En Ucrania, Rusia busca ahora causar daño sobre todo a los civiles. La respuesta de la Iglesia

Si de ver­dad se quie­re com­pren­der a fon­do el jui­cio de León XIV sobre la guer­ra en Ucrania, es impre­scin­di­ble leer las diez pági­nas que le dedi­ca el últi­mo cua­der­no de « La Civiltà Cattolica », la revi­sta de los jesui­tas de Roma que se publi­ca siem­pre con la revi­sión pre­via de la Secretaría de Estado y, a menu­do, del pro­pio Papa.

El artí­cu­lo se titu­la « Ucrania y los costes huma­nos del con­flic­to ». Trata pre­ci­sa­men­te de los efec­tos sobre la pobla­ción del giro que la ofen­si­va rusa ha dado en los últi­mos tiem­pos : ata­ques siste­má­ti­cos ya no solo en la línea del fren­te, sino con­tra las ciu­da­des y los pue­blos de todo el país, empe­zan­do por la capi­tal, Kyiv, con lan­za­mien­tos ince­san­tes de dro­nes y misi­les con­tra la vida coti­dia­na de los civi­les, para doble­gar su resi­sten­cia.

Hasta aho­ra, « sin que sur­jan seña­les de un desmo­ro­na­mien­to inmi­nen­te », escri­be el autor del artí­cu­lo, el jesui­ta y psi­có­lo­go Norbert Frejek. Al con­tra­rio, « los habi­tan­tes de las zonas afec­ta­das siguen mostran­do una nota­ble for­ta­le­za inte­rior y tena­ci­dad », tras casi cin­co años de resi­sten­cia inin­ter­rum­pi­da a la inva­sión rusa, que « desde febre­ro de 2022 hasta hoy solo ha con­qui­sta­do el 3 % del ter­ri­to­rio ucra­nia­no », ade­más de lo ya ane­xio­na­do por la fuer­za desde 2014, lo que suma en total un 20 % del ter­ri­to­rio, inclui­da Crimea.

Sobre la inva­sión rusa y la con­si­guien­te resi­sten­cia ucra­nia­na, el jui­cio es tajan­te. Ucrania « lucha por pre­ser­var su inde­pen­den­cia den­tro de las fron­te­ras reco­no­ci­das inter­na­cio­nal­men­te ». Y « la asi­sten­cia mili­tar » a la nación agre­di­da, « así como el apoyo finan­cie­ro y huma­ni­ta­rio pro­ce­den­te de diver­sas par­tes, desem­peñan en este con­tex­to un papel esen­cial ».

La indó­mi­ta resi­sten­cia de la nación agre­di­da, escri­be Frejek, « hun­de sus raí­ces en la com­ple­ja histo­ria de Ucrania, un país que ha teni­do que luchar por su inde­pen­den­cia y que que­dó mar­ca­do por la gran ham­bru­na de los años trein­ta, cuan­do el poder sovié­ti­co dejó morir de ham­bre, de for­ma siste­má­ti­ca, a varios mil­lo­nes de per­so­nas ».

Ucrania, jun­to con los paí­ses bál­ti­cos, « fue una de las repú­bli­cas exso­vié­ti­cas que tra­ta­ron de sacar el máxi­mo pro­ve­cho del colap­so de la Unión Soviética y de con­sti­tuir rápi­da­men­te un Estado inde­pen­dien­te ». Mientras tan­to, la Rusia de Vladimir Putin, por el con­tra­rio, rea­vi­va­ba sus ambi­cio­nes neoim­pe­ria­les, hasta el pun­to de decla­rar la guer­ra a la nación que había esca­pa­do a su domi­nio. Escribe Frejek : « Como ya obser­vó hace muchos años el inve­sti­ga­dor ucra­nia­no Mykola Riabchuk en su reseña de la obra “Russischer Zentralismus und ukrai­ni­sche Autonomie”, de Zenon Kohut, el cho­que entre los dos siste­mas polí­ti­cos era ine­vi­ta­ble : la repú­bli­ca cosa­ca no podía coe­xi­stir con la auto­cra­cia, del mismo modo que los prin­ci­pios del dere­cho roma­no no podían con­ci­liar­se con el despo­ti­smo asiá­ti­co ».

Es a la luz de estos jui­cios de fon­do como deben com­pren­der­se mejor las pala­bras del papa León sobre la guer­ra en Ucrania, por ejem­plo, las pro­nun­cia­das tras el Ángelus del domin­go 6 de sep­tiem­bre :

« Con el áni­mo afli­gi­do he segui­do las noti­cias de los vio­len­tos ata­ques que han gol­pea­do recien­te­men­te varias ciu­da­des e infrae­struc­tu­ras civi­les en Ucrania, cau­san­do la muer­te de per­so­nas ino­cen­tes. Mi cora­zón se une al sufri­mien­to de la pobla­ción, que desde hace años vive en la angu­stia y el mie­do. Dirijo un nue­vo lla­ma­mien­to a poner fin a la vio­len­cia, a dete­ner la destruc­ción, a abrir los cora­zo­nes al diá­lo­go y a la paz ».

El artí­cu­lo de Frejek en « La Civiltà Cattolica » está dedi­ca­do pre­ci­sa­men­te al « sufri­mien­to de la pobla­ción » evo­ca­do por el Papa. Junto con otros jesui­tas, Frejek fun­dó en otoño de 2024 en Chernivtsí, en la Bucovina ucra­nia­na, con el nom­bre de Space of Hope, un cen­tro de asi­sten­cia psi­co­ló­gi­ca y espi­ri­tual diri­gi­do a las per­so­nas afec­ta­das por la guer­ra que, « aun man­te­nien­do su resi­sten­cia y capa­ci­dad de aguan­te, mani­fie­stan un fuer­te ago­ta­mien­to psi­co­ló­gi­co ».

En efec­to, « ade­más de los esta­dos de ansie­dad gene­ra­dos por los ata­ques fre­cuen­tes, a veces dia­rios, con dro­nes y misi­les, muchas per­so­nas en Ucrania sufren tam­bién tra­stor­no de estrés postrau­má­ti­co ».

« Las víc­ti­mas más fre­cuen­tes —escri­be Frejek— son los sol­da­dos desti­na­dos en el fren­te ; sin embar­go, la guer­ra actual ha mostra­do que el tra­stor­no de estrés postrau­má­ti­co afec­ta tam­bién a las madres y espo­sas que espe­ran el regre­so de sus hijos y mari­dos, así como a los fami­lia­res de quie­nes ya no vol­ve­rán. Este tra­stor­no es una for­ma de respue­sta a un trau­ma, es decir, a un acon­te­ci­mien­to extre­ma­da­men­te estre­san­te que supe­ra la capa­ci­dad de una per­so­na para hacer­le fren­te y adap­tar­se a la situa­ción. En otras pala­bras, la per­so­na ya no logra inte­grar en su inte­rior una expe­rien­cia tan dolo­ro­sa ».

En par­ti­cu­lar, quie­nes sien­ten rabia y descon­cier­to son aquel­los que reci­ben la noti­cia de la muer­te de un ser que­ri­do. Experimentan « la sen­sa­ción de que una par­te esen­cial de su vida ha desa­pa­re­ci­do de repen­te ». Y se encier­ran en sí mismos, con « la idea de que con­tar la pro­pia vida a un extraño susci­ta descon­fian­za » : una heren­cia, tam­bién esta, de la épo­ca sovié­ti­ca, « que enseñó a gene­ra­cio­nes ente­ras a ser cau­te­lo­sas y a vigi­lar lo que se comu­ni­ca a los demás ».

« Entre los sen­ti­mien­tos más fre­cuen­tes en los fami­lia­res de los sol­da­dos —pro­si­gue Frejek — , ade­más del mie­do, está la per­ce­p­ción de que estos hom­bres lle­van una car­ga que podría apla­star­los. Ante per­so­nas que pare­cen sopor­tar un peso tan ago­bian­te, se tien­de a menu­do a tomar distan­cia, casi a huir, para evi­tar que ese peso pue­da tra­sla­dar­se a quie­nes están a su lado. Esta diná­mi­ca recuer­da, en cier­tos aspec­tos, la acti­tud que duran­te siglos carac­te­ri­zó la rela­ción con los enfer­mos de lepra ».

Y lue­go están los niños, que « a menu­do solo com­pren­den al cabo de mucho tiem­po que su padre no se ha ido sim­ple­men­te de via­je lar­go, sino que no vol­ve­rá nun­ca a casa ».

En defi­ni­ti­va, « las imá­ge­nes de una joven viu­da, de una madre o de un hijo ado­le­scen­te que reci­ben con ente­re­za la noti­cia de la muer­te de un ser que­ri­do caí­do en el fren­te per­te­ne­cen más a la fic­ción cine­ma­to­grá­fi­ca que a la rea­li­dad ».

Entre los cen­tros que ofre­cen apoyo psi­co­ló­gi­co y espi­ri­tual a la pobla­ción ucra­nia­na afec­ta­da por la guer­ra, Frejek cita, ade­más de Space of Hope, el Servicio Jesuita a Refugiados de los jesui­tas de Leópolis, acti­vo sobre todo con los flu­jos de migra­ción inter­na pro­ce­den­tes de las regio­nes afec­ta­das por los com­ba­tes u ocu­pa­das por el ejér­ci­to ruso. A ellos se suman los capel­la­nes mili­ta­res, unos 500, per­te­ne­cien­tes a 13 con­fe­sio­nes reli­gio­sas.

« En nue­stro tra­ba­jo de acom­paña­mien­to encon­tra­mos inspi­ra­ción en dos citas bíbli­cas », escri­be Frejek. « La pri­me­ra pro­ce­de de la segun­da car­ta de Pablo a los Corintios : “¡Bendito sea el Dios y Padre de nue­stro Señor Jesucristo, Padre de las mise­ri­cor­dias y Dios de todo con­sue­lo, que nos con­sue­la en cual­quier tri­bu­la­ción nue­stra hasta el pun­to de poder con­so­lar noso­tros a los demás en cual­quier lucha, median­te el con­sue­lo con que noso­tros mismos somos con­so­la­dos por Dios!” (2 Cor 1,3 – 4). La segun­da pro­ce­de del libro de Isaías : “Sus cica­tri­ces nos cura­ron” (Is 53,5)».

Y con­cluye : « Trabajando con estas per­so­nas que sufren, tra­ta­mos de ayu­dar­las a recu­pe­rar un futu­ro, a devol­ver un sen­ti­do a la vida ».

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En la foto supe­rior, con copy­right de Evgeniy Maloletka / AP, el edi­fi­cio de cin­co plan­tas destrui­do el 7 de octu­bre por un misil ruso en Pryluky, en el nor­te de Ucrania, con 22 muer­tos, entre ellos cin­co niños, y 54 heri­dos.

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Sandro Magister ha sido fir­ma histó­ri­ca, como vati­ca­ni­sta, del sema­na­rio "L'Espresso".
Los últi­mos artí­cu­los en español de su blog Settimo Cielo están en esta pági­na.
Todos los artí­cu­los de su blog Settimo Cielo están dispo­ni­bles en español desde 2017 hasta hoy.
También el índi­ce com­ple­to de todos los artí­cu­los en español, desde 2006 a 2016.

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