La amplia y densa carta pastoral del patriarca de Jerusalén de los latinos, cardenal Pierbattista Pizzaballa, publicada el 25 de abril de este año, ha suscitado mucha atención en el ámbito cristiano, incluso en las más altas esferas de la Iglesia. Prueba de ello es el editorial de apertura del último cuaderno de “La Civiltà Cattolica”, impreso como siempre con el “visto bueno” de las más altas autoridades vaticanas y firmado por el judío y jesuita David Neuhaus, dedicado enteramente a valorar los elementos esenciales de la carta y su declarada esperanza de que “la Iglesia de Jerusalén, pequeña y resiliente, viva aquí y ahora el estilo de la Jerusalén celestial : ser lugar acogedor, luz pascual que ilumina las tinieblas del rencor, casa de puertas abiertas, instrumento de sanación en el mundo”.
Neuhaus es conocido por haber escrito varias veces, con indudable competencia, sobre la cuestión palestino-israelí. Respecto a la solución final del interminable conflicto, desde hace tiempo se muestra escéptico sobre la hipótesis de “dos pueblos y dos Estados”. Su esperanza es la de un único Estado para ambos pueblos, con igualdad de derechos para todos. Pero también es mal visto por muchos judíos por haber equiparado el primer sionismo con el colonialismo europeo de finales del siglo XIX.
En su editorial, Neuhaus introduce además información interesante sobre la naturaleza heterogénea de la diócesis a la que Pizzaballa dirigió la carta pastoral.
Señala que cuando, hace diez años, Pizzaballa fue puesto al frente del patriarcado latino de Jerusalén, “aunque hablaba con fluidez el hebreo, no conocía el árabe, y la vida pastoral de la Iglesia local, en gran parte arabófona, constituía para él un desafío”.
Esto porque “las parroquias, distribuidas en cuatro territorios, se distinguen claramente entre sí en el plano político, social y cultural. La mayoría de ellas son de lengua árabe y se encuentran en Jordania, Palestina e Israel. Entre los fieles hay palestinos —que en Palestina viven bajo ocupación, en Israel como ciudadanos, a veces percibidos como de ‘segunda clase’, de un Estado que se define judío, y en Jordania como ciudadanos jordanos, desplazados de su patria palestina— y fieles jordanos, muchos de ellos procedentes de clanes beduinos cristianos. Además, en Israel hay pequeñas comunidades de lengua hebrea. Mucho más numerosas son, sin embargo, las comunidades, vivaces pero precarias, de trabajadores migrantes, refugiados y solicitantes de asilo, presentes en todo el territorio de la diócesis”.
Pero hay más. La carta pastoral del patriarca Pizzaballa también ha suscitado valoraciones opuestas entre los judíos de Israel y de la diáspora.
El pasado 19 de mayo, Settimo Cielo publicó el comentario duramente crítico de uno de los israelitas más autorizados, Sergio Della Pergola, profesor emérito de la Hebrew University of Jerusalem y especialista de fama mundial en la demografía y la sociología del judaísmo.
Para Della Pergola es del todo inaceptable, sobre todo, aquel pasaje en el que Pizzaballa escribe que el 7 de octubre de 2023, con la posterior guerra en Gaza, “representa para los palestinos la última fase dramática de una larga historia de humillaciones y éxodos”.
El hecho de que Pizzaballa, pocos días después de aquel 7 de octubre, hubiera ofrecido su propia vida a cambio de la liberación de los niños judíos retenidos como rehenes en Gaza no atenuó la crítica de Della Pergola, para quien la carta del patriarca “cierra el camino a cualquier posible futura reflexión común o diálogo entre la parte católica y la parte judía sobre el 7 de octubre, sobre el antes y el después”.
No opina lo mismo, sin embargo, otro eminente erudito israelí, el rabino Alon Goshen-Gottstein (en la foto, con copyright Rex Shutterstock), fundador y director del Elijah Interfaith Institute y muy comprometido con el diálogo entre judíos y cristianos, quien ha enviado a Settimo Cielo una puntual réplica a Della Pergola, a la que ha dado por título : “Debemos aprender a escuchar lo que el otro realmente dice”.
Este título, escribe Goshen-Gottstein, “se refiere a la obligación de escuchar verdaderamente lo que el otro dice y de no proyectar sobre él nuestros intereses y nuestra visión del mundo”. Pero “este enfoque hermenéutico, fundamental para cualquier lectura de un texto perteneciente a otra tradición religiosa, está seriamente ausente en la respuesta dada por Della Pergola”, quizá por su especialización académica de demógrafo y estadístico, cuando en cambio “haría falta un teólogo, o una persona con mejor formación en la lectura de textos religiosos, especialmente los de otra fe, para apreciar el mensaje de la carta del cardenal en su contexto y para corregir las distorsiones que Della Pergola le atribuye”.
En su réplica, es interesante notar ante todo cómo Goshen-Gottstein resume la carta pastoral de Pizzaballa e identifica su “núcleo central”.
En su primera parte, escribe, la carta repasa “una multitud de cuestiones, demasiadas en mi opinión”, que “sirven de trasfondo al mensaje espiritual que Pizzaballa pretende ofrecer a su comunidad”.
La segunda parte de la carta constituye, en cambio, “su núcleo y su justificación. Basándose en una lectura del libro del Apocalipsis, el último libro del canon cristiano, el cardenal busca una vía para relacionar la Jerusalén celestial y la terrenal”. Pero atención : “no en el contexto de las realidades políticas de la comunidad cristiana, sino en la realidad social y espiritual vivida por la propia comunidad”. Porque la visión teológica de Pizzaballa “es extremadamente refinada”, incluso “como contribución al pensamiento teológico contemporáneo”, hasta el punto de que “me pregunto cuántos dentro de la comunidad cristiana, incluso entre sus líderes, son capaces de seguir una visión espiritual tan fina y elaborada”.
Finalmente, en su tercera parte, la carta “trata de traducir el mensaje de la segunda sección en líneas guía prácticas sobre cómo debería vivir la comunidad cristiana en cuanto minoría en esta tierra”. Con un papel fundamental asignado al diálogo interreligioso.
En el conjunto de la carta, “quizá demasiado larga con sus casi 18 mil palabras”, el “núcleo central” es, por tanto, la segunda parte, de corte bíblico. “En sustancia, se trata de un documento interno con una visión espiritual clara, destinado a dar esperanza y significado a la comunidad cristiana local”.
Hecha esta importante premisa, Goshen-Gottstein pasa después a repasar los principales puntos de contraste entre su interpretación de la carta pastoral y la de Della Pergola.
El primer punto de contraste lo identifica en el escepticismo de Della Pergola sobre la naturaleza real de la carta, que a su juicio “no parece un simple documento diocesano para distribuir entre unos pocos miles de fieles”, sino más bien “una síntesis de las reflexiones maduradas en 35 años de actividad pastoral, casi como un legado, un programa, para transmitir a todos”.
A juicio de Goshen-Gottstein, Della Pergola se equivoca al anteponer sus valoraciones de demógrafo sobre el reducido número de fieles hasta el punto de dudar de que la carta de Pizzaballa se dirija realmente a ellos, cuando en realidad sería algo más ambicioso, para un público mucho más amplio.
Un segundo punto de contraste es el reconocimiento de Della Pergola de que la carta “es explícitamente una guía espiritual y no un análisis geopolítico”, pero al mismo tiempo dudando de que “las dos partes puedan permanecer separadas”.
Goshen-Gottstein comparte que “el desafío central de esta carta” sea precisamente “la cuestión de si política y espiritualidad pueden separarse por completo”. Pero “eso no invalida el intento” de Pizzaballa de “evidenciar la dificultad y abrir el camino a nuevas reflexiones. Puede que la capacidad o incapacidad de separar, y luego reintegrar ambos ámbitos, sea en sí misma un punto de divergencia entre la perspectiva judía y la cristiana. Aquí es donde hay que escuchar al otro, no invalidarlo”.
Otro punto de contraste se localiza allí donde Della Pergola extrae del documento “la impresión de que Jerusalén es el lugar más importante del mundo para la fe católica, y cabría entonces preguntarse qué papel desempeña Roma a este respecto”.
Y aquí Goshen-Gottstein objeta que Della Pergola “no logra distinguir entre un mensaje espiritual y un mensaje político”. Un equívoco tanto más “curioso si se considera que dos mil años de exilio judío nos han enseñado efectivamente a los judíos cómo vivir en una realidad tan dividida”.
Pero es otro punto más el que marca el motivo de contraste más fuerte entre los dos eminentes israelitas.
Es el punto sobre el cual Della Pergola escribió textualmente, en su comentario publicado en Settimo Cielo :
“Al comienzo de la primera parte de la carta, Pizzaballa afirma que ‘el 7 de octubre de 2023 y la guerra de Gaza han significado algo diferente y disruptivo para cada uno de los dos pueblos de esta tierra’. En el siguiente orden : ‘Para los palestinos representa la última y dramática fase de una larga historia de humillaciones y de éxodos. Para los israelíes, en cambio, algo inédito : violencias que han hecho revivir los horrores ocurridos en Europa hace ochenta años’.
“Aquí Pizzaballa me pierde como lector, cuando describe de este modo acontecimientos que se desarrollaron en un orden dramáticamente inverso, y con actores diferentes. El 7 de octubre es, sí, una histórica ‘línea divisoria’, pero atención, de un modo completamente diferente a como lo describe el cardenal. Para los judíos, el 7 de octubre constituye una breve réplica de la Shoá a ochenta años de la Shoá verdadera y única : una masacre bárbara y monstruosa de civiles en sus hogares. Pero para los islámicos constituye la elección de una violencia inaudita para afirmar su absoluta y exclusiva propiedad del territorio, para cancelar a Israel y erigir en su lugar un Califato islámico. La inversión del orden de los factores y la tergiversación de los hechos constituye una elección narrativa importante. Dado que las narrativas posibles son más de dos, la elección aquí efectuada de una excluye la posibilidad de la segunda. La elección del cardenal cierra el camino a cualquier posible futura reflexión común o diálogo entre la parte católica y la parte judía sobre el 7 de octubre, sobre el antes y el después”.
Y esta es la réplica de Goshen-Gottstein :
“Este es el pasaje clave de las objeciones de Della Pergola, según el cual Pizzaballa estaría de algún modo tomando partido, prefiriendo una narrativa a otra. Se trata de una interpretación extremadamente tendenciosa y engañosa. No puedo imaginar un modo más neutral de presentar ambas perspectivas. Uno de los principales problemas que enfrentan los judíos desde el 7 de octubre es la sensación de que el mundo no reconoce la profundidad del trauma sufrido en esa fecha. El cardenal, en cambio, lo reconoce. Lo afirma explícitamente : ‘La sociedad israelí está traumatizada por el 7 de octubre de 2023’. No logro encontrar una diferencia significativa entre lo que afirma el cardenal y lo que Della Pergola habría querido que afirmara. Que detrás del ataque de Hamas se esconda una visión política más amplia es simplemente irrelevante.
“Pizzaballa afirma que esto es una línea divisoria para ambas comunidades, cada una por sus propias razones, ofreciendo la más profunda y solidaria comprensión hacia la parte judía. El problema, entonces, ¿es que el patriarca no se expresó en el contexto político específico que Della Pergola habría deseado ? Pero eso es un problema de Della Pergola, no del patriarca. Es más, una lectura imparcial de la carta revela precisamente lo contrario. Della Pergola insiste mucho en cuál de las dos partes se presenta primero, como si eso demostrara las simpatías de Pizzaballa. La verdad parece ser lo opuesto. La retórica al presentar la parte israelí es con mucho más potente y evocadora. Se presenta en segundo lugar por el efecto retórico de ‘subir la apuesta’, es decir, reservando el elemento más fuerte para el final. Mientras que para los palestinos se trata de una cuestión recurrente, para los judíos es un acontecimiento único y sin precedentes. Esta es una expresión de profunda comprensión y empatía, no de toma de partido. Della Pergola, en cambio, ha adoptado una estrategia retórica que insiste en una sola línea dentro de un documento de 18 mil palabras y ha hecho que esa línea definiera para él el texto entero. O, como él mismo dice, ‘perdió’ al cardenal en ese preciso instante. No habría entonces nada más que leer o sobre lo cual reflexionar. Desde el punto de vista intelectual, esta es una actitud débil e incorrecta. En términos de relaciones judeocristianas, es destructiva”.
Al concluir su réplica, Goshen-Gottstein escribe que el comentario de Della Pergola ha causado un serio daño a las relaciones judeocristianas, “en un momento muy difícil para los judíos de todo el mundo”, con crecientes oleadas de antisemitismo. “Necesitamos amigos. No debemos convertir a los amigos en enemigos. Esto vale para el cardenal, pero aún más para la Iglesia católica, parte de la cual se está reposicionando lentamente en nuestra contra. El modo en que escuchamos y el modo en que respondemos son, por tanto, factores vitales para determinar no solo las relaciones judeocristianas, sino también la calidad de la vida judía en diversas partes del mundo”.
Al desear que “la impresión errónea generada por los comentarios unilaterales de Della Pergola sea corregida”, Goshen-Gottstein escribe que el profesor y el patriarca “quizá deberían encontrarse de nuevo para intentar comprenderse mutuamente”, aludiendo a encuentros previos entre ambos, el último hace un año, “entre amigos de vieja data”.
Y prosigue :
“Pero más allá de la necesidad de remediar el daño causado por la respuesta apresurada y parcial de Della Pergola, de la carta del patriarca emerge una cuestión más amplia : ¿cuál es la visión espiritual que cada una de las comunidades alberga para Jerusalén y qué espacio ocupa la otra fe en esa visión ? Della Pergola parece aludir a esto al final de su comentario, cuando escribe que ‘no se toma en consideración que haya alguien más que pueda cultivar ideales de herencia espiritual concernientes a la misma tierra, ni cómo hacer compatibles esos ideales concurrentes’. No se toma en consideración porque ese no es el propósito de la carta. Pero es ciertamente su invitación implícita. El patriarca ha propuesto una visión espiritual para Jerusalén. ¿Podemos los judíos (y en el futuro los musulmanes) articular nuestra propia visión de una Jerusalén espiritual que deje espacio a la otra visión ? La realidad actual de Jerusalén parece sugerir que el cardenal está años luz por delante del liderazgo religioso judío en este aspecto. ¿Pero tiene que ser necesariamente así ?
“Della Pergola parece sugerir que existe una alternativa espiritual judía que él no articula, ni le corresponde a él articularla. La gran invitación de esta carta pastoral y de este debate está dirigida a líderes, visionarios y teólogos de las distintas religiones, para que se reúnan a reflexionar sobre la visión espiritual ofrecida por el patriarca y sobre las visiones alternativas, paralelas o idénticas que pudieran proponer. Esto elevaría el diálogo, transformándolo de una estéril disputa sobre el impacto de las estrategias retóricas a un intercambio interreligioso significativo, como desea esta carta. Si la voz de Della Pergola ha sido escuchada en los ámbitos judíos, espero que también la mía sea escuchada y que el órgano representativo o la sinagoga competente convoque a un encuentro semejante. Así es como nacen y se fortalecen las amistades. Y así es como se vive un fragmento de la Jerusalén celestial aquí en la tierra, dondequiera que esta se encuentre”.
— — — -
Sandro Magister ha sido firma histórica, como vaticanista, del semanario "L'Espresso".
Los últimos artículos en español de su blog Settimo Cielo están en esta página.
Todos los artículos de su blog Settimo Cielo están disponibles en español desde 2017 hasta hoy.
También el índice completo de todos los artículos en español, desde 2006 a 2016.