El "estatalismo pacifista" de León, bajo la mirada crítica de un politólogo. Nuevo capítulo del debate abierto por Orsina

(s.m.) El ensayo del histo­ria­dor de la polí­ti­ca Giovanni Orsina, publi­ca­do nue­va­men­te el 1 de sep­tiem­bre por Settimo Cielo, con su crí­ti­ca cer­ra­da de la "moral sin polí­ti­ca" que con­sti­tui­ría el lími­te de la pre­di­ca­ción de paz del papa León, ha ani­ma­do un deba­te de gran rele­van­cia entre estu­dio­sos de la polí­ti­ca y de la histo­ria con­tem­po­rá­nea.

Hoy inter­vie­ne en diá­lo­go con Orsina Antonio Caragliu, abo­ga­do del foro de Trieste, ensay­i­sta y miem­bro de la Unión de Juristas Católicos Italianos.

Al ana­li­zar "Magnifica huma­ni­tas", Caragliu obser­va que —a dife­ren­cia de lo que en ella lee Orsina— no fal­ta en abso­lu­to, por par­te del Papa, el reco­no­ci­mien­to del poder sobe­ra­no ; al con­tra­rio, hay en ella una exal­ta­ción del para­dig­ma esta­tal, inclui­da la coac­ción ejer­ci­da sobre los acto­res pri­va­dos, en pri­mer lugar, los crea­do­res de la inte­li­gen­cia arti­fi­cial, con vistas al bien común.

A jui­cio de Caragliu, para León el con­trol esta­tal no es el pro­ble­ma, sino la solu­ción, aun­que desa­for­tu­na­da­men­te "madu­ra­da de for­ma defi­cien­te en doc­tri­na social por par­te de una 'secre­ta­ría de Estado': es decir, a medi­da de un dica­ste­rio tan inmer­so en la rela­ción con los Estados que ya no con­si­gue cap­tar sus matri­ces ideo­ló­gi­cas distor­sio­na­do­ras".

En defi­ni­ti­va, habría en León un exce­so de esta­ta­li­smo, en lugar de una salu­da­ble desmi­ti­fi­ca­ción del mismo, en la línea de la "tra­di­cio­nal cul­tu­ra polí­ti­ca de los demo­cri­stia­nos".

En la foto­gra­fía, el Papa apa­re­ce jun­to a Chris Olah, cofun­da­dor de Anthropic, a quien con­vo­có al Vaticano para pre­sen­tar "Magnifica huma­ni­tas" y con quien después se reu­nió en Castel Gandolfo.

Cedemos la pala­bra a Caragliu.

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"Magnifica humanitas": desarmada frente a los Estados y desarmante para los actores privados

por Antonio Caragliu

El ensayo de Giovanni Orsina con­tie­ne intui­cio­nes pene­tran­tes, pero con­si­de­ro que su lec­tu­ra gene­ral de "Magnifica huma­ni­tas" está, al menos en par­te, distor­sio­na­da por la ado­p­ción de una pre­ci­sa per­spec­ti­va filosófico-política, que encuen­tro ilu­stra­da en un bril­lan­te ensayo de Giovanni Spadolini de 1950, "El papa­do socia­li­sta".

En dicho ensayo, Spadolini, enton­ces poco más que vein­teañe­ro, obser­va que el cato­li­ci­smo social y el comu­ni­smo tie­nen como ene­mi­go común al libe­ra­li­smo.

Para ser pre­ci­sos, a lo que él se refie­re es al libe­ra­li­smo del Risorgimento, imbui­do de un cier­to hege­lia­ni­smo histo­ri­ci­sta, que con­ci­be "el Estado moder­no como ente autó­no­mo y auto­su­fi­cien­te, dota­do de con­cien­cia y de ley moral pro­pia" y reco­no­ce "la for­ma histó­ri­ca del Estado en la nación, una lucha per­ma­nen­te de Estados en el mun­do".

A esta con­ce­p­ción veía él que se opo­nía el socia­li­smo cató­li­co que, dife­ren­cián­do­se del socia­li­smo mar­xi­sta moder­no carac­te­ri­za­do por la lucha entre cla­ses, nie­ga el prin­ci­pio mismo de la lucha, que rige tan­to el Estado moder­no como el capi­ta­li­smo, y "resuel­ve la lucha, disuel­ve el Estado en sí mismo". La Iglesia —expli­ca­ba Spadolini— se ha opue­sto siem­pre a la reduc­ción de la exi­sten­cia bajo las cate­go­rías de la guer­ra, la lucha de cla­ses, la com­pe­ten­cia, la selec­ción. Ella "aspi­ra a alcan­zar su mayor vic­to­ria, lan­zan­do e impo­nien­do una vez más su pala­bra de paz, de amor, de fra­ter­ni­dad, de cari­dad".

En per­fec­ta con­so­nan­cia con estas tesis, Orsina repro­cha al pen­sa­mien­to social de León XIV la fal­ta de pru­den­cia y de sano rea­li­smo en el momen­to en que con­fía a la polí­ti­ca la tarea de rea­li­zar la "civi­li­za­ción del amor", redu­cien­do así a una moral tra­scen­den­te las rela­cio­nes de fuer­za y los con­flic­tos de inte­rés que ine­vi­ta­ble­men­te carac­te­ri­zan la con­tien­da polí­ti­ca, nacio­nal y espe­cial­men­te inter­na­cio­nal. León "exor­ci­za el poder", "huye hacia la uto­pía", admi­te el poder "solo en el momen­to en que renun­cia a sí mismo, se hace debi­li­dad y ser­vi­cio, se disper­sa". Lo sitúa "hasta tal pun­to subor­di­na­do a la éti­ca que se encuen­tra pri­va­do no solo de legi­ti­mi­dad y auto­no­mía, sino, en defi­ni­ti­va, de la posi­bi­li­dad real de actuar".

Todo ello en cohe­ren­cia con la tra­di­cio­nal cul­tu­ra polí­ti­ca de los demo­cri­stia­nos, que "siem­pre ha mane­ja­do con sospe­cha y difi­cul­tad el con­cep­to de sobe­ra­nía. Ha con­si­de­ra­do la idea de una pote­stad sepa­ra­da y tra­scen­den­te que gobier­ne el cuer­po polí­ti­co desde arri­ba como un error teo­ló­gi­co antes inclu­so que polí­ti­co, vien­do en el Estado un sim­ple instru­men­to al ser­vi­cio del plu­ra­li­smo social". De ahí "la descon­fian­za hacia el Estado, la voca­ción supra­na­cio­nal".

Ahora bien, si sigo a Orsina en sus obser­va­cio­nes acer­ca de la fal­ta de "sano rea­li­smo" (yo diría "rea­li­smo agu­sti­nia­no") en la con­fian­za que el Papa depo­si­ta en la "polí­ti­ca" (de hecho, en el Estado), no lo sigo, en cam­bio, en su denun­cia de una autén­ti­ca diso­lu­ción del poder (él habla de "auto­ri­dad frag­men­ta­da hasta casi desa­pa­re­cer en la lógi­ca de la sub­si­dia­rie­dad"). No creo que estos sean los efec­tos polí­ti­cos sustan­cia­les del amo­ro­so uto­pi­smo polí­ti­co de León. Creo todo lo con­tra­rio. Desde este pun­to de vista, con­si­de­ro que es pre­ci­sa­men­te el aná­li­sis de Orsina el que pier­de asi­de­ro y, en con­se­cuen­cia, care­ce de rea­li­smo.

Pasemos enton­ces a exa­mi­nar la encí­cli­ca. El sub­tí­tu­lo de "Magnifica huma­ni­tas" reza : "Encíclica sobre la custo­dia de la per­so­na huma­na en el tiem­po de la inte­li­gen­cia arti­fi­cial". Pero, en ver­dad, en ella los pro­ble­mas éti­cos, jurí­di­cos y antro­po­ló­gi­cos espe­cí­fi­cos plan­tea­dos por el desar­rol­lo de la inte­li­gen­cia arti­fi­cial se abor­dan de mane­ra muy mar­gi­nal y gené­ri­ca. El inte­rés fun­da­men­tal que ani­ma el discur­so de "Magnifica huma­ni­tas" es el de reca­pi­tu­lar y con­so­li­dar los prin­ci­pios y las cate­go­rías del magi­ste­rio social de los pon­tí­fi­ces, desde León XIII hasta hoy, en su apli­ca­ción a la inte­li­gen­cia arti­fi­cial, tra­ta­da como mera ejem­pli­fi­ca­ción de la cate­go­ría gene­ral de la inno­va­ción tec­no­ló­gi­ca.

Al exa­mi­nar los peli­gros intro­du­ci­dos por la inte­li­gen­cia arti­fi­cial, lo que no pue­de dejar de sor­pren­der al lec­tor es el silen­cio casi abso­lu­to del Papa acer­ca de los abu­sos que los gobier­nos pue­den come­ter (¡y come­ten!) en el tra­ta­mien­to auto­ma­ti­za­do de datos per­so­na­les y en el con­trol de sus pro­pios ciu­da­da­nos, en vio­la­ción de sus dere­chos fun­da­men­ta­les de liber­tad (el caso más lla­ma­ti­vo es, como es sabi­do, el de China, pero los abu­sos, como tam­bién es sabi­do, han sido per­pe­tra­dos igual­men­te por gobier­nos occi­den­ta­les).

La úni­ca exce­p­ción vie­ne dada por la con­si­de­ra­ción de los con­flic­tos arma­dos, en los que se denun­cian los rie­sgos de no respon­sa­bi­li­za­ción deter­mi­na­dos por la auto­no­mía y la auto­ma­ti­ci­dad pro­pias de los siste­mas de inte­li­gen­cia arti­fi­cial apli­ca­dos a las armas (nn. 197 – 200). Pero fue­ra de este ámbi­to, a jui­cio de León, el con­trol esta­tal no es el pro­ble­ma, sino la solu­ción. El ver­da­de­ro peli­gro, en efec­to —escri­be — , pro­vie­ne de los "acto­res pri­va­dos": "En otro tiem­po eran sobre todo los Estados quie­nes guia­ban la inno­va­ción. Hoy, en cam­bio, los prin­ci­pa­les moto­res del desar­rol­lo son acto­res pri­va­dos, a menu­do trans­na­cio­na­les, dota­dos de recur­sos y capa­ci­dad de inter­ven­ción supe­rio­res a los de muchos gobier­nos. El poder tec­no­ló­gi­co asu­me así un rostro iné­di­to, pre­do­mi­nan­te­men­te 'pri­va­do', y por ello aún más difí­cil de discer­nir, gober­nar y orien­tar hacia el bien común" (n. 5). Y aña­de : "Cuando un poder de tal enver­ga­du­ra se con­cen­tra en pocas manos, tien­de a vol­ver­se opa­co y a esca­par del con­trol públi­co, y cre­ce el rie­sgo de un desar­rol­lo distor­sio­na­do que gene­ra nue­vas depen­den­cias, exclu­sio­nes, mani­pu­la­cio­nes y desi­gual­da­des" (n. 95).

Me pre­gun­to : ¿es real­men­te así ? ¿Tienen estos acto­res pri­va­dos el poder de dete­ner­me o de gra­var­me con impue­stos ? ¿Pueden ejer­cer un poder coac­ti­vo ? ¿Tienen inte­rés en cen­su­rar mis opi­nio­nes polí­ti­cas y reli­gio­sas ? ¿O se pre­stan aca­so a ope­ra­cio­nes seme­jan­tes de acuer­do con los gobier­nos, para con­ju­rar las repre­sa­lias de su poder nor­ma­ti­vo ?

Y, sin embar­go, el ver­da­de­ro peli­gro —escri­be toda­vía el Papa— es el "poder de fac­to sobre las con­di­cio­nes de la vida común" de todo gran actor eco­nó­mi­co y tec­no­ló­gi­co (n. 71).

Si, por tan­to, a jui­cio de León, el pro­ble­ma son las "desi­gual­da­des casi auto­má­ti­cas" (n. 79), la "exclu­sión" (con­cep­to gené­ri­co que se pre­sta al abu­so de cual­quier agi­ta­dor de pla­zas) y los "pro­ce­sos tec­no­ló­gi­cos y orga­ni­za­dos que esca­pan al con­trol demo­crá­ti­co", la solu­ción no pue­de ser otra que el con­trol esta­tal en nom­bre de la "justi­cia social" y del "bien común". ¿De qué modo ? Mediante "redi­stri­bu­cio­nes pro­gre­si­vas" (n. 153), "leyes justas e instru­men­tos de redi­stri­bu­ción que cor­ri­jan los dese­qui­li­brios" (n. 162).

En un cua­dro seme­jan­te, refu­giar­se en los tími­dos reco­no­ci­mien­tos de la sub­si­dia­rie­dad, de la "crea­ti­vi­dad huma­na" y de la pro­pie­dad, siguien­do la aco­mo­da­ti­cia línea inter­pre­ta­ti­va de "think tanks" como el Acton Institute, con­si­de­ro que care­ce de efi­ca­cia y de sen­ti­do.

Vuelvo aho­ra a Orsina. En "Magnifica huma­ni­tas" fal­ta el rea­li­smo, pero, a dife­ren­cia de lo que sostie­ne Orsina, no fal­ta en abso­lu­to el reco­no­ci­mien­to del poder sobe­ra­no. La coac­ción exi­ste, y su ejer­ci­cio se reco­no­ce cuan­do se ejer­ce sobre los pri­va­dos en aras de su bien común. En una lec­tu­ra socioe­co­nó­mi­ca que osci­la entre el mar­xi­smo y un key­ne­sia­ni­smo acen­tua­do, esto resul­ta evi­den­te e ine­vi­ta­ble.

En la encí­cli­ca, en nom­bre de la garan­tía de la sati­sfac­ción de las nece­si­da­des de todos y de una sana orien­ta­ción del desar­rol­lo eco­nó­mi­co, asi­sti­mos a la exal­ta­ción del para­dig­ma esta­tal. Ciertamente, se tra­ta de un esta­ta­li­smo no beli­ci­sta : paci­fi­sta, inclu­si­vo. Con ten­den­cia supra­na­cio­nal : el proyec­to de la civi­li­za­ción del amor, en efec­to, "con­si­ste en tra­du­cir la cari­dad en estruc­tu­ras de justi­cia, en dar cuer­po insti­tu­cio­nal a la fra­ter­ni­dad" (n. 186) y se pro­po­ne la tarea de "tran­sfor­mar esta inter­de­pen­den­cia sufri­da en una soli­da­ri­dad que­ri­da y ele­gi­da" (n. 187). Pero aquí el poder no se disuel­ve, ni se debi­li­ta, ni se disper­sa. Todo lo con­tra­rio.

Ciertamente, el pro­ble­ma no es nue­vo. Es decir, no es exclu­si­vo de esta encí­cli­ca : sería inju­sto e incor­rec­to afir­mar­lo. El pro­ble­ma es el de una doc­tri­na social de la Iglesia madu­ra­da defi­cien­te­men­te en doc­tri­na social por par­te de una "secre­ta­ría de Estado": es decir, una doc­tri­na social a medi­da de un dica­ste­rio tan inmer­so en la rela­ción con los Estados que ya no con­si­gue cap­tar sus matri­ces ideo­ló­gi­cas distor­sio­na­do­ras. De la Iglesia cabría espe­rar más sen­ti­do histó­ri­co, más rea­li­smo y, sobre todo, más inte­li­gen­cia del Evangelio. El pro­ble­ma de fon­do es, en efec­to, de inte­li­gen­cia teo­ló­gi­ca.

El céle­bre epi­so­dio evan­gé­li­co en el que Jesús respon­de a los fari­seos que den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios (por lo gene­ral mal inter­pre­ta­do como un repar­to de com­pe­ten­cias entre el poder civil y el poder reli­gio­so) mere­ce­ría una refle­xión ade­cua­da. De ella se extrae­ría una valio­sa desmi­ti­fi­ca­ción del poder y una liber­tad de jui­cio que, hoy por hoy, fal­tan.

Con ello gana­rían tan­to el rea­li­smo como la fide­li­dad al Evangelio.

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Sandro Magister ha sido fir­ma histó­ri­ca, como vati­ca­ni­sta, del sema­na­rio "L'Espresso".
Los últi­mos artí­cu­los en español de su blog Settimo Cielo están en esta pági­na.
Todos los artí­cu­los de su blog Settimo Cielo están dispo­ni­bles en español desde 2017 hasta hoy.
También el índi­ce com­ple­to de todos los artí­cu­los en español, desde 2006 a 2016.

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