con fuer­za, en la homi­lía de las víspe­ras de fin de año, aquel­las "estra­te­gias que buscan con­qui­star mer­ca­dos, ter­ri­to­rios, zonas de influen­cia, estra­te­gias arma­das, reve­sti­das de discur­sos hipó­cri­tas, de pro­cla­mas ideo­ló­gi­cas, de fal­sos moti­vos reli­gio­sos" no se refe­ría a Ucrania o a Europa sino a Rusia, a Vladimir Putin y al patriar­ca Kiril, como tam­bién a quien man­da en la Casa Blanca.

Para disi­par cual­quier equí­vo­co sobre lo que él pien­sa, León ha adop­ta­do una for­ma de comu­ni­ca­ción acce­so­ria que tie­ne lugar casi todos los mar­tes por la noche, a su regre­so a Roma tras el día de descan­so que pasa en Castel Gandolfo. En un rápi­do e inten­cio­na­do encuen­tro con los perio­di­stas antes de subir al coche, se ofre­ce a sus pre­gun­tas sobre los acon­te­ci­mien­tos de actua­li­dad. A las que respon­de con pala­bras sobrias pero cla­ras, o a veces tam­bién con un silen­cio del cual, sin embar­go, pro­por­cio­na la moti­va­ción.

Por ejem­plo, el 9 de diciem­bre, tras haber reci­bi­do pre­ci­sa­men­te en Castel Gandolfo al pre­si­den­te ucra­nia­no Volodymyr Zelensky, el Papa dijo respec­to a los niños ucra­nia­nos depor­ta­dos a Rusia que el tra­ba­jo de la Santa Sede "se lle­va a cabo entre basti­do­res" y "desa­for­tu­na­da­men­te es muy len­to". Y "por lo tan­to pre­fie­ro no comen­tar, pero seguir tra­ba­jan­do en esto, para tra­tar de devol­ver a esos niños a sus casas, a sus fami­lias".

Mientras que respec­to al ini­cial plan de paz en 28 pun­tos pro­pue­sto por Donald Trump en evi­den­te acuer­do con Vladimir Putin respon­dió que no lo había leí­do en su tota­li­dad pero, "desa­for­tu­na­da­men­te, creo que algu­nas par­tes de lo que he visto supo­nen un enor­me cam­bio en lo que duran­te muchos, muchos años, ha sido una ver­da­de­ra alian­za entre Europa y Estados Unidos. Pienso de hecho que el rol de Europa es muy impor­tan­te, espe­cial­men­te en este caso. Buscar un acuer­do de paz sin incluir a Europa en las con­ver­sa­cio­nes no es rea­li­sta. La guer­ra está en Europa y pien­so que sobre las garan­tías de segu­ri­dad que se buscan hoy y en el futu­ro Europa debe for­mar par­te. Desafortunadamente no todos entien­den esto".

Es evi­den­te que las "garan­tías de segu­ri­dad" invo­ca­das por León para Ucrania y Europa están com­pue­stas en gran medi­da por armas y ejér­ci­tos. Pero hay tam­bién a menu­do en el Papa una refe­ren­cia a otro cami­no hacia la paz, que ha evo­ca­do así, por ejem­plo, en el Ángelus de la fie­sta de San Esteban, el pro­to­már­tir : "Quienes hoy creen en la paz y han ele­gi­do el cami­no desar­ma­do de Jesús y de los már­ti­res, son a menu­do ridi­cu­li­za­dos, exclui­dos del deba­te públi­co y, no pocas veces, acu­sa­dos de favo­re­cer a adver­sa­rios y ene­mi­gos".

Existe por lo tan­to en la pre­di­ca­ción de León una distin­ción fun­da­men­tal entre una paz "desar­ma­da" enten­di­da como una elec­ción estric­ta­men­te per­so­nal, que pue­de lle­gar hasta el sacri­fi­cio de sí mismo como hizo Jesús en la cruz, en la bur­la del mun­do, y una paz "desar­ma­da y desar­man­te" que en cam­bio debe buscar­se en el ámbi­to civil, por el bien de todos, para que la fuer­za del dere­cho se impon­ga a la fuer­za de las armas.

Flavio Felice, pre­si­den­te del cen­tro de estu­dios Tocqueville-Acton y pro­fe­sor de histo­ria de las doc­tri­nas polí­ti­cas en varias uni­ver­si­da­des de Europa y América, entre ellas la Pontificia Universidad Gregoriana, ha ilu­stra­do con cla­ri­dad tal distin­ción en una nota en "Il Foglio" del 2 de ene­ro. En la que escri­bió, entre otras cosas :

"El mar­ti­rio es un acto supre­mo de la con­cien­cia que com­pro­me­te a la per­so­na que lo eli­ge, cuyas con­se­cuen­cias no pue­den sino recaer sobre ella misma. No se pue­de, por lo tan­to, ele­gir el mar­ti­rio de los demás. Si un her­ma­no está sien­do ata­ca­do, omi­tir socor­rer­lo en nom­bre de la paz signi­fi­ca sim­ple­men­te con­de­nar­lo a la der­ro­ta. No hay nin­gu­na noble­za en una omi­sión de socor­ro seme­jan­te y el resul­ta­do de tal omi­sión no será la paz 'desar­man­te' sino un orden cri­mi­nal y de cemen­te­rio en el cual el ver­du­go habrá ven­ci­do a la víc­ti­ma".

En un hori­zon­te civil, en cam­bio, y a la luz de la doc­tri­na social de la Iglesia, la paz "desar­ma­da y desar­man­te" invo­ca­da por León "pue­de nacer tam­bién de la legí­ti­ma defen­sa y de la disua­sión para que el ver­du­go no ven­za a la víc­ti­ma, y ope­ran­do por un orde­na­mien­to insti­tu­cio­nal que haga impro­ba­ble el recur­so a la guer­ra y reem­pla­ce la fuer­za bru­ta por el dere­cho".

Son con­si­de­ra­cio­nes, estas del pro­fe­sor Felice, que coin­ci­den con las de otro renom­bra­do ana­li­sta polí­ti­co, que en el últi­mo núme­ro de la pre­sti­gio­sa revi­sta cató­li­ca pro­gre­si­sta "Il Regno", diri­gi­da por él desde 2011, con­cluye así su edi­to­rial :

"Cuando el anun­cio cri­stia­no afir­ma la paz como sín­te­sis de todos los bie­nes mesiá­ni­cos, no nie­ga la histo­ria y su rea­li­dad. Y cuan­do la rea­li­dad es una rea­li­dad de mal, ese mal debe ser com­ba­ti­do con todo medio moral y jurí­di­ca­men­te líci­to. Existe un dere­cho a la vida, comen­zan­do por uno mismo. Es legí­ti­mo – es el magi­ste­rio de la Iglesia el que lo afir­ma – hacer respe­tar el pro­pio dere­cho a la vida. Y este dere­cho se con­vier­te en un deber respec­to a los demás, espe­cial­men­te para quien tie­ne respon­sa­bi­li­da­des públi­cas, como enseña la 'Gaudium et spes'. Por eso la legí­ti­ma defen­sa, ade­más de un dere­cho, pue­de ser tam­bién un gra­ve deber, para quien es insti­tu­cio­nal­men­te respon­sa­ble de la vida aje­na. La defen­sa de la vida de pobla­cio­nes ente­ras – en razón de su debi­li­dad e impo­ten­cia – exi­ge que se pon­ga al agre­sor en esta­do de no dañar, con el recur­so, si es nece­sa­rio, inclu­so a la fuer­za. No inter­ve­nir, pudien­do hacer­lo, con­fi­gu­ra una com­pli­ci­dad omi­si­va y por lo tan­to una cul­pa. El cri­stia­no no pue­de cola­bo­rar con el mal. Lo que suce­dió en Europa a cau­sa de opor­tu­ni­smos, omi­sio­nes y mie­dos en los años trein­ta del siglo XX lo hemos expe­ri­men­ta­do : tie­ne un olor acre y un color gris-ceniza".

El papa León no se hace ilu­sio­nes. Pero tam­po­co es débil. Ha rea­fir­ma­do varias veces, inclu­so en la con­ver­sa­ción del 9 de diciem­bre con los perio­di­stas, que "la Santa Sede está dispo­ni­ble para ofre­cer espa­cio y opor­tu­ni­da­des para nego­cia­cio­nes". Y cuan­do tal ofer­ta no es acep­ta­da – como ocur­re de hecho – ha rei­te­ra­do que "esta­mos dispo­ni­bles para buscar una solu­ción y una paz, dura­de­ra y tam­bién justa".

Porque un rol espe­cial la Santa Sede lo tie­ne, para una paz "desar­ma­da y desar­man­te", y León cier­ta­men­te no quie­re renun­ciar a él. "La Santa Sede no se pro­po­ne como un actor geo­po­lí­ti­co entre otros, sino como una con­cien­cia crí­ti­ca del siste­ma inter­na­cio­nal, es la cen­ti­ne­la en la noche que ve ya el ama­ne­cer, que lla­ma a la respon­sa­bi­li­dad, al dere­cho y a la cen­tra­li­dad de la per­so­na", qui­so decir tam­bién el arzo­bi­spo Paul Richard Gallagher, secre­ta­rio vati­ca­no para las rela­cio­nes con los Estados, mini­stro de exte­rio­res de la Santa Sede, en una entre­vi­sta del 1 de ene­ro a la agen­cia SIR de la con­fe­ren­cia epi­sco­pal ita­lia­na.

Pero sobre todo, vale para el papa León la visión gran­dio­sa del "De civi­ta­te Dei" de San Agustín, de las dos ciu­da­des que coe­xi­sten en la histo­ria y en la con­cien­cia de cada hom­bre : la ciu­dad de Dios "que es eter­na y carac­te­ri­za­da por el amor incon­di­cio­nal de Dios al que está uni­do el amor al pró­ji­mo" y la ciu­dad ter­re­na "cen­tra­da en el amor orgul­lo­so de sí, en la avi­dez de poder y glo­ria mun­da­nos que con­du­cen a la destruc­ción".

De las dos ciu­da­des, León habló amplia­men­te en el discur­so anual al cuer­po diplo­má­ti­co, pro­nun­cia­do por él el vier­nes 9 de ene­ro. Agustín, dijo el Papa, "seña­la que los cri­stia­nos son lla­ma­dos por Dios a resi­dir en la ciu­dad ter­re­na con el cora­zón y la men­te orien­ta­dos hacia la ciu­dad cele­ste, su ver­da­de­ra patria. Sin embar­go, el cri­stia­no, vivien­do en la ciu­dad ter­re­na, no es aje­no al mun­do polí­ti­co, y busca apli­car la éti­ca cri­stia­na, inspi­ra­da en las Escrituras, al gobier­no civil".

El dere­cho huma­ni­ta­rio respe­ta­do inclu­so en la guer­ra, la vera­ci­dad de las pala­bras en las rela­cio­nes entre los Estados y en la comu­ni­ca­ción, la liber­tad de expre­sión, la liber­tad de con­cien­cia, la liber­tad reli­gio­sa como "el pri­me­ro de los dere­chos del hom­bre", la invio­la­bi­li­dad de la vida desde su naci­mien­to hasta su muer­te son los fru­tos de esta mira­da a la ciu­dad cele­stial, a la que, sin embar­go, "nue­stro tiem­po pare­ce más bien incli­na­do a negar el dere­cho de ciu­da­da­nía", dijo el Papa a los diplo­má­ti­cos.

En cada uno de estos pun­tos, como en muchos otros, León se expre­só con su trans­pa­ren­cia carac­te­rí­sti­ca. Respecto a la per­se­cu­ción de los cri­stia­nos —"uno de cada sie­te" — , no igno­ró la "vio­len­cia yiha­di­sta". Respecto al "cor­to­cir­cui­to de los dere­chos huma­nos", denun­ció la "limi­ta­ción, en nom­bre de otros supue­stos nue­vos dere­chos", de las liber­ta­des fun­da­men­ta­les de con­cien­cia, reli­gión e inclu­so de vida. En cuan­to a la liber­tad de expre­sión, advir­tió con­tra "un nue­vo len­gua­je, con tin­tes orwel­lia­nos, que, en su afán de ser cada vez más inclu­si­vo, ter­mi­na excluyen­do a quie­nes no se aju­stan a las ideo­lo­gías que lo inspi­ran". Sobre el con­flic­to israelí-palestino, hizo un lla­ma­mien­to a la paz y la justi­cia para ambos pue­blos en sus respec­ti­vos ter­ri­to­rios. Y respec­to a Ucrania, denun­ció "la car­ga de sufri­mien­to infli­gi­da a la pobla­ción civil", con "la destruc­ción de hospi­ta­les, infrae­struc­tu­ra ener­gé­ti­ca y vivien­das", tras "un acto de fuer­za para vio­lar las fron­te­ras de otros".

Un discur­so que vale la pena leer, casi un mani­fie­sto de su pon­ti­fi­ca­do, este de León del 9 de ene­ro, con su relec­tu­ra del gran Agustín apli­ca­da al mun­do de hoy, en el que « la guer­ra vuel­ve a estar de moda y se extien­de un fer­vor béli­co ».

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Sandro Magister ha sido fir­ma histó­ri­ca, como vati­ca­ni­sta, del sema­na­rio "L'Espresso".
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