"Magnifica humanitas", la primera encíclica de León XIV, contrapone dos imágenes bíblicas como símbolo de las contradicciones de nuestro tiempo. Por un lado, la torre de Babel ; por otro, la reconstrucción de las murallas de Jerusalén al regreso del exilio. Orgullo y dispersión frente a lo que ya Pablo VI llamaba "la civilización del amor"; una ciudad disgregada y sin Dios opuesta a una ciudad solidaria "donde Dios y la humanidad habitan juntos".
Pero, observando el mundo de hoy, la comparación también puede establecerse entre dos personalidades de máxima relevancia planetaria, ambas estadounidenses : Donald Trump y el papa León. Y esto es precisamente lo que ha hecho un reconocido estudioso de historia contemporánea y de política como Giovanni Orsina, director del departamento de ciencias políticas de la Universidad LUISS de Roma, en un ensayo publicado el 17 de agosto en Francia, en "Le Grand Continent", y en Italia en el diario "Il Foglio".
Dentro de la Iglesia, "Magnifica humanitas" ha recogido casi unánimemente consensos. Son rarísimas las voces críticas, incluso sobre los puntos más discutibles de la predicación de León en materia de paz y guerra, señalados a finales de mayo por Settimo Cielo.
Pero precisamente por eso el ensayo de Orsina resulta de gran interés. Porque llena un vacío de reflexión y de discusión sobre el papel que también León desempeña en la historia política de nuestro tiempo, desde la fractura cultural de los años sesenta hasta hoy, con el fracaso de la revolución liberal —en la que los democristianos desempeñaron un papel clave en Europa— y el advenimiento de esa "contrarrevolución" que son los populismos, con, por un lado, la "política sin moral" del presidente estadounidense y, por otro, la "moral sin política" del Papa.
Que Orsina critique a fondo a Trump no sorprende. Más bien —hace notar— la cuestión seria es el amplio consenso que ha llevado a Trump dos veces a la Casa Blanca y que premia con millones de votos a las fuerzas populistas en Europa, aquellas "que más se le parecen".
Más matizado es, en cambio, el análisis que Orsina hace del pensamiento de León, expresado en "Magnifica humanitas". El Papa, escribe, es acertadamente escéptico ante las pretensiones salvíficas de la tecnología, pero cuando habla de política "esa prudencia suya se desvanece". A la política le atribuye una tarea sin límites, la de "orientar las dinámicas económico-tecnológicas hacia el bien común", pero a condición de no mancharse las manos con el poder, con el ejercicio de la fuerza, "que en la encíclica aparece casi únicamente en formas patológicas".
Escribe Orsina : "El único poder que León reconoce como bueno, en definitiva, parece ser aquel que ha dejado de serlo : es la potencia de Dios que 'se manifiesta plenamente en la debilidad' (2 Cor 12,9). El capítulo quinto de 'Magnifica humanitas' dedica una sección entera a los instrumentos con los que construir 'la civilización del amor', pero no encontramos en él una sola palanca capaz de obligar, un solo mecanismo gracias al cual un actor reacio pueda ser forzado. Encontramos disposiciones del ánimo, actos verbales, prácticas espirituales, 'planificación responsable', 'evaluaciones de impacto humano y social', 'inclusión'. Metas muy ambiciosas, pero instrumentos ineficaces".
Esta es, a juicio de Orsina, la contradicción que condena la encíclica de León a una utopía desarmada, incapaz de orientar la acción concreta.
"Además del poder —prosigue Orsina— la encíclica también desdobla el realismo. Por un lado, condena como 'presunto realismo político' la actitud de quien contempla la guerra, la fuerza, la dimensión trágica de la condición humana, y lo señala como una rendición, casi una culpa moral. Por otro, reivindica 'un sano realismo' que no debería reducir la política a la moral, sino partir de intereses o relaciones de fuerza para calcular lo que se puede obtener. Sin embargo, cuando se llega a los instrumentos, el cálculo se detiene siempre un paso antes de la coerción : instituciones creíbles, garantías verificables, negociaciones pacientes y, en última instancia, no rendirse al mal y la esperanza. También el realismo, en suma, para ser bueno debe primero renunciar a ser él mismo".
En la evocación que hace el Papa, también la imagen bíblica de la reconstrucción de las murallas de Jerusalén padece esta omisión del recurso a la fuerza. Escribe Orsina : "En la realidad histórica del texto, Nehemías es un gobernador militar que actúa por cuenta del imperio persa. No solo se ocupa de la defensa frente a los enemigos externos, ordenando a los constructores que 'con una mano trabajaban y con la otra sostenían su arma' (Ne 4,11), sino que impone con intransigencia el orden interno. En el capítulo final del libro, el liderazgo colaborativo cede su lugar a la coerción : 'Los reprendí, los maldije, golpeé a algunos de ellos y les arranqué los cabellos' (Ne 13,25). Al omitir la espada y el rigor imperial, la encíclica idealiza el realismo político de Nehemías convirtiéndolo en un manifiesto de pura ecología relacional y cooperación fraterna".
Orsina hace notar que esta crítica suya a "Magnifica humanitas" no pretende darle al Papa una lección de teología. Lo que a él le interesa, como estudioso de historia y ciencias políticas, es "poner de relieve hasta qué punto la encíclica está en sintonía con la civilización de la antipolítica y del antipoder que se ha cristalizado en los últimos cincuenta años y que hoy atraviesa una crisis".
Orsina ha dedicado sus principales estudios a la historia política de Occidente y de Europa a partir de los años sesenta, en particular en el libro titulado "Controrivoluzione. Una storia politica del nostro tempo", publicado este año, pero también en gran parte del ensayo de "Le Grand Continent". Allí reconstruye cómo Europa ha llegado hoy a perderse entre la ética universalista de la que está imbuida y el regreso prepotente de los particularismos. O, dicho de otro modo : "entre la moral sin política a la que está acostumbrada y la política sin moral de la que se hacen intérpretes las llamadas fuerzas populistas, Trump y quienes se le parecen, a un lado y otro del Atlántico".
No sorprende que la crítica de Orsina a la visión del papa León haya sido leída con gran atención por los estudiosos de política, especialmente de matriz católica. La primera réplica a su ensayo aquí citado vino de Flavio Felice, profesor de historia de las doctrinas políticas en la Pontificia Universidad Lateranense, en una nota publicada en "Il Foglio" el 22 de agosto.
Felice objeta que la categoría politológica dominante en el papa León "no es un ideal de paz perfecta, sino la agustiniana 'tranquillitas ordinis': un equilibrio dinámico y frágil, nunca absoluto, siempre entrelazado con el conflicto, plenamente realizado solo en la Jerusalén celestial".
Y cita, como confirmación de ello, el párrafo 218 de "Magnifica humanitas", donde se lee que "el realismo auténtico no reduce la política a la moralidad, pero tampoco la entrega a la violencia : busca modos viables para que la paz sea más que una palabra, es decir, instituciones creíbles, garantías verificables, negociaciones pacientes, prevención de conflictos y protección de los civiles".
Donde, sin embargo, de nuevo no se encuentra ninguna mención al recurso a la fuerza cuando es necesario, salvo la vaga referencia a una "prevención de conflictos". Como confirmación de hasta qué punto la "moral sin política" del papa León se entrelaza con la "superación de la teoría de la 'guerra justa'", también sostenida explícitamente por él en "Magnifica humanitas".
Al señalar, el pasado 30 de mayo, las incoherencias de esta pretendida "superación" de la doctrina de la guerra "justa", Settimo Cielo había citado una amplia y documentada intervención en la revista "Il Regno" de Luca Diotallevi, profesor de sociología en la Universidad de Roma Tre y en la Facultad de Teología de Italia septentrional, muy crítico con el "utopismo pacifista" que, a su juicio, se está extendiendo en la Iglesia.
Pues bien, en el número siguiente de la misma revista ha respondido a Diotallevi el profesor Daniele Menozzi, docente de historia contemporánea en la Scuola Superiore Normale de Pisa y autor de importantes ensayos sobre las cuestiones de paz y guerra en la Iglesia católica.
A juicio de Menozzi, lo que se extiende en la Iglesia no es el "utopismo pacifista", sino, todo lo contrario, una "ideología militarista", contra la cual debe llevarse a cabo una "pedagogía de la no violencia" orientada a educar a la comunidad de los fieles para "desarmar al agresor sin tener que recurrir al poder destructivo de las armas", en obediencia a lo predicado por el papa León —y por su predecesor Francisco— no solo en "Magnifica humanitas", sino en innumerables invectivas contra todas las guerras y las armas.
Será "desarmada y desarmante" la paz predicada por el papa León. Pero, mientras tanto, ha encendido una vivaz batalla de ideas.
— — — -
Sandro Magister ha sido firma histórica, como vaticanista, del semanario "L'Espresso".
Los últimos artículos en español de su blog Settimo Cielo están en esta página.
Todos los artículos de su blog Settimo Cielo están disponibles en español desde 2017 hasta hoy.
También el índice completo de todos los artículos en español, desde 2006 a 2016.