¿A favor o en contra de la doctrina de la "guerra justa"? Una polémica que divide también a la Iglesia

(s.m.) Mañana, 7 de mayo, la audien­cia de León XIV con Marco Rubio, Secretario de Estado de los Estados Unidos de América, cató­li­co, se cen­tra­rá en el tema cru­cial de la paz y la guer­ra, ya abor­da­do por los gro­se­ros y repe­ti­dos ata­ques ver­ba­les del pre­si­den­te Donald Trump con­tra el Papa y por la inso­len­te lec­ción teo­ló­gi­ca sobre el tema de la "guer­ra justa" impar­ti­da al Papa por el vice­pre­si­den­te J.D. Vance, tam­bién cató­li­co…

Sobre cómo León pre­di­ca la paz, como una elec­ción per­so­nal que pue­de lle­gar hasta el mar­ti­rio y como una elec­ción públi­ca que impli­ca el dere­cho – y para el Estado el deber – de defen­der tam­bién con las armas la liber­tad y la vida (en la foto, el arzo­bi­spo mayor de la Iglesia greco-católica ucra­nia­na Sviatoslav Shevchuk oran­do en Bucha, tras la masa­cre come­ti­da por los inva­so­res rusos), se pro­nun­ció Settimo Cielo el pasa­do 12 de ene­ro, citan­do, entre otros, en apoyo de estas dos vías hacia la paz, a Flavio Felice, pro­fe­sor de histo­ria de las doc­tri­nas polí­ti­cas en la Pontificia Universidad Lateranense.

Pero rápi­da­men­te el pro­fe­sor Daniele Menozzi, anti­guo pro­fe­sor de histo­ria con­tem­po­rá­nea en la Normale de Pisa y autor de un impo­nen­te volu­men pre­ci­sa­men­te sobre "Iglesia, paz y guer­ra en el siglo XX", había impu­gna­do esta exé­ge­sis del magi­ste­rio del papa León, atri­buyén­do­la a los "irre­duc­ti­bles cóm­pli­ces de la ideo­lo­gía de la 'guer­ra justa'" y soste­nien­do, en cam­bio, que – en la línea de lo pre­di­ca­do por el papa Francisco – "la guer­ra es siem­pre un error" y que, por tan­to, la doc­tri­na de la "guer­ra justa" ya no se sostie­ne.

Para Menozzi habría que pro­mo­ver hoy una "peda­go­gía de la no vio­len­cia" que edu­que a "respon­der al mal de la inju­sti­cia sin recur­rir al mal de las armas", como si el exce­si­vo amor a las armas y a la guer­ra fue­ra la enfer­me­dad de la que hay que curar a la socie­dad y a los pro­pios fie­les de la Iglesia.

Cuando todas las encue­stas coin­ci­den en iden­ti­fi­car – par­ti­cu­lar­men­te en Italia – un sen­ti­mien­to domi­nan­te total­men­te opue­sto al beli­ci­smo, un sen­ti­mien­to que el pro­fe­sor Ernesto Galli del­la Loggia, anti­guo cate­drá­ti­co de histo­ria polí­ti­ca en la Universidad de Perugia, ha defi­ni­do como "el sín­dro­me del iner­me", cri­ti­cán­do­lo a fon­do en un edi­to­rial del "Corriere del­la Sera" del 4 de mayo.

Pocos días antes, tam­bién en el "Corriere", otro estu­dio­so auto­ri­za­do, Angelo Panebianco, cate­drá­ti­co de cien­cia polí­ti­ca en la Universidad de Bolonia, había toma­do nota de este sen­ti­mien­to difu­so, seña­lan­do sus gra­ves lími­tes, en un edi­to­rial titu­la­do "Defenderse para tener la paz" que cul­mi­na­ba con un lla­ma­mien­to a la Iglesia "para ayu­dar a los ita­lia­nos" a "desha­cer­se de coar­ta­das y peli­gro­sas ideo­lo­gías" paci­fi­stas.

Y es de este lla­ma­mien­to de Panebianco del que par­te el comen­ta­rio publi­ca­do a con­ti­nua­ción, fir­ma­do por otro estu­dio­so auto­ri­za­do, Sergio Belardinelli, pro­fe­sor de socio­lo­gía de los pro­ce­sos cul­tu­ra­les en la Universidad de Bolonia y coor­di­na­dor cien­tí­fi­co del Comité para el proyec­to cul­tu­ral de la Conferencia epi­sco­pal ita­lia­na cuan­do su pre­si­den­te era el car­de­nal Camilo Ruini.

Belardinelli cita tam­bién otro comen­ta­rio apa­re­ci­do el 1 de mayo en el "Corriere", fir­ma­do por Andrea Riccardi, fun­da­dor y líder de la Comunidad de San Egidio, según el cual el papa Francisco tenía razón al decir que "hoy es muy difí­cil soste­ner los cri­te­rios racio­na­les desar­rol­la­dos en otros siglos para hablar de una posi­ble 'guer­ra justa'".

El paci­fi­smo de Riccardi es el mismo que ali­men­ta la Conferencia epi­sco­pal ita­lia­na pre­si­di­da por el car­de­nal Matteo Zuppi, tam­bién miem­bro de la Comunidad de San Egidio, así como una recien­te toma de posi­ción con­tra los fabri­can­tes y mer­ca­de­res de armas del car­de­nal y teó­lo­go Roberto Repole, arzo­bi­spo de Turín y ante­rior pre­si­den­te de la Asociación teo­ló­gi­ca ita­lia­na, tam­bién cita­do polé­mi­ca­men­te por Belardinelli.

El comen­ta­rio de Belardinelli., ade­más de en Settimo Cielo, apa­re­ce hoy tam­bién en el dia­rio "Il Foglio".

*

El deber de toda sociedad de defenderse, si es necesario también con las armas

por Sergio Belardinelli

En el "Corriere del­la Sera" del mar­tes 28 de abril, Angelo Panebianco lan­zó una espe­cie de lla­ma­mien­to a todas las fuer­zas polí­ti­cas ita­lia­nas, para que com­pren­dan la impor­tan­cia de "defen­der­se para tener la paz".

En un esce­na­rio inter­na­cio­nal cada vez más carac­te­ri­za­do por la guer­ra, es curio­so y dra­má­ti­co que nue­stra éli­te polí­ti­ca, en lugar de abor­dar seria­men­te el pro­ble­ma de la defen­sa mili­tar del país, se limi­te a exor­ci­zar­lo, dele­gán­do­lo, según las con­ve­nien­cias, ora en la ONU, ora en Europa, ora en la OTAN, reser­ván­do­se cíni­ca­men­te para sí misma solo el amor a la paz, como si eso basta­ra para defen­der­nos de even­tua­les agre­so­res. Una pési­ma peda­go­gía civil que, aun­que reve­sti­da de nobles idea­les, ali­men­ta de hecho el mie­do entre los ciu­da­da­nos y deja al país inde­fen­so, no solo mili­tar­men­te, sino tam­bién cul­tu­ral­men­te.

Es por cau­sa de este deso­rien­ta­ción gene­ral, creo, por lo que en la par­te final de su edi­to­rial Panebianco se diri­ge direc­ta­men­te a la Iglesia.

"La Iglesia – escri­be – pue­de hacer mucho para ayu­dar a los ita­lia­nos, asu­sta­dos y con­fun­di­dos, a no escon­der la cabe­za bajo el ala, a adqui­rir una mayor con­cien­cia de los rie­sgos que los tiem­pos pre­sen­tes hacen cor­rer a todos. Es ver­dad, vivi­mos en una socie­dad amplia­men­te secu­la­ri­za­da. Pero eso no qui­ta que la Iglesia siga sien­do, para muchos ita­lia­nos, una guía moral impor­tan­tí­si­ma. Es esen­cial que los obi­spos ita­lia­nos, mien­tras invo­can justa­men­te la paz, ayu­den a los ita­lia­nos a com­pren­der que no hay con­tra­dic­ción entre que­rer la paz y defen­der­se de los peli­gros poten­cia­les, no hay con­tra­dic­ción entre man­te­ner una acti­tud pací­fi­ca, para nada agre­si­va hacia nadie, y, con­tem­po­rá­nea­men­te, reco­no­cer no el dere­cho sino el deber de los gobier­nos de hacer todo lo que esté en su poder para defen­der a sus paí­ses de posi­bles agre­sio­nes aje­nas. Si es acer­ta­do el dia­gnó­sti­co de quie­nes pien­san que los peli­gros están desti­na­dos a cre­cer y no a dismi­nuir, hay que ayu­dar a los ita­lia­nos a tomar con­cien­cia de ello. Lo que signi­fi­ca, ante todo, desha­cer­se de coar­ta­das y peli­gro­sas ideo­lo­gías".

Yo creo que la Iglesia ita­lia­na debe­ría aco­ger sin demo­ra este lla­ma­mien­to, aun­que solo fue­ra por­que le ofre­ce una esplén­di­da oca­sión para rea­fir­mar lo que el papa León XIV recor­dó el mismo día de su elec­ción : que la paz de la que habla la Iglesia es la de Jesús, no la de los tan­tos paci­fi­smos que, qui­zás sin que­rer­lo, con­tri­buyen a sem­brar mie­do y, a menu­do, tam­bién odio en la socie­dad.

No se tra­ta, que­de cla­ro, de legi­ti­mar la acción polí­ti­ca de nadie, ni de rea­fir­mar sim­ple­men­te la vali­dez de la mile­na­ria doc­tri­na de la guer­ra justa. Como ha sub­ra­ya­do Andrea Riccardi en el "Corriere del­la Sera" del 1 de mayo, nada impi­de que esta doc­tri­na se actua­li­ce, visto aquel­lo en lo que se han con­ver­ti­do las guer­ras moder­nas.

Pero tam­po­co se tra­ta de acha­tar el magi­ste­rio de la Iglesia a posi­cio­nes que, en home­na­je a la no vio­len­cia, ter­mi­nan por desco­no­cer el sacro­san­to dere­cho a defen­der­se de quien es agre­di­do (gene­ral­men­te los más débi­les). Es pre­ci­sa­men­te este dere­cho, y solo este, el que justi­fi­ca que se invier­tan recur­sos en arma­men­tos. Es impor­tan­te rea­fir­mar­lo, espe­cial­men­te si se quie­re defen­der la radi­ca­li­dad del men­sa­je evan­gé­li­co, sin disol­ver­lo en la irrea­li­dad.

En un mun­do en el que no pare­ce haber ya lími­tes para la vora­ci­dad de los pre­po­ten­tes, la pala­bra de la Iglesia debe alzar­se con mayor razón en favor de la paz y la justi­cia, cosa que, por otra par­te, desde hace mucho tiem­po, hace con gran vigor, pero no pue­de con­fun­dir­se con el paci­fi­smo de quien, no reco­no­cien­do siquie­ra el derecho-deber que los Estados tie­nen de defen­der a sus pro­pios ciu­da­da­nos cuan­do el ene­mi­go está a las puer­tas, gri­ta a voz en cuel­lo que es sim­ple­men­te inmo­ral com­prar armas y que habría que inver­tir, en cam­bio, en sani­dad y edu­ca­ción.

¿Hay alguien que no lo qui­sie­ra ? ¿Alguien que no qui­sie­ra que todos los con­flic­tos se resol­vie­ran con las armas de la diplo­ma­cia ? La guer­ra es hor­ri­ble y ade­más, como ha sub­ra­ya­do Riccardi, las guer­ras de hoy ya no las gana nadie, pero esto no es un argu­men­to para no inver­tir en defen­sa y segu­ri­dad, todo lo con­tra­rio.

Hay una sola mane­ra de con­ven­cer a los pre­po­ten­tes de la inu­ti­li­dad de la guer­ra, y es que el poten­cial agre­di­do se mue­stre capaz de defen­der­se, ya sea por­que dispo­ne de un ade­cua­do siste­ma de defen­sa, ya sea por­que pue­de con­tar con una alian­za mili­tar con otros. Justo como dice Panebianco, sería por tan­to más que desea­ble que tam­bién los obi­spos "ayu­den a com­pren­der que no hay con­tra­dic­ción entre que­rer la paz y defen­der­se de peli­gros poten­cia­les". Lo cual con­tra­sta en ver­dad con cier­to aire paci­fi­sta que indu­da­ble­men­te se ha intro­du­ci­do tam­bién en ambien­tes cató­li­cos, así como en el pro­pio Riccardi. Pero pre­ci­sa­men­te por eso habría que acla­rar las cosas. La paz de Jesús no coin­ci­de con el silen­cio de las armas ; tie­ne que ver sobre todo con nue­stro cora­zón y con nue­stra capa­ci­dad de testi­mo­niar­la en las situa­cio­nes más diver­sas.

En su men­sa­je diri­gi­do a los tra­ba­ja­do­res para el 1 de mayo, el arzo­bi­spo de Turín, el car­de­nal Roberto Repole, exhor­ta justa­men­te a "no aco­stum­brar­se a los hor­ro­res de la guer­ra". Cuando, sin embar­go, reto­man­do las pala­bras del papa León XIV, el car­de­nal rea­fir­ma que no basta hablar de paz y que "se nece­si­ta la volun­tad de dejar de pro­du­cir instru­men­tos de destruc­ción y de muer­te", para que Turín, "la ciu­dad del auto­mó­vil", no se con­vier­ta en "la ciu­dad de las armas", temo que entre en un ver­da­de­ro cam­po mina­do. No ten­go nin­gu­na sim­pa­tía por los mer­ca­de­res de armas, pero hay que reco­no­cer que muy a menu­do son la úni­ca espe­ran­za para quie­nes no tie­nen armas y se ven agre­di­dos por quie­nes, en cam­bio, las han pro­du­ci­do en abun­dan­cia.

Sé bien que para los cri­stia­nos, como rei­te­ró tam­bién Benedicto XVI, "la no vio­len­cia no es un mero com­por­ta­mien­to tác­ti­co, sino un modo de ser de la per­so­na, la acti­tud de quien está tan con­ven­ci­do del amor de Dios y de su poten­cia, que no tie­ne mie­do de afron­tar el mal con las solas armas del amor y de la ver­dad".

Pero esta­mos hablan­do pre­ci­sa­men­te de "un modo de ser de la per­so­na", no de la socie­dad. El cri­stia­no sabe bien que la fide­li­dad a Jesucristo podría impo­ner­le sacri­fi­car su vida. Pero nun­ca la de otro. Por eso sabe tam­bién reco­no­cer el derecho-deber de toda socie­dad a defen­der­se, si es nece­sa­rio tam­bién con las armas, hacien­do todo lo posi­ble para que esto no ocur­ra. Reafirmarlo, espe­cial­men­te hoy, podría valer, sin duda, como un impor­tan­te ser­vi­cio pre­sta­do a la paz.

— —  — -

Sandro Magister ha sido fir­ma histó­ri­ca, como vati­ca­ni­sta, del sema­na­rio "L'Espresso".
Los últi­mos artí­cu­los en español de su blog Settimo Cielo están en esta pági­na.
Todos los artí­cu­los de su blog Settimo Cielo están dispo­ni­bles en español desde 2017 hasta hoy.
También el índi­ce com­ple­to de todos los artí­cu­los en español, desde 2006 a 2016.

Retour en haut